Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1983/04/18 00:00

SUPERBEBES EN UN RINCON DE COLOMBIA

SUPERBEBES EN UN RINCON DE COLOMBIA

En los últimos meses varios periódicos y revistas han venido haciendo publicaciones acerca de los llamados "Superbebés", entre ellos SEMANA en su edición N° 38 en la sección de "Informe Especial" .
Este tema, al cual he dedicado varios años de estudio y experiencia, me ha interesado mucho, sobre todo en nuestro medio donde ya empiezan a verse los frutos de lo poco sembrado.
Hace varios años, siendo estudiante de Física en Berkeley, mis compañeros y yo debíamos elaborar material didáctico para la enseñanza de la ciencia (motorcitos, pilas, timbres etc.).
Un día se nos informó que este material sería usado en un prekinder cercano, donde nosotros debíamos explicar su funcionamiento físico y elaboración. Nos llevamos una buena sorpresa cuando nos dimos cuenta de que todos nuestros alumnos eran niños menores de 4 años quienes, además, ya leían, sumaban, redactaban, etc. Era un centro especial para la enseñanza precoz del niño. Desde ese día, todos nosotros comenzamos a creer y a respetar más al niño y a entender por qué es otro oprimido.
Preguntamos con afán cuál era el método usado y por primera vez escuchamos el nombre de Doman. Comenzamos a leer sus libros y trabajos, los seguimos paso a paso con gran admiración. Más tarde oiríamos sobre Ibuka, el japonés que también ha enseñado a miles de niños a leer y a desarrollar su talento en Tokio.
Después de documentarnos bien, mi esposo y yo decidimos trabajar primero con nuestros hijos y luego con los hijos de varios amigos profesores aquí en Monteria (Córdoba), con los pocos recursos que estaban a nuestro alcance.
En junio del 81 iniciamos actividades; en noviembre todo el grupo leía. Eran niños de tres y tres años y medio. Pensamos que sería difícil vincularlos a los colegios por la edad; sin embargo, decidimos llevarlos a dos colegios de Montería considerados como los de más alto nivel académico.
Allí los examinaron y en ambos colegios, según los exámenes, quedaron en el segundo nivel de primaria a pesar de su edad. El resultado de esta decisión fue correcto, puesto que en 1982 esos niños obtuvieron los primeros puestos, matrículas de honor y becas. En general, el grupo se considera como un grupo de alumnos destacados.
La experiencia de los alumnos salidos en 1982 ha sido similar. En marzo de ese año una madre campesina se acercó a nuestra casa con dos de sus hijas, una de tres años y otra de cuatro; me explicó que se había trasladado a vivir a la ciudad para poder educar a sus hijas.
Las niñas fueron aceptadas y en noviembre las dos ya leían, sumaban, restaban, tocaban órgano y jugaban ajedrez. Otro ejemplo que debo mencionar para demostrar que éste no es un método muy sofisticado como ha pretendido aparecer es el caso de una señora que lavaba ropa en nuestra casa y que quería enseñar a su hija de tres años a leer. Le prepare algo de material y como había observado el método, al cabo de un año trajo a su hija para que viéramos y escucháramos cómo leía; también para que le enseñáramos a escribir, pues la señora leía pero no sabía escribir. Lo importante de todo esto es que una vez más se demuestra que cuándo la ciencia y la cultura se ponen al servicio del pueblo, los resultados comienzan a brillar de inmediato.
Muchos padres creen en sus hijos y acuden a nuestra casa y a otros centros semejantes que ya funcionan en Colombia. Pero no hay cupo para todos. Estoy segura de que la solución a este problema reside en una reforma total en el sistema educativo que nos rige actualmente. Miremos, por ejemplo, las escuelas públicas, donde no se enseña a leer al niño hasta que no tenga siete años. O el caso de la educación en el campo; cuando el niño tiene ocho o nueve años ve por vez primera y muy esporádicamente a su llamada maestra o maestro. Para este tiempo el niño ya es un adulto que ha tenido que ser aguatero, recolector, leñero, cargador, etc. El maestro y los contenidos de la enseñanza no están vinculados a su vida diaria.
Yo invito a los pedagogos de hoy a leerse el informe de Glenn Doman escrito en 1971, titulado "Qué está pasando con los niños normales". Su contenido, se refiere a que se relate cómo cientos de niños con tensiones cerebrales han aprendido a leer a los tres y cuatro años y se pregunta qué está pasando con los niños normales que aprenden a leer a los siete años, después de dos y tres años de asistir al colegio. Si el gobierno no mira objetiva y científicamente el problema y no introduce estos métodos en guarderías y escuelas públicas, la educación será cada vez más elitista y la brecha entre niños pobres y niños ricos crecerá más.

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