04 agosto 2013

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Sin cárcel no hay justicia

Por José Manuel Acevedo M.Ver más artículos de este autor

OPINIÓNVivimos obsesionados con mandar derechito para la cárcel a todo el que nos parece a simple vista culpable.

Sin cárcel no hay justicia .

‘Que lo pongan tras las rejas’, es lo que pedimos los colombianos frente a cualquiera que comete una infracción. Así queremos ver al que se roba una gallina, una caja de condones o un teléfono celular. Da igual que lo haga por hambre o por manía; por primera vez o que reincida.

Vivimos obsesionados con mandar derechito para la cárcel a todo el que nos parece a simple vista culpable. Sin presunción de inocencia y sin detenernos en la minucia procesal que creemos cosa de tinterillos.

Aplaudimos a los ‘genios’ de congresistas que tenemos, siempre que proponen el endurecimiento de las penas, y celebramos cuando el presidente de turno amenaza a un bandido con enviarlo a la cárcel.

Creemos que sin cárcel no hay justicia y el reciente caso del joven borracho Fabio Andrés Salamanca nos demostró, por ejemplo, que a la gente no le interesa entender la diferencia entre un carcelazo preventivo y uno que llegue como consecuencia de una condena en firme.

Los medios tenemos la enorme responsabilidad de hacer las distinciones que impone el derecho, pero, aun esforzándonos, la gente no parece dispuesta a oír argumentos.

La verdad es que la posición de la inmensa mayoría de colombianos es entendible. Si la ciudadanía confiara en la justicia, dejar en libertad a alguien que no constituye peligro para la sociedad mientras transcurre su proceso sería razonable, de no ser porque en una gran cantidad de casos los jueces terminan torciéndose de su deber y permitiendo la impunidad.

La gente pide cárcel y no garantismo porque ya sabe que la justicia se demora tanto en llegar, que en ocasiones se pierde por el camino.

La medida de aseguramiento preventivo se volvió la regla y no la excepción porque a punta de encarcelamientos la justicia intenta demostrarle a la galería su eficiencia.

Lo más difícil de la estrecha relación entre justicia y cárcel que los colombianos hemos alimentado en nuestro imaginario colectivo vendrá cuando el Gobierno y las FARC intenten convencernos de que de que la ‘verdad’ también es una forma de justicia, en un país en el que todo el mundo quiere ver pudrirse en una cárcel a los victimarios de este horrible conflicto para sentir que por fin se hizo lo correcto.

***
En mi reciente columna titulada 'El último bastión' relaté con detalles cómo se quieren tomar la Corte Constitucional y sacar a sombrerazos a dos magistrados para reemplazarlos por unos que incomoden menos.

El autor de la habilidosa ponencia, magistrado Mauricio González, me responde citando a Mitterrand pero evadiendo explicaciones necesarias sobre una serie de contradicciones en las que él ha incurrido y que, para mí, sólo dejan más sospechas.

La opinión pública debe saber que en cuestión de días el doctor González cambió su ponencia sobre la edad de retiro forzoso, al pasar de creer que la demanda estaba mal presentada a asegurar que le parecía tan buena, que no sólo debía aplicar la edad de retiro forzoso a la rama ejecutiva sino también a la judicial.

Si, como dice en su carta, desearía que el legislador se pronunciara sobre este tema, ¿por qué no permite entonces que sea eso justamente lo que ocurra y, en cambio, se atribuye competencias que no son suyas? Todo es muy extraño y prometo, pronto, contarles más.


Twitter: @JoseMAcevedo
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