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Opinión

  • | 2014/07/18 00:00

    Carta a un primo que no cree en nuestros impuestos

    Hay demasiados beneficios tributarios, no se gravan debidamente ni el agro ni ciertos capitales, se roban parte de lo pagado y hay un alto nivel de evasión.

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Querido primo:

Desde la última vez que discutimos sobre impuestos, la DIAN se ha modernizado. Me ha empezado a enviar mensajes en el celular recordándome que se acerca la hora de pagarlos. Me acordé que en esa discusión me recriminaste que parecía contratada por Ortega, el director de la DIAN, para hacerle publicidad al pago de impuestos. Alegaste un alto índice de corrupción y te resististe a reconocer que, en Colombia, hay que pagar más y mejor nuestros impuestos.

Eres una persona rica y solidaria. No sueles pensar solamente en ti y los tuyos. Te preocupas por tener y practicar una posición correcta. También conoces la situación de Colombia. Sabes que no hay que ser economista, ni sociólogo para notar que nuestro país concentra su riqueza en una élite muy reducida de la que tú y yo hacemos parte. Basta comparar  el salario mínimo legal con lo poco que se sabe del de un presidente de cualquier gran empresa o incluso con tu propio salario. 

Las consecuencias de esta asimetría las has podido ver porque vas a diario de Rosales a Soacha o porque has ido a visitar la habitación que alquila por horas algún vinculado a tu organización, para sobrevivir.

También sabes que, más recientemente, la desigualdad ha tocado las puertas de países desarrollados y motiva estudios con conclusiones y recomendaciones. Y es probable que en un cóctel o en una conversación de amigos reciente, hayas oído hablar de El Capital en el Siglo XXI de Thomas Piketty volvió a ponernos a todos a pensar en la desigualdad y en los efectos excluyentes del capital.
 
Habrás oído en los resúmenes de corredor que en un análisis sistemático de la distribución de los ingresos y la riqueza desde el siglo XVIII, Piketty reitera que la desigualdad es un riesgo serio. Si las fuerzas del mercado actúan solas, lo harán en beneficio de quien más tiene, de suerte que el círculo de estos banqueros y ejecutivos que tienen más es cada vez más chiquito y el de los que alquilan cuartos por horas es cada vez más grande. 

Estas brechas que se acrecientan en lo económico, generan menos oportunidades educativas, laborales y sociales que a su vez distancian más a los ricos de los pobres, afectando gravemente la cohesión social y la estabilidad política. La herramienta que sugiere Piketty para corregir las desigualdades es, por supuesto, los poco populares impuestos de los que renegamos en Colombia. 

Hace dos noches decía Cecilia López, en un programa de debate, que la tributación colombiana es del orden del 15%, lo que es casi doblado por países como Chile o Brasil que van por buen camino en su pelea contra la desigualdad. También ha comentado en otras oportunidades que si se mide la redistribución de la riqueza en Colombia antes y después de impuestos, da prácticamente lo mismo.

Lo que quiere decir que no cumplen nuestros impuestos a cabalidad su función redistributiva.  Por muchas razones: hay demasiados beneficios tributarios, no se gravan debidamente ni el agro ni ciertos capitales, se roban parte de lo pagado y hay un alto nivel de evasión. 

Tú, más que yo, sabes que hay que trabajar contra todas esas razones y en especial contra la corrupción que en todo caso parece haber disminuido en la DIAN. Pero también sabes que los impuestos que pagamos no alcanzan. Y este año, a pesar de no estar de acuerdo, estoy segura de que leerás a Piketty y seguirás velando porque tus abogados y contadores no hagan peripecias sofisticadas “de planeación tributaria” para no pagar impuestos.

*Subdirectora del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (www.dejusticia.org)
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