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Opinión

  • | 2011/07/16 00:00

    Sin madera

    Hasta el momento no sabemos cuál es la opinión de Sandra Bessudo, entre otras cosas, frente al poder amenazante que han ido desplegando las multinacionales mineras.

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A Sandra Bessudo, la alta consejera presidencial para la Conservación y el Desarrollo Sostenible, hay que reconocerle su innegable compromiso con el medio ambiente. Su labor al frente de la Fundación Malpelo así lo acredita.

Sin embargo, después de un año en la consejería, su gestión ha sido tan gris y tan anodina que uno se pregunta si esa falta de presencia en los temas claves de su resorte es el perfil que se necesita para ocupar la cartera del Medio Ambiente. Sandra pudo haber tenido una actuación activa en el tema de la emergencia invernal, pudo haber recorrido el país apuntalando los problemas y sus soluciones, pero no hizo ni lo uno ni lo otro. En el tema del boom minero, que tantas movilizaciones ha generado en el país, pudo haber tenido la voz cantante en defensa de los intereses nacionales, pero tampoco lo hizo. No dijo ni mu en el caso del páramo de Santurbán y cuando el ministro de Minas denunció la entrega irregular de títulos mineros, muchos de los cuales habían sido ‘otorgados’ en lugares que afectaban nuestros ecosistemas, ella se quedó callada. Ni siquiera se ha referido a las explosivas y valientes denuncias hechas por el exministro del Medio Ambiente en una entrevista concedida a María Isabel Rueda y aparecida la semana pasada en El Tiempo, denuncias que, en sana lógica, si ella fuera la voz cantante en materia de medio ambiente, deberían haber sido hechas por ella y no por el exministro.

Su falta de liderazgo en los temas ambientales es aun más preocupante por la coyuntura en que ese Ministerio revive luego de ocho años de gobierno de Uribe en los que se arrasó con los avances que se habían logrado en materia de política ambiental. Las licencias se convirtieron en un formulismo de papel. Pero además, quien se monte en ese potro tendrá, de entrada, que enfrentar los poderosos intereses de las multinacionales mineras. A estos grupos de poder prácticamente se les otorgó una licencia para saquear nuestros recursos naturales desde que en 2001 se aprobó el código minero, código que, según denuncias de ambientalistas, fue financiado en parte por el gobierno canadiense con consultoras canadienses vinculadas a la minería y terminó siendo hecho a la medida de sus necesidades y requerimientos. 

Hasta el momento no sabemos cuál es la opinión de Sandra Bessudo frente al tema del poder amenazante que han ido desplegando estas grandes multinacionales mineras; tampoco sabemos si está o no dispuesta a presentar una reforma al código minero que conmine a estas multinacionales a por lo menos exhibir cierto grado de experiencia si quieren venir a Colombia y sacar oro o cualquier mineral de nuestras montañas. Y esa falta de liderazgo, esa falta de voz, pesa cada vez más.

Sandra Bessudo no solo es una ambientalista comprometida. También es una mujer poderosa con muy buenas relaciones en los medios, hecho que le ha  permitido entrar al ejercicio público sin que le pesen sus inconvenientes éticos: cuando fue nombrada asesora presidencial, no importó que su padre, el empresario turístico Jean-Claude Bessudo, fuera el concesionario de la mayoría de los parques nacionales que ella, en el caso de que llegue a ser ministra del Medio Ambiente, va a tener que manejar. Probablemente eso se pueda delegar sin mayores problemas, como parece creerlo este gobierno; sin embargo, esa tesis no deja de plantear el hecho de que ella tiene un problema ético que la hace aun más vulnerable a la hora de tener que dar las peleas que le va a tocar librar. Igualmente, se ha pasado por alto su cercanía con una ONG internacional muy poderosa, Conservation International, su socia en el proyecto de Malpelo, la cual es hoy una contratista muy importante del Estado colombiano.

A Sandra nada de eso la toca, porque ella pertenece a un selecto club de los intocables. Y está bien que así lo sea. Lo que no creo es que tenga la estamina para defender los intereses de la nación ante el zarpazo que pretenden hacer las multinacionales mineras a nuestros recursos naturales.
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