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Opinión

  • | 2008/08/05 00:00

    SOS al Ministro Lozano

    La Ciénaga de Mallorquín, cuna de manglares y sustento de pescadores, se muere. ¿Para qué Colombia firmó el Convenio Ramsar por el que se comprometió a proteger manglares, si luego, en las regiones donde existen, las autoridades otorgan licencias a empresas que traen su destrucción como inevitable consecuencia?

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Con el sueño de que esta columna llegue al despacho de prensa del Ministerio de Medio Ambiente y así, al escritorio del Ministro, lanzo este llamado de salvamento con carácter de urgencia: la Ciénaga de Mallorquín en el Atlántico no resiste una sola intervención más con carácter de desarrollo sino que quiere la implementación de un plan maestro de recuperación y protección.

Lo lanzo también para las organizaciones no gubernamentales que luchan por el sostenimiento y cuidado de los cuerpos de agua y especies de fauna y flora, porque a pesar de que la Gobernación del Atlántico presentó este año una iniciativa al respecto, el carbón amenaza con destruir los manglares, y ya ha habido desecamiento de áreas con construcción de urbanizaciones y cegamiento de brazos de arroyos, como El León.

La Ciénaga de Mallorquín afecta a varios municipios y corregimientos del departamento, tenía una extensión en forma triangular de nueve kilómetros en 1998 y hay la presencia de mangle rojo, amarillo y saldo que son el ecosistema de aves de paso y permanentes, y la despensa de peces y mariscos (36 especies de 22 familias de las cuales el 84 por ciento son visitantes y 16 por ciento de residentes). De escasa profundidad (0.70 m) se comunica por el Norte con el mar Caribe en forma natural, y artificial, cuando los pescadores abren bocanas en la barra de arena que se forma con el cambio de corrientes y con el río Magdalena a través de unos tubos que atraviesan el tajamar occidental.

Este importante cuerpo de agua salobre ha sido tradicionalmente fuente de recursos para los pescadores de La Playa, Las Flores y Puerto Colombia y de alimento para Barranquilla, que ahora, además de la contaminación pesada que ha recibido de residuos líquidos y sólidos, la erosión costera y el crecimiento urbano sin planificación y hasta una laguna de oxidación cercana, deberán enfrentar la “carbonización” como resultado del hollín propio que habrá de producir el embarque de carbón, procedente de La Guajira, en un macropuerto autorizado para la Sociedad Portuaria terminal Las Flores y la Sociedad Masssering Ltda.

Descarto de plano toda certificación ISO que ofrezcan los exportadores y operadores, porque con todos los "isos" posibles ya se hace pesca submarina de grandes trozos de carbón en las zonas donde ya opera este negocio y ha cambiado, sin discusión el color de la arena de la costanera desde Santa marta a Ciénaga.

El ingeniero forestal Jaime Herrán asesor ambiental de la Contraloría Distrital es contundente cuando afirma a El Heraldo, que la expansión portuaria, de límites desconocidos y poco claros en las licencias, conducirá inevitablemente a la aplicación de la extremaunción al cuerpo de agua y, por ende, a quienes de él derivan su sustento.
 
También está en desacuerdo en la proporción de reforestación que se anuncia de un frutal por cinco mangles y menos aún con los pírricos inventarios de existencia de esta especie, sala cuna de peces y moluscos, que presentaron ambas firmas.

Se pregunta uno para qué Colombia firmó en 1995 (resolución 1602 Minambiente y la Ley 357 de 1997 que lo aprueba) el Convenio Ramsar para garantizar la sostenibilidad de los manglares y garantizar la protección de los humedales, si luego, en las regiones donde existen las autoridades otorgan licencia de funcionamiento a empresas que de suyo traen su destrucción como inevitable consecuencia.
 
losalcas@hotmail.com



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