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Opinión

  • | 1999/09/20 00:00

    SIN RUMBO

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En Colombia la historia se repite siempre como tragedia. Pero, ¿hasta cuando? ¿Hasta
cuándo tendremos que padecer los colombianos los cobardes magnicidios que siegan a metralla la vida de
nuestros mejores hombres? En una macabra pesadilla que se repite sucesivamente en la conciencia nacional,
vemos cómo los pistoleros de la intolerancia han dejado huérfanas las ilusiones del país: Galán,Jaramillo,
Pizarro, Escobar (Andrés), Gómez, para sólo citar algunos de los que han caído en esta 'década perdida'.
Ahora, con el atroz asesinato de Jaime Garzón, se volvió a repetir la historia. Con un agravante, que se llevó
consigo una de las únicas armas que nos quedaba para combatir la tragedia: la posibilidad de reírnos de
nosotros mismos. El país todavía no sale de su asombro luego de este demencial magnicidio. Pero desde ya
se pregunta ¿quién sigue? ¿Para dónde vamos? ¿Cuándo terminará esta horrible y larga noche? Hoy, más que
en ningún otro momento de este gobierno, la opinión se siente consternada, desprotegida y acéfala. Y no le
falta razón. Estamos ante una espiral ascendente y sanguinaria de la guerra sucia, un proceso de paz
agonizante, un Estado en bancarrota, una economía en recesión y vulnerable a los coletazos del orden
público, un desempleo sin precedentes en la historia reciente, una reforma laboral que le cambiará las
reglas del juego a los trabajadores, y no se ve, por ningún lado, un liderazgo del Presidente ni una
estrategia del gobierno para sacar al país de este viacrucis. El país está al garete y no hay brújula ni
timonel.Lo que sí abunda en el gobierno son originales actos de prestidigitación publicitaria para sortear
las trampas de la coyuntura que, a la larga, terminan reduciendo la política gubernamental a un manejo
efectista de la imagen. ¿O quién no recuerda la insólita visita del presidente de la Bolsa de Nueva York, Richard
Grasso, a charlar con las Farc entre el follaje del Caguán?En el frente interno se ven negros nubarrones. El
proceso de paz, en un callejón sin salida por la discordia en torno a la verificación internacional, ha sido un
peligroso carrusel de improvisaciones que le ha permitido a las Farc ganar tiempo para oxigenarse
políticamente y fortalecerse militarmente. Así, el tratamiento excluyente que se le ha dado al ELN, la falta de
interlocución con los militares y la incertidumbre frente al papel que pueden jugar las autodefensas en una
salida negociada del conflicto, reflejan la falta de una estrategia global de paz. Tampoco se ha visto una
estrategia política para recuperar la gobernabilidad del país. La crisis de gabinete fue la muestra más
fehaciente. Sin desconocer el perfil técnico de los elegidos, el Presidente dejó pasar una oportunidad
histórica para convocar a otras fuerzas políticas y nombrar a ministros de tres soles _pesos pesados y no
supermoscas_ que le permitan al gobierno tener un mayor margen de maniobra en el Congreso y, a su vez,
darle más confianza a una opinión pública escéptica y desesperanzada. Sin embargo, el Presidente
prefirió enconcharse aún más en su férrea guardia pretoriana y poner a prueba su escasa gobernabilidad.En
política exterior los resultados tampoco son muy alentadores. A pesar de que el Presidente se la ha pasado
viajando por el mundo tratando de sacarnos del ostracismo internacional, ha descuidado los frentes más
importantes: Washington y Nueva York, que son los únicos dos lugares del mundo donde hoy hay plata.En un
mundo globalizado, lo primero que debe hacer un país en crisis es hablar con los representantes de Wall
Street para evitar una masiva fuga de capitales y mantener la confianza de los inversionistas. Así lo hicieron
acertadamente México en la crisis de 1995 y Brasil en la de 1998. No obstante, este es el momento en que el
gobierno no tiene una estrategia seria y de mediano plazo para mantener informados a los banqueros de
Nueva York sobre la situación de Colombia y los correctivos que se están tomando. Y, claro, ya nadie pone
un peso en Colombia.Bueno, ni qué decir de la amarga experiencia para recaudar fondos en Washington.
Luego de las entrevistas que tuvieron el Ministro de Defensa y el general Tapias en el Congreso para pedir
500 millones de dólares en ayuda militar, los congresistas republicanos les dijeron a los periodistas
colombianos _off the record_ que estaban dispuestos a darle plata al gobierno cuando éste tuviera un plan de
guerra concreto. Fue el mismo mensaje que poco después transmitieron los funcionarios del Departamento de
Estado en su visita a Colombia: "Cuando la estrategia esté completa nosotros veremos la forma de brindar
nuestra ayuda". ¿Acaso después de un año no hay Plan A? En medio de esta inclemente tempestad, donde
el barco se encuentra a la deriva en un mar de sangre y el que puede salta por la borda en busca de un
futuro mejor, uno se pregunta ¿dónde carajos está el capitán?
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