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Opinión

  • | 2011/05/21 00:00

    Sumercé…nario

    Esta semana, ‘The New York Times’ publicó un artículo sobre un ejército secreto en Emiratos Árabes. La mayor parte de estos hombres proviene de Colombia.

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Muchos de ellos no tienen entrenamiento militar alguno. Son celadores que cambiaron la ruana, el termo y la escopeta por un fusil, un destino incierto y un oficio despreciable para muchos: son mercenarios. Se venden al mejor postor para matar o morir en guerras ajenas. Hoy están en Abu Dabi. Detrás de la aventura que llevó a estos vigilantes de las mañanas heladas de Bogotá a las ardientes arenas de Oriente Medio hay un negocio extraño.

Los improvisados soldados de fortuna -enrolados por una empresa internacional- recibieron instrucción bélica relámpago en fincas y también en instalaciones militares colombianas. Para ello usaron armas oficiales o decomisadas a la guerrilla. Alguien en las Fuerzas Militares apoya el millonario negocio de exportación de mercenarios.

Una serie de fotografías muestra a oficiales y suboficiales retirados ligados a la operación con visitantes extranjeros en instalaciones militares de Colombia.

La primera de las fotos, tomadas en abril del año 2010, deja ver a un mayor retirado de apellido Fierro vinculado a la operación junto con un norteamericano aparentemente llamado Robert Bowen; con ellos están otros tres extranjeros y el sargento retirado Víctor Díaz, también miembro del cuerpo reclutador. La fotografía deja ver un atril militar y al fondo hay un aviso en el que se puede leer la sigla Ccope, correspondiente al Comando Conjunto de Operaciones Especiales que funciona en Facatativá, Cundinamarca. (Ver)

Otra gráfica muestra nuevamente al sargento retirado Díaz en instrucción de tiro con fusil a dos personas (aparentemente son mujeres). Lo acompaña un militar de uniforme camuflado. (Ver)

La tercera muestra al mayor William Bode, program manager de la operación, al lado de dos mujeres y dos militares de camuflado. Sobre un escritorio hay proveedores curvos y fusiles diferentes a los usados por las Fuerzas Militares de Colombia. (Ver)

Esta semana, The New York Times publicó un artículo sobre la aparición de un ejército secreto en los Emiratos Árabes Unidos. Su misión es cuidar a los miembros de la familia real, vigilar sus oleoductos y rascacielos. La mayor parte de estos hombres -presentados como miembros de fuerzas élite- proviene de Colombia. (Ver)

El prestigioso diario publicó los permisos de ingreso a los Emiratos de tres de los mercenarios internacionales. Uno es de Bogotá, otro de Medellín y otro de La Guajira. (Ver)

El cerebro del negocio es un reconocido traficante internacional de carne de cañón. Su nombre es Eric Prince y fue fundador de Blackwater y XE Services, las mismas empresas que en 2006 llevaron a exmilitares, expolicías y exdetectives colombianos a servir como mercenarios en la guerra de Irak.

Les habían ofrecido un salario de 7.000 dólares, que fue bajando a 4.000, después a 2.700 y terminó en 1.000.

Hace cinco años, SEMANA reveló en el artículo 'Atrapados en Bagdad' las denuncias de los ingenuos mercenarios colombianos. No les pagaban lo prometido y no tenían forma de regresar a Colombia. (Ver)

De los procedimientos poco ortodoxos del señor Prince da cuenta una investigación del Departamento de Estado de los Estados Unidos a XE Services LLC. El informe firmado de la Oficina de Control de acuerdos militares señala que esa compañía efectuó entrenamientos militares no autorizados en Colombia. (Ver)

En esa ocasión, el eslabón colombiano del negocio era una empresa llamada ID Systems, una curiosa compañía que trabajaba al mismo tiempo en asuntos informáticos para la Registraduría y en temas militares. Los nombres mencionados eran los del capitán Gonzalo Guevara y el señor José Arturo Zuluaga Jaramillo.

Un lustro después se repiten algunos protagonistas. La empresa ahora se llama Fortox S.A. Sin embargo, funciona en Bogotá en la misma dirección de ID Systems. José Arturo Zuluaga Jaramillo es miembro de su junta directiva. (Ver)

En cambio, ya no está el capitán Guevara. Alguien debía odiarlo demasiado. Lo asesinaron un año después de lo de Irak, cuando salía de una panadería en la calle 127 de Bogotá.
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