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Opinión

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La educación colombiana tiene un foco claro: el norte global. Esa es la razón por la cual sabemos más de lo que sucedió en la revolución industrial y la francesa que la mexicana o la india. ¿Qué tal si lo que conocemos como el sur se convierte en nuestro “norte”? o ¿antes estudiar exclusivamente lo que sucede en el “primer mundo” nos concentramos también en conocer el propio?

Por lo menos por dos razones llegó la hora de voltear  la brújula. En primer lugar, los países del sur vivieron la experiencia del colonialismo y muchas de sus huellas siguen indelebles hoy. Algunas fueron impresas con un impulso brutal de violencia que aún se reproduce, aunque de forma silenciosa e inadvertida. 

Casi todos los países colonizados hablamos mayoritariamente español, francés, portugués o inglés, el idioma de nuestros colonizadores. Sin embargo, esto le costó al mundo una riqueza lingüística y cultural incalculable.  Hoy, las lenguas indígenas o tribales siguen siendo reprimidas o desdeñadas y en todo caso, poco admiradas y estudiadas. 

También, por la experiencia de la colonización, se crearon discriminaciones históricas en contra de grupos sociales determinados, que con el paso del tiempo se han alimentado de estereotipos y prejuicios sociales. No es por azar que por ejemplo hoy en día la población afrodescendiente tenga más dificultades para acceder a un trabajo. De acuerdo al Observatorio de Discriminación Racial, en Bogotá, 21 de cada 100 personas mestizas son llamadas a entrevistas de trabajo mientras que el número de personas se reduce a 9 cuando son afrodescendientes. 

En segundo lugar, en los países del sur, se viven hoy los mayores conflictos socioambientales del mundo. En parte, porque hacia ellos se expande la frontera de la explotación económica. La mayoría de nuestros países han entrado dentro del mapa mundial representados por un recurso natural: oro, carbón, agua o madera. Junto a la explotación de los recursos naturales han llegado los efectos sociales que trae este tipo de economía, los cuales se materializan en la contaminación del agua, la deforestación y la represión a los y las líderes sociales que se oponen a la explotación.  

Las similitudes entre las regiones del sur aumentan cuando se hace énfasis en las empresas que realizan las explotaciones. Si se mira con detenimiento, una misma empresa opera en muchos sures de manera simultánea. Para la muestra está la experiencia de las personas que en Sudáfrica, Colombia y Ghana luchan en contra de la explotación realizada por AngloGold Ashanti o las personas que se oponen a la expansión de Cargill en el amazonas paraguayo y brasilero. 
 
Si se logra voltear el mapa global, como lo propuso el artista uruguayo Torres García, se avanzará en la construcción de otro mundo posible pues, las realidades del sur son similares entre sí y las soluciones a las preguntas, no solo las teóricas, sino las que superan la prueba ácida de la realidad, no se están creando en el norte. De hecho, las respuestas creativas están siendo gestadas por los  movimientos sociales en el Sur Global y sus alianzas. 

Para avanzar en la descolonización y eliminación de la discriminación, hay que estar atentos a las gramáticas y formas de relacionarnos entre los seres humanos que construyen, por ejemplo,  los movimientos de mujeres y la comunidad LGBTI. A su vez, las preguntas a la agenda de la explotación están siendo respondidas por los movimientos campesinos, de indígenas y afrodescendientes que desde sus territorios están viviendo otras formas de usar los recursos naturales y relacionarse con la naturaleza. 

Para que pasen cosas diferentes hay empezar por dejar de hacer, pensar y enseñar lo mismo dentro las aulas de clase. Para vivir de otra manera es necesario que en las escuelas y universidades movamos el lente del norte, empecemos a mirar hacia los lados y convirtamos su sur en el norte de nuestra brújula. 

*Investigador del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad – Dejusticia. 
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