Viernes, 31 de octubre de 2014

| 2013/03/29 00:00

Soy el cerebro de Pastrana

No soy un delfín. Soy una mula.

Soy el cerebro de Pastrana Foto: Guillermo Torres

Ante el éxito de nuestras entregas “Soy la espalda de Samper”, “Soy la próstata de Belisario” y “Soy la ‘simón gaviria’ derecha de Simón Gaviria”, un equipo de esta columna ubicó al cerebro de Andrés Pastrana para demostrar su existencia. Entrevista exclusiva.

Pensábamos que lo encontraríamos tirado en una esquina, mínimo, solitario, modesto, como un pollito abandonado en un gigantesco galpón. Pero una vez entramos a la acogedora cabeza del expresidente Pastrana solo escuchamos el eco de nuestros pasos. Asustaba encontrarse en medio de esa casona abandonada, casi a oscuras, en la que no había nada: solo vacío. Cuando estábamos a punto de suponer que no encontraríamos al cerebro del doctor Pastrana, dimos con una minúscula serpentina grisácea, que se retorcía en un charco de aminoácidos, a la cual nos acercamos para pedir ayuda.

–Buenos días, señorita: buscamos el cerebro de Andrés Pastrana.

–Soy yo. Yo soy el celebro que buscan.

–Se dice cerebro.

–Eso. 

–¿Nos concedería una entrevista?

–Con gusto, aunque usted se recuerda que a mí no me gusta hablar. Solo contar, y una vez pude hacerlo hasta 100. 

–Señor cerebro: ¿no cree que su proceso de paz fue un fracaso como para criticar el actual? 

–Al revés, el mío fue una machera. Vino todo el mundo. Salimos en los periódicos. Si usted se recuerda vino el presidente Clinton y hasta se puso un sombrero como de campesino. 

–¿Un sombrero vueltiao?

–Sí, se lo puso volteado, pero era como de campesino. En cambio, mire este fracaso de proceso: acá no hay desfile de invitados, de actrices, de presentadoras, nada: o sea, qué oso. Eso no es un proceso. Son unos tipos que se van a Gavanna, pero de ahí no salen unas sociales.

–¿Querrá decir a La Habana?

–¿No es Gavanna?

–Gavanna es una bar.

–Yo sé: ¿estará abierto? 

–Mejor díganos: ¿qué otra cosa no le gusta de este proceso?

–Que es una vergüenza: ¿dónde hay una Marbelle? ¡Llevan siete meses y no han dado un solo concierto!  ¡Ni siquiera hay zona de despeje! ¿Dónde hay un Caguán? ¿Dónde hay una tarima con una silla vacía?  ¿Dónde hay un baño?

–¿Necesita un baño? ¿Los cerebros van al baño?

–Yo sí: ya vengo. 

–Pero está evacuando en el ducto que termina en la lengua…

–¿De verdad? Siempre creí que era el baño.  

–Mucha gente dice que usted le entregó el país a la guerrilla…

–En esa época decidía el corazón de Andrés Pastrana, no yo.

–¿Pero luego usted no piensa por Andrés Pastrana?

–Nos turnamos con los pies.

–Las declaraciones contra el actual proceso, ¿quién las dio, usted o sus pies?

–El hígado; a veces también habla él. 

–¿Por qué dice que Fernando Carillo es el camarero de Pablo Escobar?

–Porque fue quien lo apresó.

–En ese caso sería el carcelero.

–Eso.

–¿No cree que su talante es muy compatible con el de este gobierno? ¿Para qué lo critica?

–Al revés: este es un gobierno light, de señoritos bogotanos que se la pasan en cocteles.

–¿Y el suyo no fue así? 

–No. Pregúntele a mis amigos de la taberna del Country y verá que todos le dicen: Andrés Pastrana fue un gran presidente. En mi gobierno se habrían muerto por trabajar Ortega, Gasset y demás intelectuales. En cambio Santos es un pobre delfín.

–¿Y usted no es un delfín?

–No señor. Yo soy una mula. Una mula que se cree Gabriel Silva.

–A propósito: ¿no le pareció un exabrupto comparar a un exfuncionario suyo con una mula?

–No importa que la mula haya trabajado en mi gobierno: tengo derecho a criticarla.

–Me refiero a Gabriel Silva.

–¿El asesor de imagen? 

–No, ese es Miguel. Yo hablo de Gabriel: el José Obdulio de Santos.

–Lo único que le puedo decir es que en el gobierno de Andrés Pastrana trabajó alguien que tenía un nombre peor que el de ese José Obdulio: Víctor Gumersindo. Era muy chistoso.

–¿Por qué tiene esos estertores? ¿Por qué drena esa materia?

–Es risa.

–¿Se sostiene en que Silva es una mula que se cree Juan Valdez?

–Es que uno siempre se cree más de lo que es. Yo mismo me creía la mula en una época. 

–¿Y ya no? 

–No. Sé que tengo críticos, pero es porque este país no tiene… no tiene… no tiene la esponja esa con que uno recuerda las cosas, ¿usted se recuerda cómo se llama?

–¿Memoria?

–Eso. Este país no tiene memoria. No me recuerdo dónde leí eso.

–¿O sea que, como parte del país, usted no se acuerda de los escándalos de su gobierno? ¿De los uniformes de Juan Hernández, por ejemplo?

–Prefiero no responder. 

–¿Tampoco se acuerda de que se la pasaba viajando?

–Pero era por el bien del país. Al país no le convenía que me quedara. Por eso me iba a Europa cada puente.

–Hablando de puentes, ¿qué puede decir del puente de la 92 que hizo en su Alcaldía?

–Prefiero no responder.

–¿Fue culpa suya el fallo de La Haya?

–Prefiero no responder.

–No rehuya las preguntas difíciles, cerebro: ¿cuánto es cuatro más cuatro?

–Prefiero no responder.

–Al menos diga por qué se refiere a Andrés Pastrana en tercera persona.

–Porque somos seres independientes, señor periodista; cada uno marcha por su lado.

Nos retiramos porque se veía extenuado, casi seco. De salida, mientras resonaban nuestros pasos en la instancia vacía, escuchamos que intentaba contar hasta 100. Y por poco lo logra. 

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