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Opinión

  • | 2013/10/01 00:00

    “Anoche soñé con la guerrilla”

    El sueño que tuvo Édgar refleja la angustia y el temor que siente una persona al saber que no tiene cómo ayudar a su familia.

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A las ocho de la mañana llega Édgar a embolarme los zapatos. Él, un señor que se gana la vida embolando zapatos, en cierta forma se enorgullece porque cuenta con clientela fija. En repetidas ocasiones me ha dicho: en este edificio los pisos 10, 9, 8, 7, 5 y 4, son míos y además también tengo clientela en el Parque de la 93. Con este comentario en esos momentos pienso que Édgar tiene garantizadas sus tres comidas y lo mínimo para los gastos básicos de su familia.  

Pero hoy llegó Édgar y me dijo: Le cuento que mis hijos perdieron el trabajo y no han conseguido. Eso me tiene preocupado. Uno tiene 19 años y el otro 25, ellos son buenos trabajadores, tienen experiencia y son honrados. Imagínese, la cosa no está fácil. El de 25 años trabajaba en asuntos de seguridad. Entraba a las 6:00 a.m. y salía a las 2:00 p.m. Pero resulta que un día le dijo el jefe que su salida ya no era a las 2:00 p.m. sino a las a las 6:00 p.m. Mi hijo al principio no dijo nada. Pero cuando recibió el sueldo, además de trabajar más horas al día, recibió menos. Imagínese patrón, ¿cómo le parece eso?.  

Ante esa situación le dije: Édgar, pero eso está mal hecho de parte de la empresa, cómo le van a bajar el sueldo y además le piden más horas de trabajo. Pues sí. Así fue; me respondió. Lo único que pudo hacer fue renunciar. 

En medio de la conversación Édgar me relato un sueño diciéndome: “Anoche soñé con la guerrilla”. Ante el comentario le pregunté: ¿Cómo así?. Édgar me respondió: imagínese que me encontraba con mi familia en la casa y precisamente es ese momento estábamos mal porque no teníamos con qué comer. De pronto llegó un señor y nos dijo que nos podía arreglar el problema pero para eso era necesario que lo acompañáramos y que como yo soy un señor de mucha experiencia para ellos es importante porque así yo podría dirigir un grupo.  

Bueno Édgar y, ¿qué paso?. Pues, nos fuimos con el señor y nos entregó unas armas y empezamos a bolear bala y yo era el que dirigía al grupo. Yo daba las órdenes y orientaba al grupo por donde debía coger. En ese momento les decía: cojan por acá que por allá vienen y desde acá podemos darle. 
Pero Édgar, ¿qué pasó?, ¿le dieron a la gente o no?. Claro señor. Pues si yo estaba dirigiendo el grupo y con la experiencia pude buscar los puntos en donde nosotros estuvieras protegidos pero además nos quedaba fácil darle a los del Ejercito. 

El sueño que tuvo Édgar refleja la angustia y el temor que siente una persona al saber que no tiene cómo ayudar a su familia. Lo peor de esta situación es que en Colombia hay esa opción. Para algunos hasta el momento esa opción se llama guerrilla puesto que esos señores se aprovechan de la mala condición del pueblo. En otras palabras, podríamos decir que mientras una parte de la población se sienta desamparada por el gobierno y por la sociedad en general, la guerrilla tendrá discurso y argumentos para reclutar. 

Así las cosas, los actuales diálogos para la paz son la llave que cierra la puerta a esa opción. Pero en un corto tiempo la paz debe ser el discurso que sepulta la demagogia que promulgan grupos ilegales escudados en la idea imaginaria de protección para el pueblo desamparado. La lógica de lo dicho se sustenta en la futura inexistencia de una causa, y si hay paz, ¿cuál será la razón para reclutar y combatir?. A partir de aquí el discurso del Estado debe ganar fuerza toda vez que se tendría un hecho importante para mostrar y asimismo la guerrilla envía el mensaje de que la paz es la mejor estrategia. 

Pero, mientras en los estratos bajos esas cosas suceden por otro lado hay personajes de la vida nacional y de los altos estratos creando ambientes de conflicto. Ante esta conducta lo que se puede ver es que aún hay mentalidades que no están preparadas para la paz, pues siguen con odio, creando climas perversos y peor aun anteponiendo circunstancias particulares ante necesidades comunes. 

Para finalizar, les comento que la carta de Timochenko a pesar de que causó revuelo pienso que envió un mensaje importante. Él está diciendo que lo incluyan también en las negociaciones y quiere entrar en el grupo que va a pasar a la vida civil. Quiso sacar provecho con amenazas pero se dio cuenta que esa estrategia en ambientes de dialogo no funcionan. El señor Timochenko ahora observa que el asunto es en serio. Por eso no le quedó otra opción que llamar la atención. Pero es tal el tamaño de su angustia que se apresuró y dijo lo primero que se le ocurrió al punto que le tocó retractarse. 

*Magister en economía   
Oficial Naval (r) Armada Nacional 
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