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Opinión

  • | 2010/11/27 00:00

    Súper 99

    Cambio Democrático es otra razón social del empresario Martinelli. En la práctica, las elecciones las ganaron los Súper 99, los supermercados del mandatario.

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Ricardo Martinelli está convirtiendo a Panamá en una sucursal de su cadena de supermercados. El jefe de Estado, que en veloz decisión le otorgó asilo a la ex directora del DAS, viene abriendo el camino para que su país regrese a la era del banano. Las instituciones son rey de burlas. Con magistrados de bolsillo destituye a la Procuradora General, curiosamente por una discutible ‘chuzada’. Interviene en la elección ‘autónoma’ del cacique emberá, justo cuando descubren minas de oro y cobre en el territorio indígena. Reprime salvajemente una protesta contra una ley suya, y causa cuatro muertos y más de 700 heridos, incluidos dos que quedaron ciegos.

No es un partido político el que está al mando. Cambio Democrático es apenas otra razón social del empresario Martinelli, un partidito taxi de esos que aparecen y desaparecen en nuestros países. En la práctica, las elecciones las ganaron los Súper 99, los supermercados del mandatario.

Jaime Trujillo, el jefe de seguridad de los 99, es ahora el director del Servicio de Protección Institucional del Estado. Julio Ábrego, que manejaba los depósitos de Martinelli, es director del Instituto de Investigación Agropecuaria. A Delia de Luzcando, la gerente del supermercado, le tocaron dos puestos: su hija Marisín preside el Sistema Estatal de Radio y Televisión y su nuera Sonia está al frente del Instituto para la Formación y Aprovechamiento de los Recursos Humanos.

La otrora abogada del magnate-presidente, Alma Cortés, es titular del Ministerio de Trabajo. El servicio de Migración y Naturalización está a cargo de María Cristina González, hija de uno de sus contadores.

Y para garantizar la transparencia en el manejo de los recursos públicos, la Asamblea –controlada por el jefe de Estado– decidió elegir como Contralora General a Gioconda de Bianchini, la asesora tributaria de Martinelli.

Del nepotismo ni hablar. Guido Martinelli, el primo del Presidente, es embajador en Italia. Su sobrino Álvaro Dutari es cónsul en Houston. Carlos Linares, el hermano de la primera dama, fue designado como embajador en Perú. Para no separar al primer cuñado de la Nación de su familia, le designaron a su hija Pamela como cónsul en Lima. Tristemente, en la misión panameña en Perú no había más puestos de ese nivel, por eso Álvaro, el otro hijo, tuvo que partir al consulado en Barcelona.

A Ileana, otra sobrina de la primera dama, le nombraron al esposo como embajador en Japón.

Y como el ejemplo cunde, el vicepresidente de la República y canciller, Juan Carlos Varela, también tiene un primo de embajador en Corea, además de 10 empleados de su empresa familiar Varela Hermanos en la burocracia estatal.

El ministro de la Presidencia, Jimmy Papadimitriu, es hermano de la embajadora en Grecia. El ministro de Seguridad, José Raúl Mulino, tiene al hermano de embajador en Costa Rica. Más modesta resultó la Ministra de Pequeña Industria, cuya hija es cónsul en Montreal. ¡Ah!, y doña Gioconda, la contralora, mandó a su hijo Rolando de cónsul a Buenos Aires.

El presidente Martinelli ha explicado que “con esos sueldos y en esos países tan caros” es mejor nombrar personas con recursos para que se puedan mantener y representar dignamente a Panamá. (Sin duda, más dignamente que otro primo del mandatario, el ex parlamentario Ramón Martinelli, capturado en México por dirigir la red de transporte de dólares del cartel de los Beltrán Leyva).

Debe ser también como una contribución al país, en el que cada vez más licitaciones públicas tienen como ganadores a los allegados al gobernante. Pavimentar un kilómetro de carretera en Panamá, que costaba 3,5 millones de dólares antes de este gobierno, vale ahora 9,8 millones.

El Presidente de este país es el mismo que nos quieren vender en Colombia como paladín de la institucionalidad. Esta semana, en Panamá, Álvaro Uribe expresó su admiración por Martinelli: “Los principios que él estimula, las libertades, la seguridad, el promover la inversión y resolver los problemas sociales son muy importantes para el continente”.
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