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Opinión

  • | 2014/02/10 00:00

    ¿Los mafiosos son cobardes en Colombia?

    La estrategia entra al público de manera rastrera y silenciosa. Ocultan datos que no son fácilmente verificables. Esos directivos son cobardes.

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Se denomina mafia a todo aquello que premedita ideas para llevar a cabo crímenes, decisiones inequitativas o trabajos delictivos. Este tipo de organizaciones no tiene límites en sus propósitos. 

Mal se ha asociado el concepto de poder con esos grupos. Su forma de actuar en la clandestinidad es una muestra de su debilidad y cobardía. No son capaces de actuar de manera transparente. Sus actuaciones se cubren en la mentira y en el chantaje. 

Dicho lo anterior se podría denominar mafioso desde un narcotraficante hasta un sacerdote que abusa de su poder para manipular a los seguidores de nuestro Dios. En este sentido, la definición nos lleva también a la construcción de falsas leyes, a la manipulación del pueblo usando envestiduras pero detrás de ellas sólo existen herejías. Ha hecho carrera también en los asuntos académicos puesto que han nacido los que usan las teorías de las ciencias pero para fines particulares y destructivitos.

La bomba atómica fue inventada por el físico húngaro Leó Szilárd. Tras los trabajos de investigación y pruebas que realizó con el uranio, descubrió que este elemento puede producir reacción en cadena. Dado lo anterior, Szilárd y otros científicos como Albert Einstein pusieron en preaviso al presidente Franklin D. Roosevelt con el fin de controlar el uso del uranio en el mundo. No obstante, la reacción de Roosevelt fue aumentar las investigaciones pero con fines de poder, lo que finalmente condujo la creación de la bomba atómica.

La ciencia económica no está blindada al fenómeno. También existen quienes usan sus conceptos para fines destructivos. Lo grave de ello es que no se observan efectos inmediatos. No son fácilmente detectables pues la divulgación se hace a través de medios legales y usando envestiduras de figuras públicas o privadas de aparente reconocimiento. La decisión entra al mercado de manera rastrera y silenciosa pues se ocultan datos que además no son fácilmente verificables en razón a la asimetría informativa y al cúmulo de información que no es más que basura y termina alejando la atención del usuario sobre lo que realmente le genera valor agregado al producto o al servicio.

Hay un comercial de televisión en donde muestran un grupo de personas (al parecer representando empresarios) decidiendo sobre el precio de un producto con el fin de fijarlo por encina del valor al que realmente se debería vender. ¿No son ellos mafiosos? ¿Cuántas reuniones, comités o juntas se realizan para tomar ese tipo de decisiones en Colombia? ¿Quiénes insinúan manejar precios con el fin de mejorar márgenes de rentabilidad?

Posterior a la toma de esas decisiones se vende la idea de la competitividad. Así las cosas, la definición de mafioso nos permite alojar allí también a todos aquellos que poseen la habilidad para armar eso que denominan estrategias competitivas. Es aquí donde precisamente hace presencia la cobardía puesto que en estos casos se pretende obtener ventaja ocultando información. Esos gerentes o directivos no son capases de enfrentar al mercado con información abierta y transparente. 

En los asuntos jurídicos también existen ese tipo de conductas. Por ejemplo el caso Petro-Ordóñez. La emisión del fallo de destitución al parecer no cuenta con el suficiente estudio y argumento puesto que a raíz del mismo se han dividido profundamente las opiniones en el gremio de juristas. Asimismo el sentimiento público, por efectos naturales, ha reaccionado. La opinión del pueblo es un termómetro, por ello hace parte de la democracia. Por ello no se puede considerar que el sólo voto satisface ese derecho.

Ahora resulta que hay pronunciamientos de magistrados en donde afirman que al destituir la Procuraduría al alcalde de Bogotá no se violan derechos fundamentales porque en su momento los ciudadanos que lo eligieron pudieron ejercer libremente el derecho al voto. Semejante aberración. El voto es una condición necesaria aunque no suficiente para que un sistema político sea democrático. En ese sentido el sólo hecho de votar no implica que el ciudadano pueda alcanzar la satisfacción de ver materializado su voto.

Pregunto a los respetados magistrados que así opinan: ¿Limitan el derecho del ciudadano al acto físico de ir a las urnas? Después de ese momento, el acto de votar: ¿Logra el clímax de la democracia? A partir de allí: ¿La democracia se decide en reuniones?

*Magister en economía.
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