Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2002/02/19 00:00

Soñar no cuesta nada

El eje Uribe-Peñalosa rompería este círculo vicioso al garantizar una continuidad de ocho años, 49413

La semana terminó con una emocionante controversia: ¿quién irá a ser el vicepresidente de Alvaro Uribe?

No es porque eso le quite o le ponga nada al candidato. Y no es tampoco porque los vicepresidentes importen un pito en Colombia. Ahí está el caso del señor Gustavo Bell, un caballero, un hombre discreto y leal, pero a los colombianos les da lo mismo que el vicepresidente sea el señor Bell o cualquier otro compatriota.

Normalmente, los nombres que sí le aportarían algo al candidato como opción para la vicepresidencia son muy pocos y no están interesados. Es el caso de Enrique Peñalosa, que está siendo buscado de manera desesperada por las tres campañas sin que ninguna haya podido obtener su sí.

Peñalosa, indudablemente, le daría un empujón a Serpa y a Noemí. Pero ese empujón no lo necesita Uribe, quien es perfectamente capaz de ganar las elecciones sin ayuda de Peñalosa.

Porque lo que ha ocurrido con Uribe tiene dimensión histórica: está muy cerca de conseguir un mandato de los colombianos que ningún presidente de Colombia ha obtenido en el pasado.

Procedente de la provincia, sin asesores, sin maquinarias, tiene hoy más del 50 por ciento de los votos, lo que significa que los colombianos quieren darle carta blanca para que haga lo que se le dé la gana desde el gobierno.

Y ante esta nueva realidad quiero hacer públicamente una petición. La de que Enrique Peñalosa reflexione sobre el ofrecimiento de Uribe y le dé su sí a la vicepresidencia.

Pero no para complementar a Uribe, que es normalmente el papel que se busca que cumpla un candidato a vicepresidente. Si el candidato es de derecha, se piensa en complementarlo con un candidato a vicepresidente comunista. Si el candidato es autoritario, se piensa en complementarlo con un sindicalista. Si es de provincia, con un cachaco. Si el candidato está flojo en la Costa, con un costeño. Si es candidato de las maquinarias, con un tecnócrata. Si es mujer, con un militar. Si es hombre, con una mujer. Y así.

Pero en el caso de una eventual fórmula Uribe-Peñalosa nadie complementa a nadie porque tienen el mismo perfil: jóvenes, renovadores, gerentes, capaces de mostrar resultados y preparados para ejercer la autoridad.

La ventaja de esta compatibilidad es que, en mi opinión, el mayor problema del país culpable de muchas de nuestras necesidades insatisfechas durante tantos años es la falta de continuidad en las políticas de Estado. No hay nada de fondo que se pueda cambiar en un país en cuatro años. Nuestra historia se repite implacablemente: la impopularidad de los presidentes salientes hace que el electorado escoja al candidato que más se diferencie de quien venía gobernando, y como el saliente no pudo gobernar sino cuatro años, la ruptura de las políticas de Estado es una característica de la manera como históricamente se ha gobernado a Colombia.

El eje Uribe-Peñalosa rompería este círculo vicioso al garantizar una continuidad de ocho años. Si presidente y vicepresidente son tan compatibles, y constitucionalmente es viable que el vicepresidente se retire un año antes para aspirar a la Presidencia en el próximo período, las reformas del país que se inicien en el gobierno de Uribe serían continuadas en el de Peñalosa, y Colombia podría romper el terrible círculo vicioso de las gestiones de gobierno a corto plazo.

Esta columnista tiene confirmado que, si bien Peñalosa ha rechazado la oferta de la vicepresidencia, sí estaría considerando la posibilidad de aceptarle a Uribe una especie de gerencia del referendo que el candidato ha prometido que convocará la misma tarde del día de su posesión. ¿Por qué no hacerlo desde la vicepresidencia? ¿No sería más productivo combinar la gerencia con la autoridad?

Por favor, doctor Peñalosa: recapacite. Lo que se está presentando en Colombia con Alvaro Uribe, como dijo Echandía sobre la llegada de Rojas al poder, no es una elección. Es un golpe de opinión. En estas circunstancias, un vicepresidente con opción presidencial que pueda garantizarle al país una valiosa continuidad de las políticas de Estado que nos saque de este negro túnel... doctor Peñalosa, bien merece una pensada. Y como soñar no cuesta nada...

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