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Opinión

  • | 1983/03/21 00:00

    SOBRE EL TERRORISMO EL SECUESTRO Y LA LUCHA POLITICA

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El asunto de los secuestros y las ejecuciones que por decenas se cometen en Colombia, en una peculiar combinación de fuerzas políticas y de delincuentes, es algo que interesa vivamente al socialismo revolucionario, en cuanto tendencia opuesta a tales métodos y procedimientos.
La lucha contra la violencia del sistema existente, del capitalismo semicolonial, de su Estado y sus fuerzas represivas es algo que adelantamos cotidianamente mediante la denuncia, la protesta y la movilización. El pueblo, los trabajadores, se oponen a tal violencia y a sus manifestaciones más brutales, como las torturas y el asesinato político, acudiendo a la movilización y defendiéndose con todas las formas a su alcance. Esto es algo que ha sido perfectamente claro en los últimos años en ciudades y zonas agrarias.
Es cierto que en Colombia se ha desarrollado una guerra campesina en diferentes períodos de nuestra historia. Como guerra social de resistencia a la colonización española por parte de los indígenas; como guerra campesina de masas contra el sistema de dominación hispanocolonial con la revolución de los Comuneros; como guerra de independencia nacional con la constitución de los ejércitos bolivarianos; como guerra civil durante el siglo XIX; como guerra social democrática durante la revolución de 1854 y la guerra de los mil días; y como guerra civil campesina por la revolución agraria y contra la violencia durante 1949-1957.
Sin embargo, en la historia reciente de Colombia, desde los inicios del Frente Nacional, la lucha de clases ha estado cada vez más determinada por los procesos de industrialización y urbanización. La Colombia de hoy, semicolonial y atrasada, presenta no obstante una faz urbana y semiindustrial. El proletariado cada vez más creciente, los trabajadores de los servicios públicos y del Estado, las masas urbanas, los jóvenes y mujeres, son el componente socialcultural y político determinante de las luchas políticas y sociales de hoy.
Las masas agrarias de campesinos e, indígenas constituyen el otro componente popular. Huelgas, manifestaciones, protestas locales, toma de latifundios, control de fábricas, enfrentamientos incluso armados, paros cívicos, campañas electorales, foros de derechos humanos, han sido las principales formas de lucha de las masas.
Ante ésto, el foquismo, el guerrillerismo y demás formas de vanguardismo han sufrido la prueba de fuego de los hechos y han fracasado políticamente. De manera terca y dramática se ha insistido en "generar la lucha armada" desde guerrillas rurales y urbanas durante dos décadas a un costo social humano y político elevadísimo y sin que de conjunto se haya avanzado en la organización revolucionaria y de las masas trabajadoras. El pragmatismo y el voluntarismo que sedujeron a destacamentos enteros de jóvenes revolucionarios despreció la teoría y la ciencia revolucionaria erigiendo el espontaneísmo y la "acción pura" en nuevo dogma político y manteniendo una actitud despectiva hacia toda acción que provenga de la propia lucha de clases, hacia todo el movimiento social de masas que busque adelantarse por medios políticos.
Una derivación de tales conductas suele ser el terrorismo individual, experimentado en los últimos años en la muerte de José Raquel Mercado, directivo de la CTC y en la del ex ministro de Gobierno Rafael Pardo Buelvas, entre otros. Contra los argumentos expuestos por los terroristas, el marxismo ha explicado que un atentado terrorista, incluso "exitoso", no crea confusión en la clase dominante, pues ello solo depende de la situación política concreta. El Estado capitalista no se basa en sus ministros y no queda eliminado con la desaparición de aquellos. Las clases a las que sirve ese Estado siempre encuentran personal de reemplazo; el mecanismo permanece intacto y en funcionamiento. En cambio, el desorden que produce el terrorismo en las filas de la clase obrera sí es profundo.
Para nosotros el terror individual es inadmisible precisamente porque empequeñece el papel de las masas en su propia conciéncia, las hace aceptar su propia impotencia y vuelve sus ojos hacia el "gran, vengador" y "libertador" que algún día vendrá a cumplir con su misión.
El secuestro ha venido a constituirse en Colombia en una "forma social de delito" bastante generalizada. Hay una verdadera "industria del secuestro". Además, la delincuencia en todas sus formas es amplia y sostenida en el país. La descomposición social, el embrutecimiento de la población, generado por el capitalismo, son los determinantes de tal situación.
Pero nada justifica los secuestros, práctica gemela del terrorismo individuai. El terrorismo y el secuestro sirven de pretexto al sistema para acudir a la represión, a que se conformen fuerzas y bandas contrarrevolucionarias, como el MAS, dedicadas no solo a perseguir guerrilleros y "terroristas" sino a luchadores obreros. populares y a la izquierda revolucionaria. El argumento de que la burguesía de todos modos reprime es infantil y equivocado. El que la burguesía reprima al movimiento obrero y al puebio sin pretextos de combate a los terroristas, hace más viable, más potente la lucha contra tal represión. Sólo la lucha colectiva contra el sistema de violencia y explotación imperante y por la instauración de una sociedad socialista permitirá que los derechos humanos se realicen plenamente.
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