Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2014/09/26 00:00

    Un drama laboral vergonzoso

    Cuántas iniquidades con estos actores y actrices a sabiendas de que con su trabajo y talento son ellos la materia prima de óptimos y muy rentables productos de la televisión colombiana.

COMPARTIR

Son ellos mismos los que tienen que esforzarse por demostrarle a sus empleadores, para el caso RCN y Caracol, y a nosotros los televidentes, que también son seres humanos de carne y hueso y que por lo tanto, como todo el mundo, sufren de necesidades básicas como la alimentación, la salud, la vivienda, la educación, la recreación y el descanso. Que no son robots, ni autómatas. En pleno siglo XXI, viviendo en democracia y en un Estado de derecho, bajo normas y leyes explícitas que dicen velar por la la equidad y el amparo de todos los derechos individuales, nuestros actores y actrices de la televisión colombiana parecen estar sometidos al igual que otras minorías a una especie de esclavitud disfrazada.
 
Aunque no es raro imaginarnos que una deslumbrante estrella del cine, la radio, el teatro o la TV, o un personaje de campanillas de esos que normalmente hacen trasportar al espectador a un mundo ideal de fantasías lleva una vida privada de esplendor muy próxima a su representación artística, la cruda verdad es que al menos en el caso de los nuestros, ellos simplemente son unos trabajadores más que, como cualquiera otro, vive de su oficio, y que su nivel social y su estándar de vida dependen directamente de los ingresos alcanzados, o sea, de lo que buenamente les quieran pagar los grandes empresarios del espectáculo. 
 
Afortunadamente, y pese a que ya hubiesen pasado 60 años del nacimiento de la televisión, el gremio de actores, cansado de su informalidad laboral, cristalizó su viejo y anhelado sueño: el pasado 26 de mayo se constituyó la Asociación Colombiana de Actores (ACA) con 600 integrantes, y unos días después, ya con poco más de 900, se presentó en sociedad como una nueva fuerza debidamente sindicalizada, con “la puesta en escena” de una audiencia pública denominada “Mentiras conocidas, verdades por conocer”, y bajo el lema ¡Soy actor, soy trabajador, soy creador. Era la mejor manera de mostrarle al país su rostro humano y las calidades e insolvencias de su trabajo.
 
Y es que recientemente en el Congreso de la República, gracias al diligente interés de algunos parlamentarios como Iván Cepeda, Alirio Uribe, Luis Fernando Velasco y Ángela Robledo, actrices y actores tales como Vicky Hernández, Julio Medina, Carlos el ‘Gordo’ Benjumea, etc., hablando en representación de su gremio pudieron despacharse y renovar una voz de alerta sobre la crítica situación por la que están atravesando. Sus testimonios ciertamente fueron conmovedores. Basta conocer en detalle algunos de ellos para que cualquiera de nosotros, beneficiarios cotidianos de su talento y esfuerzos, nos sintamos sobrecogidos y de una u otra manera apremiados a manifestarles nuestra más vehemente solidaridad.   
 
La realidad de su sombrío universo laboral, echando mano a uno sólo de sus aspectos, podría verse retratada en toda su triste dimensión cuando sabemos que muchos de ellos deben aferrarse como su única tabla de salvación a aquella inicua frase que dice, a trabajar por lo que quieran pagarnos que “algo es algo, peor es nada”.
 
La Sociedad Colombiana de Gestión reveló que en 2013, de los 1.037 encuestados, el 54% estaba desempleado y para este año, sólo la cifra vergonzosa del 29% alcanzó a percibir más de 4 salarios mínimos. Y para rematar, su enganche laboral se viene haciendo bajo la figura de “prestación de servicios”, birlando cualquier tipo de obligación patronal en lo que se refiere a la salud y las pensiones. Y hay más en toda esta injusticia de acuerdo a uno de sus llamados de auxilio: aparte de que desde 1991 no les hacen partícipes de regalías por la difusión de novelas o series en el extranjero, y de que a menudo sus jornadas laborales se extienden hasta por 18 horas, “por una única suma mensual están incluidas grabaciones, ensayos, repeticiones en canales regionales o nacionales, la cesión absoluta de nuestros derechos de autor, aparte de hacernos cargo de nuestros gastos de seguridad social”. Y todo esto a sabiendas de que son ellos, con su trabajo actoral y su profesionalismo, la materia prima de tantos y tan óptimos productos de la televisión en Colombia, productos que por su excelencia y alta competitividad, engrosan cada vez más las descomunales utilidades de sus dueños.   
 
Otro de los factores perturbadores identificado por su nuevo gremio, aparte de las estructura de contratación y remuneración implementadas por los multimillonarios empresarios, es la transmisión cada vez más frecuente de novelas extranjeras que deja por fuera del espectro laboral a los actores nacionales.
 
Urge, pues, extenderles una mano a estos compatriotas. La Ley 1430 de 2010, o Ley Fanny Mickey, no es suficiente. Una legislación moderna y con lineamientos de la más trasparente equidad, que revise y revoque lo abusivo e imperfecto de la normatividad vigente, dignificando y valorando en justa medida su oficio, es un imperativo gubernamental y una obligación nuestra reclamarla. 
 
guribe3@gmail.com
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

TEMAS RELACIONADOS

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.