Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2003/06/01 00:00

Sobre el Imperio

El Imperio norteamericano, salvo sus sobresaltos de zarpazo y mordisco como el que ahora lo conmueve, ha sido relativamente benévolo

Sobre el Imperio

Un jurado integrado por funcionarios del gobierno de los Estados Unidos, o por sus parientes, acaba de condenar a cadena perpetua al ex narcotraficante colombiano Fabio Ochoa en una farsa de juicio. No se trataba de demostrar que ese ex traficante, que ya había pagado condena, siguiera siendo traficante, y en el juicio quedó demostrado más bien lo contrario. Se trataba de condenar a alguien que sonara y fuera conocido, para demostrar que la guerra contra la droga, que no funciona, sí funciona. Como Ochoa, cuyo nombre suena, hay miles de colombianos atrapados y condenados en farsas semejantes en los Estados Unidos: muchos me escriben cartas, como náufragos que tiran una botella al mar. ¿Y todavía hay quien cree, o dice que cree, que las arbitrariedades del Imperio no nos afectan, y que nuestros problemas sólo tiene un origen local? Ese mismo que señala el Imperio: la droga, el comunismo. Quien diga eso no es ingenuo: o es un imbécil, o está vendido.

Vean esa 'guerra contra la droga' que nos impone el Imperio, y que nos corrompe y nos destruye, física y moralmente. Vean esa 'guerra contra el comunismo' que nos ha inundado de sangre y ha conducido a Colombia a la más absoluta ingobernabilidad. Con la ayuda, sí, de nuestros propios imbéciles y nuestros propios vendidos, Colombia es un país arruinado y deshecho por el capricho del Imperio, o por su codicia. ¿Y hay quienes dicen, porque por decirlo ganan un sueldito de la OEA o del FMI, que eso no es así?

No, el Imperio norteamericano que estamos padeciendo, que está padeciendo el mundo entero cada día más -que lo diga Afganistán, o que lo diga Irak, para hablar de los casos más recientes- no es un imperio benigno. Ni lo era tampoco cuando empezó: que lo diga Cuba, que lo digan las Filipinas. Que lo digan Nicaragua y Chile, que lo digan Angola y Chipre: sangre y corrupción. Lo propio de los imperios. Pues no hay imperios benignos, como lo muestra la historia de los últimos cinco mil o seis mil años. Aunque, como la historia es la que han hecho los imperios, no haya otra, y digamos que hubiera podido ser peor.

Y tal vez sí, tal vez sea cierto que podría ser peor. El Imperio norteamericano, salvo en sus sobresaltos de zarpazo y mordisco como el que ahora lo conmueve en su deseo de conquistar de una vez para siempre el mundo entero, ha sido relativamente benevolente, comparado con otros. Con el japonés, mientras duró en el Asia, con el holandés, mientras duró en las islas del Pacífico, con el español, mientras duró en América y en la mitad de Europa, con cualquiera que se les pueda venir a la memoria a ustedes: con el inglés, mientras duró en medio mundo, con el ruso, con el mongol, con el babilonio, con el asirio, con el egipcio. Y, por supuesto, con el Imperio Romano, que destruyó de tal manera al mundo antiguo que quedó como único recuerdo de lo que había sido ese mundo. Tal como van las cosas con estos que ahora manejan ciegamente el Imperio americano -los Rumsfeld, los Cheney, los Aschcroft, y ese niño autista disfrazado de piloto de guerra que se llama George W. Bush- dentro de unos diez años no quedará más recuerdo del mundo actual que las hamburgueserías de McDonald's y las películas de Hollywood.

Dentro de diez años, digo. Pero ¿y dentro de veinte?

La China. Y probablemente será todavía peor. Porque aunque ningún imperio sea bueno, ni pueda serlo, cabe imaginarlos todavía peores. Piensen ustedes, por ejemplo, en lo que podría ser un imperio colombiano.

Yo no quiero ni pensarlo.

Pero entre tanto el que tenemos es éste. Aschcroft, Rumsfeld, Cheney, las descomunales corporaciones industriales y financieras de Wall Street a cuyo sueldo están Cheney, Rumsfeld, Aschcroft, el payaso que se disfraza de piloto, y Condoleezza Rice. Cuando hayan acabado por completo con la civilización, y se hayan acabado también ellos, vendrá otro imperio peor.

Repito: sólo espero que no sea el imperio colombiano. Porque hay que ver?

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