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Opinión

  • | 1999/06/14 00:00

    SIN RETORNO

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Los negocios públicos, en este gobierno, llevan cierto acelere. Se advierte que hay hombres y
mujeres jóvenes moviendo las palancas del mando y no se puede negar que con enorme riesgo. El mundo
debe estar sorprendido, lo mismo que de la mala puntería de la Otan, de la osadía del mandatario de
Colombia, que escapa a sus escoltas, a su fuerza pública, y con los solos huesos de su humanidad, se
interna en la selva para tener un diálogo con los comandantes de la guerrilla. De una guerrilla desalmada.
¿Por qué ocultas razones puede hacerlo? Muy adelantados deben andar el trato y las consideraciones
recíprocas entre el Presidente Y su comisionado de Paz, y los jefes guerrilleros, para que haya lugar a
semejante gesto de confianza. Y ojalá fuera el indicio de que comienza una era distinta de enfrentamientos,
en los que se advierta algún sentido de caballerosidad y de humanismo. Se está navegando, según pienso,
sobre discrecionalismos jurídicos, porque a la letra de la ley, muy seguramente habría algún pierde para
estas acciones atrevidas, inspiradas en el más alto interés de la paz, que es obligación constitucional (Art.
22 C.N.). Cómo negar que hay amplitud de conciencia y un vuelo heroico en estos desesperados
movimientos de quien quiere a toda costa gobernar y producir resultados de paz. Otra lectura de los
acontecimientos de estos días es la siempre socorrida de la entrega del país o de parte de su territorio; la
de la extrema tolerancia, la de haberse dejado arrebatar, en acuerdos no claros, la autonomía política y
gubernamental de las áreas de despeje. El 'acordémonos de Chamberlain en Munich' mantiene azorados a no
pocos colombianos maduros, que temen que Andrés Pastrana en mangas de camisa esté haciendo el papel
de aquel almidonado personaje de cúbilo y levita, envuelto lamentablemente por las maquinaciones del
Führer. Quienes creen en las posibilidades de paz deben aceptar que, de llegarse a ella, el país será muy
otro, a pesar de muchos de nosotros. A Lorenzo no le sorprendería la limitación de capitales _que como tal no
se ha enunciado_ de la cual oyó hablar desde niño, por boca de su padre, mientras éste se esforzaba en duras
empresas sin capital de trabajo. Muy probablemente el campo irá a repartirse con amplia protección oficial
para el minifundista e incentivos para que más gente se vincule de nuevo a las labores agrícolas. Creo que se
llegará a aceptar que los soldados rasos de uno y otro ejército se entrenen, bajo normas de civilización,
para un servicio común, al mando de comandantes aceptados. En este desorden citadino que en las grandes
capitales ha producido el libre mercado automotor, sin control alguno, Lorenzo ha llegado incluso a pensar
_ingenuamente y tan enemigo como ha sido de toda restricción_ que la propiedad de vehículos debiera
limitarse a uno por unidad de vivienda. Mediante un control fácil de matrícula y dirección del usuario, sin
enredos burocráticos. Y con soluciones masivas de transporte. Qué bueno fuera ver reducidas las penas,
que sistemáticamente se incrementan como prueba fútil de severidad contra el delito. No más de 10 años de
privación de la libertad y esto de acuerdo con expectativas de vida y un verdadero tratamiento de rehabilitación
social y humana. Cárceles no apiñadas, sino de muchas y dispersas construcciones para albergar pequeñas
colonias. Sitios de reclusión ajustados a la dignidad del ser humano, donde no se pierda toda esperanza. La
libertad seguirá representada en elecciones democráticas equilibradas y en la prensa libre. Las
pretensiones de oficializar la información y los medios de comunicación son del todo absurdas y propias del
totalitarismo, el cual no puede ser el futuro de este país, pues de llegar a comprometerse la libertad, que
está afincada en la libre expresión, no se conseguirá la paz, sino más guerra. Dos grandes manchas
registrará la historia de este tiempo, si a estas o parecidas reformas se llegare. Una es la vergüenza de
los partidos tradicionales por no haber conseguido democráticamente y por las vías legítimas electorales
La transformación social. Y otra, que quienes habiendo presionado por medio de la más inicua violencia _de
caracteres atroces_ consigan unas reformas sustanciales, serán los próceres del mañana y los
cogobernantes de la Nación, muy a pesar de sus vergonzosos antecedentes. Algo muy curioso, entre lo
que se observa, es que el país político y parlamentario adelante sin pausa unas tímidas reformas
constitucionales, mientras el alto gobierno, con su Presidente escapado a las selvas, acuerda agendas de
negociación y consiguientes reformas de altísimo coturno, ante las cuales aquellos tímidos retozos serán
tiempo y papel perdidos.
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