Sábado, 21 de enero de 2017

| 2007/07/14 00:00

Sonata de un buen hombre

Caterina Heyck pinta un retrato personal de la figura del ex presidente Alfonso López Michelsen.

Sonata de un buen hombre

Sonata de un buen hombre, así decía la película que habíamos quedado de ver con el presidente López. Tenía interés en la cinta ganadora al Oscar a mejor película extranjera: “La vida de los otros”. Ya habíamos visto otras, en un ambiente ameno de compinchería. Ese fue el mejor legado de trabajar por la causa del acuerdo humanitario: haberlo conocido y haber tenido el honor de sentirme su amiga.

En un principio, cuando presentó mi libro sobre el acuerdo humanitario, nuestro punto en común era la temática de aquel, pero poco a poco se fue involucrando en mi vida y en mi cotidianeidad. Ya me extrañaba que pasara una semana sin conversar por teléfono. Curiosamente él conoció a mi abuelo, quien fue uno de los primeros militantes del MRL en Santander, y murió muchos años antes que yo naciera. No sé si por esa coincidencia y orfandad de abuelo, o por este ideal de libertad, que tanto tiempo compartimos, en tantos seminarios, conferencias, foros, talleres sobre Derecho Internacional Humanitario, marchas en diferentes ciudades….o por aquella pizza, que a las 11 de la noche, nos comimos en Cali, en compañía de Ángela Giraldo, luego de vagar por las calles en busca de plan y algo de aventura. Lo que sí sé es que me cautivó el ser humano maravilloso, detrás del ex Presidente, el que una tarde me regaló, para Manuelita, mi hija que estaba enferma, las gotas homeopáticas para subir las defensas, que le habían traído de Suiza y tenía sobre la mesa de noche.

Aún recuerdo el día que vino a mi casa para ver la película Mar Adentro. No alcanzamos a guardar nuestra loca perra que brincó sobre sus piernas y casi lo tumba. Él y doña Cecilia reían a carcajadas. A ella, que casi no ve, le encantó mi jardín. Su ceguera jamás le ha impedido dejar de ver las flores y el paisaje, como aquel que se divisaba desde el apartamento –del famoso Edificio Miraflores– del asesinado Jaime Lozada, el que visitamos luego de la marcha, en Neiva, que ambos viejos caminaron en pro del acuerdo humanitario. Jaime vivía y los muchachos, igual que su mamá, estaban secuestrados. Doña Cecilia exclamó: ¡qué clima tan delicioso! Era la única que así lo sentía, hacía un bochorno insoportable, pero en su siempre positiva actitud, todo le gustaba. Hoy entiendo aquella frase de Oscar Wilde que dice: cada hombre tiene la esposa que merece. Regresamos en avión esa misma noche. Ellos parecían deleitarse con el vaivén de la nave y no mostraban la más remota señal de agotamiento.

Al presidente López acudimos tantas veces, con Yolanda Pulecio, para consultarle planes y estrategias a favor de nuestro común interés por el acuerdo humanitario: que el derecho de petición al Procurador, el memorial a la Corte Constitucional, la audiencia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. De hecho, fue él quien preparó a Juan Sebastián Lozada, en la impactante exposición con la que brilló ante dicho órgano de la OEA, en la que tras presentar su testimonio de secuestro, daba fe del riesgo que representa un rescate militar a sangre y fuego. Para esta semana teníamos planeado ver la Vida de los otros y yo iba además a preguntarle cuál sería el rumbo que deberíamos tomar después del asesinato de los diputados del Valle. Pero no alcancé. La película quedó sobre mi escritorio y la pregunta, sobre mi conciencia.

El sábado pasado sostuve mi última conversación telefónica. Lo sentí muy bien y le manifesté la inmensa alegría que me daba escucharlo con tanta energía y vitalidad. Le conté acerca de la oportunidad que tuve, de expresarle mi opinión al presidente Uribe, en la reunión privada con los familiares de los diputados, el pasado 28 de junio. Allí le dije a Uribe, que su gesto de excarcelación de guerrilleros no servía, en la medida en que se le ofrecía a las Farc, programa de reinserción y que ello jamás sería aceptado por ésta. Que la desmovilización es, además de una rendición, una humillación para la guerrilla y que por ende debía estudiarse la idiosincrasia del “enemigo” para hacerle propuestas viables y no gestos al margen de su realidad. También, cuando se tocó el tema del despeje, luego de que Érika de Barragán, en llanto, exclamó que hubiera preferido que su esposo muriera tras un fallido despeje, pero que al menos se hubiera hecho el intento, y de que Claudia de Jara le ofreciera arrodillársele para que no se olvidara de los que aún seguían vivos, tomé la palabra y recabé que así como para las autodefensas se despejó Ralito, no obstante que son de conocimiento público, las irregularidades que allí se cometieron, y que el país entero sabe que los paramilitares jugaron fútbol con las cabezas de las personas que masacraron, y que con ellas, a sabiendas, se estaba conversando; que también con los masacradores de las Farc, debía dialogarse.

Aquella noche el presidente Uribe manifestó que la presión quedaba en manos de la comunidad internacional. Yo reviré diciendo que a las Farc poco le interesa la opinión del exterior, que ni Kofi Annan ni James Lemoyne habían servido. Cuando dijo que en los operativos de rescate, al ubicar el sitio de cautiverio de los secuestrados, tenían como protocolo avisar a la comunidad internacional e informar a la familia, le pregunté si ello quería decir solicitud de ayuda de tropas militares extranjeras. El Presidente me aclaró que no, al igual que dicho reporte a los familiares no implicaba permiso. Lo que no entendí es cómo, a pesar de salvar su responsabilidad diciendo que no había habido operativos de rescate de los diputados, aquellos que tanto verbalmente ordenó realizar públicamente ante los medios de comunicación, no explicó qué otro camino ofrecía si la negociación estaba descartada.

Esos días en Cali, fueron de mucho dolor, pero también de admiración por la fortaleza de los familiares de los asesinados. La familia Narváez me dio una lección de bondad y hermandad, Socorro de Giraldo, Ángela y sus hermanos, de unión, dignidad y fuerza, Fabiola Perdomo, de valentía, Érika de Barragán, de infinito amor conyugal…todos, sin excepción, de fe, templanza y nobleza.

En los días posteriores la zozobra aumentó por la incertidumbre de los cadáveres. Algunos decían necesitar el cuerpo para elaborar el duelo, otros preferían guardar una bonita memoria –de un ser vivo– en su mente. Algunos orientaban su rabia hacia el gobierno por su omisión y aparente indolencia, otros, la mayoría, hacia las Farc, responsable del secuestro y el asesinato.

–Presidente López: ¿qué rumbo tomar ahora? ¿Cuál replanteamiento deberá darse al acuerdo humanitario después de la masacre?– Fueron preguntas que quedaron pendientes de formular. Quería hacerlo después de ver esa película, en la que el espía torturador del régimen totalitario de la Alemania oriental, tras los efectos purificadores de la música y la visión de un bondadoso ideal artístico, se transformó en un hombre bueno. ¿Será que podría esperarse un gesto bueno y generoso de las Farc después de la masacre, que nos diera una luz de guía para continuar con nuestra campaña por el acuerdo humanitario? Era claro que de la institucionalidad, contra quien habíamos enfilado nuestras baterías para presionar por el acuerdo, bajo el entendido que frente a aquella era que debía dirigirse la mayor presión, por ser ésta la democráticamente elegida, la que suscribió los Convenios y Protocolos de Ginebra, ya no podemos esperar más. Pero los dolorosos hechos reclamaban un replanteamiento. Las familias de los diputados quedaron divididas, unas por su nueva condición de viudez u orfandad, otras, por la diferente dirección de su rabia ¿Quién más, que el presidente López, para orientar el camino?

En varias oportunidades él dijo que no quería morir antes de que se hiciera el acuerdo humanitario. Los diputados, que tanto pidieron el despeje y el acuerdo, fueron asesinados y después de cinco años de secuestro, no alcanzaron a ver su libertad antes de perder la vida. Yo solo espero que estas muertes no pasen en vano y que quizá desde el cielo, donde seguro están todos, puedan hacer el milagro: que alguien ceda en el paso que hay que dar para lograr un entendimiento hacia la libertad y la paz de este país. Por lo pronto, yo me quedo con la gratos recuerdos de este maravilloso ser humano: el del espíritu más joven, sabio, vital y libre…mucho más que un buen hombre

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