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Opinión

  • | 2008/02/04 00:00

    Sobre la marcha

    Qué importa si son uribistas quienes organizan esta protesta contra las farc. En esto tienen razón y hay que estar con ellos. Por Héctor Abad

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La semana pasada recibí varios comunicados en los que organizaciones sociales, partidos políticos, cabildos indígenas y simples ciudadanos explicaban por qué no iban a participar en la marcha del 4 de febrero contra los secuestros de las Farc. Su posición coincide con la de algunos columnistas de prensa. El tipo de razonamiento es muy parecido en todos y creo que todos adolecen de los mismos errores, tanto lógicos como

éticos. El argumento, resumido, dice así: "No marchamos contra este mal (los secuestros cometidos por las Farc) porque hay otros males (las masacres de las AUC, el desplazamiento de campesinos, la pobreza, la ignorancia, el cierre de escuelas y hospitales, el saqueo del TLC) que nos parecen peores y la marcha no ha sido organizada para protestar también contra ellos.

Conozco este tipo de argumento pues muchas veces los lectores nos lo aplican a los comentaristas de prensa. Escribe uno, por ejemplo, sobre el certificado del DAS o sobre los perros rabiosos que mataron un anciano en Itagüí. Nunca falta el que dice: "con lo que pasó ayer en Magangué y usted escribiendo sobre perros con rabia…". "Nos estamos muriendo por el abandono del Seguro Social y usted perdiendo el tiempo con el certificado del DAS…".

El error lógico, y ético, consiste en suponer que si uno está en contra de un mal menor (supongamos que el secuestro sea un mal menor) está a favor o es indiferente a uno o varios males mayores (los desaparecidos, por ejemplo). Cada acto humano éticamente censurable (un secuestro, una masacre, una desaparición) no necesita ser comparado con otros actos para que merezca nuestro repudio. Compararlo es politizarlo para intentar así disminuir su importancia. "Las Farc secuestran, pero hay niños que se mueren de hambre", dicen. Bueno, sí. Entonces está mal lo uno y lo otro, y los secuestros no se parecen a un plan nacional de nutrición.

El absurdo ético puede verse con un ejemplo. Supongamos que en Tombuctú hay un grupo de facinerosos que se ha especializado en mocharles la cabeza a las niñas. Vamos a suponer también que Tombuctú está gobernado por un puñado de plutócratas ineptos que al perseguir a los mochadores de cabezas cometen mil desmanes contra la población civil inocente. Por alguna circunstancia especial, en algún momento los ciudadanos se sienten particularmente indignados con los mochacabezas y organizan una gran manifestación contra ellos y el gobierno apoya esa marcha. Por arbitrario que sea el gobierno de Tombuctú, creo que cualquier persona sensata apoyaría esas protestas contra los criminales. Podemos imaginar que en Tombuctú se cometen a veces delitos peores (por ejemplo un grupo paramilitar que antes de mochar las cabezas también viola a las niñas), pero eso no quita que el mero hecho de mochar cabezas de niñas sea atroz.

Como el secuestro, a secas, es atroz, apoyo decididamente las marchas de este 4 de febrero contra los secuestros que han cometido y siguen cometiendo las Farc. Hace apenas dos semanas, y por el solo delito de "tener cara de rico" y de tener un ancestro noruego, fue secuestrado en el Chocó un profesor universitario. Parece ser que el delito por el que deberá pasar meses o años secuestrado en la selva consiste en tener menos melanina en la piel que la mayoría de los colombianos. Eso es una infamia y por el hecho de que haya masacres de paramilitares no deja de ser una infamia.

La barbarie no se debe politizar; hay que repudiarla y punto, sin importar la ideología a la que pertenezcamos. La condena de los actos éticamente inadmisibles no se debe volver relativa mediante comparaciones. Ni condenar las masacres es de izquierda ni condenar los secuestros es de derecha. Ambos crímenes son inadmisibles y ya, y es irrelevante si quienes los condenan son enemigos políticos míos, pues también mis contrincantes políticos pueden tener razón (y me puedo unir a ellos) en algo. Qué me importa si son uribistas la mayoría de quienes organizan esta protesta colectiva contra los secuestros de las Farc. En esa protesta tienen razón y por lo menos en ese punto hay que estar con ellos. No unirse a ellos es un error lógico y ético. Sin contar con que, además, es un enorme error político.
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