08 junio 2013

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Sin vergüenza

Por José Manuel Acevedo M.

JOSÉ MANUEL ACEVEDO M.No existe en Colombia sanción social y auténtico rechazo a las malas prácticas y a sus autores. Ellos han perdido la vergüenza y nosotros, la capacidad de asombro y reacción.

Sin vergüenza  . José Manuel Acevedo M.

José Manuel Acevedo M.

Un café en el Pomeriggio de Bogotá. Un cupo en una elegante subasta de arte. Una poltrona en la asamblea departamental de Antioquia. Una curul en el Concejo de Bogotá. Un micrófono y un atril en Bucaramanga.

Cinco personajes sin vergüenza andan sueltos por ahí. Cinco escenas patéticas lo confirman. Varios de ellos condenados por la justicia penal o la disciplinaria, pero todos socialmente impunes frente a una ciudadanía sosa que parece dispuesta a tolerarlo todo.
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Fue la periodista Claudia Morales quien divulgó en su cuenta de twitter la foto del flamante contratista de Bogotá Emilio Tapia pavoneándose en los alrededores del centro comercial Andino, después de un suculento café en el Pomeriggio. Se le ve tranquilo. Quizá salió de compras con algo de la plata que se robó y que no planea devolverle a la ciudad. Anda suelto, cómo no, por cuenta de unos jueces que no han avalado su preacuerdo con la Fiscalía. Puede que termine tras las rejas algunos meses nada más. Cuando termine su condena volverá al café de marras, tan tieso y tan majo, entre los abrazos de sus amigos políticos y ante una sociedad que ya lo habrá olvidado todo.

Entretanto, en la sede de la embajada de Francia en Bogotá, Víctor Maldonado, uno de los culpables de la mayor estafa financiera de las últimas décadas en Colombia, asiste a una subasta de arte privada, según cuenta el periodista de RCN La Radio Jorge Espinosa. No se sabe si compró algún cuadro o escultura. Lo cierto es que sigue luciendo su impecable nudo de corbata por ahí, como si nada, mientras algunas víctimas del desfalco de Interbolsa aún no recuperan el dinero que él y sus socios les hicieron perder.

En otro lugar de Colombia, por esas mismas fechas, creí estar viendo a Pablo Escobar resucitado. Un diputado al que le parece que invertir plata en Chocó es lo mismo que perfumar un bollo ha vuelto desafiante a la asamblea departamental de Antioquia. Repartiendo billetes le notificó al país que ahí está y ahí se queda luego de cumplir cinco meses de sanción que la Procuraduría le impuso por sus insultos y sus falsedades en una hoja de vida. En vez de repudiarlo, la gente estiraba la mano.

Al tiempo, en Bogotá, el viejo y mañoso concejal Jorge Durán Silva se daba el lujo de la reincidencia. Sus electores lo premian cada cuatro años y a él, atornillado a su curul, ya nada le importa.

Finalmente, en Bucaramanga, un concurrido homenaje tiene lugar: Luis Alberto Gil, político condenado por parapolítica, dueño y señor de Solsalud, critica la intervención del Gobierno a esta EPS mientras recibe los vítores de sus seguidores. Así es: los pájaros tirándoles a las escopetas. El cinismo convertido en ovación.

Los cinco actos –que pudieran ser más en número y en impudor– ocurren porque los colombianos nos volvimos pusilánimes espectadores de semejantes espectaculos.

No existe en Colombia sanción social y auténtico rechazo a las malas prácticas y a sus autores. Mientras sigamos creyendo que la cárcel es la única forma para castigar al corrupto, aquellas escenas se seguirán replicando sin control.

Ellos han perdido la vergüenza y nosotros, la capacidad de asombro y reacción. 
   
Twitter: @JoseMAcevedo
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