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Opinión

  • | 2010/12/03 00:00

    Spasiva FIFA!!! (Gracias FIFA!!!)

    En Zurich, con la FIFA en pleno y en medio de un mar de suspicacias, se definieron las sedes para los mundiales de 2018 y 2022.

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En una ceremonia atípica, como nunca se había visto en los la historia del fútbol, y por gracia de la avidez de bolsillos preocupados ante la perspectiva de tener que esperar por liquidez durante cuatro años, se designó, no una sino dos sedes de una buena vez.

Sin embargo, no vale la pena analizar las causas de la decisión. Tampoco desgastarse en los rumores y denuncias contra algunas candidaturas y en las que, como raro, se menciona a personajes prominentes en la CONMEBOL como Ricardo Texeira o Nicolás Leoz. Es mejor en todo caso no entrar en estos terrenos y concentrarse en lo importante: las sedes.

Empecemos por el final. En el 2022: Qatar. Es exótico, pero sus petrodólares todo lo pueden: desde obtener la nominación hasta hacer un mundial pomposo y bien organizado, lo que no equivale necesariamente a un gran mundial, como pueden dar fe los coreanos y japoneses luego de su experiencia en 2002.

Eso sí, hay una ventaja. A diferencia de aquella vez, al menos para Colombia, habrá horarios más cómodos. Muy pronto para saber si se vivirá para presenciarlo, pero al menos queda la esperanza de que para entonces Bolillo Gómez,ya setentón, haya dado un paso al costado, o al menos no siga convocando a Iván Ramiro Córdoba y Mario Yepes.

Para el 2018, en cambio, la designación recayó en cabeza de Rusia con el consecuente baldado de agua fría para los miembros de la favorita candidatura inglesa, y el simpático disgusto de muchos en nuestras tropicales y tercermundistas calles, quienes por cuenta de la televisión y las vitrinas de los almacenes deportivos han llegado a suponer que no se juega fútbol más allá del Támesis.

En las calles, foros de opinión y hasta algunos medios, pululan ya los sabios conceptos de quienes pronostican que el torneo será un fracaso por la falta de tradición futbolística de los rusos. Otros creen que su infraestructura no es suficiente para albergar el certamen, y hasta los hay “historiadores”, quienes temen que la salud de los jugadores se vea perjudicada, como la de los soldados de Napoleón o Hitler, por el inhóspito y glacial clima ruso.

Todo comprensible. Así como hasta hace muy pocos años casi nadie sabía en qué ciudad jugaba el Arsenal, o de que color es la camiseta del Liverpool, resulta ya mucho esperar que se recuerde que Rusia cuenta con la infraestructura para efectuar el torneo, o en su defecto al menos con una capacidad inigualable para obtenerla.

No en vano los rusos han organizado -no propiamente mundiales de patinaje- sino juegos olímpicos, torneos mundiales de cualquier deporte que uno se imagine, un mundial juvenil de fútbol y hasta se dieron el lujo de organizar unas olimpiadas paralelas a las de Los Ángeles, solo para que sus deportistas se foguearan en aquellos tiempos de la Guerra Fría.

También resulta mucho pedir que aquellos que afirman sin sonrojo que Rusia carece de tradición futbolística recuerden que esa tierra parió a Lev Yashin, -el mejor arquero de todos los tiempos- así como a muchos otros jugadores de talla mundial, o que la Unión Soviética, con mayoritario aporte de jugadores rusos, fue campeón de la Eurocopa en tiempos en que ésta no la ganaba cualquiera.

Pero lo que si resulta inadmisible –incluso risible- son los reparos sobre el clima. Muchos olvidan que no todo lo que muestra Hollywood es necesariamente cierto, jamás han oído hablar de las estaciones, ignoran que el mundial se jugará en verano, y no se les pasa por la cabeza la idea de que en verano el clima de las principales ciudades rusas es comparable al de Bogotá en un día nublado cualquiera, o por lo menos no tiene mucho que envidiarle al de Londres.

Claramente en Siberia puede haber temperaturas extremas todo el año, pero no menos cierto es el hecho de que las posibilidades de que el mundial se juegue por esos lados son tan reales como las de que Mitú albergara algún partido en caso de que Colombia organizara un mundial.

Así que quienes se preocupan por las condiciones para el juego no tienen nada que temer. En cualquier caso el verano ruso no será muy diferente de lo que se hubiera encontrado en Inglaterra u Holanda y sin duda ofrecerá condiciones mucho mejores para la práctica del deporte que las temperaturas infernales que para la misma época podían ofrecer España o Portugal. Para estos últimos, por cierto, se rumoraba que el presidente de la Federación Colombiana de Fútbol promovía el voto suramericano. Con razón el resultado.

Para resumir, bien por la FIFA, que sin entrar al análisis de las motivaciones, otorgó la sede a un país que lo merece desde hace mucho tiempo, que tiene todo para hacer un gran mundial, que sin lugar a dudas demostrará que la organización de un mundial exitoso no es un privilegio destinado a rotarse entre cinco o seis países, pero que por sobre todo, mostrará que existe el fútbol más allá de lo que muestra la televisión, pero sobre todo, que no se lo inventaron hace 10 años.

*Coautor del libro Bestiario del Balón.
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