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Opinión

  • | 2014/08/31 00:00

    Amnesia e-popéyica

    Tras la salida de la cárcel de alias ‘Popeye’ se alzaron voces de indignación porque pagó muy poco por sus delitos, pero pocos se acuerdan que otros también perpetraron crímenes atroces y nunca pasaron un día en un penal.

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A John Jairo Velásquez Vásquez, alias ‘Popeye’, le han lazando toda clase de epítetos por su pasado y son muchos los que han alzado su voz de indignación porque este hombre, efectivo sicario del Cartel de Medellín, pagó muy poca cárcel por sus crímenes, 23 años en total. Hoy está en libertad luego de cumplir todos los requisitos contemplados en las normas penales.

Me sorprendió bastante escuchar a algunos periodistas radiales y leer a algunos columnistas hablar y escribir con indignación de la excarcelación de alias ‘Popeye’. Unos y otros consideran que por la cantidad de sus crímenes, este hombre debía afrontar penas más altas y hacían la comparación con el sistema judicial estadounidense, donde se impone la cadena perpetua, y por algunos delitos hasta dos y tres sentencias de ese tipo. Así se sueñan la justicia colombiana.

Una de las declaraciones que más me llamó la atención es la del general José Ángel Mendoza, comandante de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá, quien le solicitó a las víctimas de alias ‘Popeye’ que denunciaran los delitos atribuidos al entonces sicario al servicio del Cartel de Medellín que hasta el momento no hayan sido puestos en conocimiento de las autoridades porque, a su juicio, es una persona de alta peligrosidad y es importante que se mantenga privado de la libertad.

El debate que se dio en el país sobre la excarcelación de alias ‘Popeye’ me hizo pensar en la amnesia que sufre este país cuando se trata de valorar los crímenes de aquellos que se han mantenido en la ilegalidad, ya sea en carteles del narcotráfico, grupos paramilitares o guerrilleros. Cada vez constato que en este país hay una estratificación del crimen y de los criminales que los perpetran. A mayor funcionalidad social, política y económica del acto criminal, no se reclama aplicación de la ley, por tanto, se mantiene en la impunidad, y pronto se olvida.

Basta recordar el dispositivo armado paraestatal que se creó en enero de 1993 para perseguir al entonces fugitivo Pablo Escobar, pero también a sus lugartenientes, testaferros, abogados y a sus familias. El 3 de febrero de ese año llegó a las salas de redacción de los principales periódicos del país una carta firmada por un grupo que se autodenominó ‘Perseguidos por Pablo Escobar’ (Pepes). Era la presentación en público de una organización criminal que tenía como objetivo “el aniquilamiento total de Escobar Gaviria, sus secuaces, sus colaboradores y sus bienes”. 

Informes de la época suscritos por funcionarios de la Fiscalía General de la Nación caracterizaron a ‘Los Pepes’ como una “organización que contó entre sus filas con personalidades del gobierno, industriales, ganaderos y mafiosos, desarrollando operaciones de claro contenido militar que dejaba entrever la posibilidad de ser realizadas por personal del Ejército o de la Policía”.

Esa empresa criminal se basó en la unión temporal de una coalición de fuerzas que permitió operaciones conjuntas en las cuales se fundieron legalidad e ilegalidad con un objetivo claro: acabar a como diera lugar el Cartel de Medellín. Esa persecución dejó cientos de muertos, desaparecidos y torturados, destrucción de bienes públicos y privados. ¿Alguien se acuerda de ello? Ya lo olvidaron, ¿cierto?

Una de las acciones más eficaces que realizaron los ‘Pepes’ fue el asesinato sistemático de los abogados de quienes integraban el Cartel de Medellín. En mis archivos tengo una carta fechada el 13 de agosto de 1993 enviada a un fiscal en la que un grupo de esa estructura criminal se quejaba de los efectos que tenía en su derecho a la defensa la persecución contra los juristas que asumían su defensa ante la justicia. En uno de sus apartes se lee: “Nosotros teníamos abogados defensores debidamente posesionados, pero ante el hecho de la muerte de varios de ellos por parte de ‘los Pepes’ […] se vieron obligados a renunciar a sus poderes aunado a esto a su clandestinidad forzada ante constantes amenazas de la Policía Nacional”.

La misiva está firmada por Roberto Escobar y por nueve personas más, quienes alegaron que “mientras el Estado no ponga tras las rejas a los miembros de los pepes (sic) y los procese por los múltiples delitos que estos han cometido no estará garantizado nuestro derecho a la defensa”.

Pero esos múltiples delitos no fueron investigados a fondo, sobre todo si se tiene en cuenta que los únicos vinculados a un proceso penal fueron los hermanos Fidel, Vicente y Carlos Castaño Gil, así como Eugenio León García Jaramillo. ¿Quiénes fueron esas “personalidades del gobierno, industriales y ganaderos” que estuvieron detrás de los ‘Pepes’? A nadie le interesó saber. Su respaldo a esa coalición criminal fue funcional a una causa y por ello sus crímenes quedaron en la impunidad. Así lo reconoció el jefe paramilitar Castaño Gil: “Fuimos tolerados por la Fiscalía, la Policía, el Ejército, el DAS y la Procuraduría, y el propio presidente César Gaviria Trujillo nunca ordenó que se nos persiguiera. Los periodistas aplaudían en silencio. ¡Y así tenía que ser!”.

Al respecto, en una columna publicada el 26 de noviembre de 2012 me preguntaba si el proceso de los ‘Pepes’ se podía reabrir. (Ver: ¿Se puede reabrir proceso contra 'Los Pepes'?) Desde aquellas épocas terribles se ha tenido la información necesaria, está a la vista en diversos expedientes judiciales. Además, en el escenario de justicia transicional, creado por la Ley 975 de 2005 para juzgar a los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia, se han aportado importantes testimonios.

Alias ‘Popeye’ fue un criminal, sin duda alguna, sus confesiones así lo revelan. Pero a muchos se les olvidó que para atacar al Cartel de Medellín se creó una perversa coalición temporal, entre legales e ilegales, que también acabó con la vida de cientos de personas, muchas de ellas inocentes cuyo único pecado fue ser el papá, la mamá, la hermana, el hijo, el tío, el sobrino o el amigo de un miembro del Cartel de Medellín. ¿Se acuerdan de ellos? ¿Quién les pedirá que denuncien sus afectaciones? La amnesia en este país es e-popéyica.

En Twitter: @jdrestrepoe
*Periodista y docente universitario.
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