Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2003/05/26 00:00

Sobre los Estados Unidos

Forman parte del mismo proyecto imperial la guerra contra la droga y contra el llamado 'terrorismo' y las armas masivas

Sobre los Estados Unidos

Me aconsejan: "No tanto Bush. Escriba sobre Colombia". Sí, pero es un consejo del más puro ombliguismo colombiano. De los que no se dan cuenta de que Bush y lo suyos, y en general los gobiernos norteamericanos de los últimos cincuenta años, son los responsables últimos de la tragedia incesante que desde hace cincuenta años vivimos en Colombia. No los únicos: mucho responsable local anda suelto por ahí. Sino los últimos: los definitorios.

Cito un caso. Hace ocho días Gabriel García Márquez recordó la obviedad, sólo negada por los interesados o los idiotas, de que "no es posible imaginar el fin de la violencia en Colombia sin la eliminación del narcotráfico, y no es imaginable el fin del narcotráfico sin la legalización de la droga". Obviedad, repito, y que no es novedosa. El mismo García Márquez la ha dicho cien veces, yo unas quinientas, Milton Friedman mil, The Economist otras tantas; y la está diciendo ahora hasta el director de Scotland Yard, a riesgo de perder su puesto. Es obvio, y está además demostrado hasta la saciedad por treinta años de "guerra contra la droga" impuesta en el mundo entero por los gobiernos de los Estados Unidos, que lo que hace poderoso al narcotráfico es sólo el hecho de que esté prohibido. Lo mismo es cierto para la guerrilla, desde que se enganchó también ella a la droga. A ver cuántos fusiles (norteamericanos) podrían comprar las Farc si lo que vendieran (a los norteamericanos) fueran papayas en vez de cocaína. Y a ver cuántos si la cocaína, al dejar de estar prohibida, valiera en el mercado internacional tan poco como valen las papayas. En cuanto a los narcos mismos: ¿a cuántos jueces, policías, periodistas, políticos, han matado en los últimos treinta años los vendedores de papayas? No lo necesitan, porque su negocio es lícito (con perdón del alcalde Mockus). Y además no tienen con qué.

Pero dice García Márquez semejante obviedad (que ha dicho ya cien veces) y le arman un escándalo.

Es por eso que yo, que también he repetido esa obviedad quinientas veces, insisto una vez más en la otra mitad de la obviedad: que si el narcotráfico está prohibido, y por eso es destructor, es porque así lo han decidido los gobiernos de los Estados Unidos y así se lo han impuesto al mundo. Para decirlo con el lenguaje de Bush: voy a la raíz del mal. "El Gran Satán", como dicen, en el mismo lenguaje apocalíptico, los ayatolas iraníes. El corazón del mal. Los gobiernos de los Estados Unidos.

Pues todo está ligado por el hilo de la codicia y la ambición imperial de esos gobiernos, antes medida y calculadora. Y ahora, con Bush, desaforada y loca. No es sólo una casualidad que los ingresos que el negocio de la droga prohibida deja en los bancos norteamericanos (500 mil millones de dólares al año) equivalgan al presupuesto militar de los Estados Unidos para el año 2004: 500 mil millones de dólares. Hay una ligazón. Forman parte del mismo proyecto imperial la guerra contra la droga que destruye a Colombia, a Bolivia, al Perú, a Birmania, a Turquía, a Afganistán, y la guerra contra el llamado "terrorismo" y contra las inencontrables "armas de destrucción masiva" (que sólo existen en Estados Unidos) que acaba de destruir a Irak, y mañana destruirá a Siria y a Irán. Forman parte de lo mismo la política del Fondo Monetario Internacional, que obliga a los países pobres a contraer deudas impagables con los ricos, y la de la Organización Mundial del Comercio, que los obliga a abrir sus mercados ante las economías cerradas y subvencionadas de los ricos. Y de eso forma parte también la negativa norteamericana a firmar cosas como el Protocolo de Kioto, o el de Rio, para proteger el planeta de la destrucción del aire y del agua. Y también la negativa a prohibir las minas terrestres antipersonales y las bombas de racimo, que matan a los niños porque parecen juguetes. Y la instalación en los buques de guerra del Pentágono de 'sonares' cuya violencia mata a las ballenas y a los pescadores de perlas. Y el monopolio de los contratos "de reconstrucción" de los países previamente deshechos por los contratos de destrucción: la Bechtel y la Halliburton van a la zaga de la Northrop y de la Grumman, para reconstruir las unas lo que las otras han destruido.

Del mismo modo, los grandes laboratorios farmacéuticos norteamericanos van detrás de las empresas de armamento y de los diplomáticos sancionadores que provocaron las enfermedades. En Irak, o en Colombia. ¿Quién va a ganar dinero con las drogas que van a necesitar los campesinos colombianos envenenados por la fumigación norteamericana de los cocales (los cafetales, y de los platanales)? Las empresas norteamericanas que fabrican medicamentos a partir de las bayas y raíces de las selvas colombianas patentadas por ellos. ¿Patentados los frutos de la naturaleza? Sí. ¿Y ante quién? Ante la Oficina de Patentes de los Estados Unidos, RegUsPatOff ¿Y si alguien, por salvar la vida de su hijo o de su madre, no respeta la patente? Bombas. O cohetes Tomahawk, que se llaman así por el nombre de un hacha que usaban los pieles rojas para defenderse del Séptimo Regimiento de Caballería en las películas de Hollywood.

Veo que me estoy alargando. Seguiré la semana que viene hablando de estas cosas que, según los ombliguistas, no nos conciernen.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.