Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2009/12/18 00:00

Suráfrica para Suramérica.

Todo parece dispuesto para que los equipos de nuestro continente empiecen con pie derecho el Mundial 2010.

Andrés Garavito

Dice la canción que cuando Dios hizo el edén pensó en América y cuando las balotas del sorteo mundialista dictaminaron la suerte de sus equipos, la fortuna parece haberse puesto del lado americano, un continente que requiere con urgencia que uno de sus representantes obtenga la copa del mundo. Todo para mantener la ligera supremacía que sobre el fútbol europeo le ha caracterizado desde que se disputa el certamen.

Analizando la suerte de Brasil y Argentina, verdaderos candidatos para alcanzar el título, el que en apariencia la tiene más difícil, al menos en la primera fase, es el scratch. Portugal y Costa de Marfil, si bien parecen estar un escalón por debajo de los brasileños en su nivel, pondrán a sudar más que de costumbre a sus jugadores.

Los difíciles lusitanos de Cristiano Ronaldo, y el equipo más fuerte de África, al menos en el papel, podrían poner en aprietos a Brasil que a diferencia de mundiales anteriores, deberá dejarlo todo en la cancha para pasar la primera ronda. El comodín del grupo es la selección norcoreana, desconocida, y al parecer el rival más débil.

El caso es que el sorteo deja a Dunga con mucho que pensar. Detener o no al ya mencionado sex symbol, y a la mucho más aplomada estrella marfileña del Chelsea: Didier Drogba, puede marcar la diferencia entre volver a casa aclamado como héroe o catalogado como “burro”.

Por su parte Argentina, que en los mundiales anteriores se había acostumbrado a bailar con la más fea, deberá en esta ocasión enfrentar un grupo prácticamente calcado de aquel que enfrentó en Estados Unidos 94.

Nigeria, Grecia, y en esta ocasión Corea del Sur a cambio de Bulgaria, le revolverán seguramente los más amargos recuerdos al técnico argentino, Diego Maradona, quien en el mundial norteamericano fue sacado prácticamente como un criminal, en circunstancias que aún hoy generan controversia.

Como esa vez, Argentina no debería tener problemas para clasificar. En últimas sus rivales no son los de 2002 o 2006, sino Nigeria, que casi siempre se derrumba en la hora clave, la devaluada Grecia que ganó una Eurocopa en el año de los milagros (el mismo en que el Once Caldas ganó su Libertadores), y Corea del Sur que sin un árbitro como Byron Moreno que la arrastre a semifinales, será la cenicienta de siempre.

Entre los restantes equipos suramericanos, el más afortunado fue sin duda Paraguay. Pese a tener la desagradable tarea de enfrentar a Italia, el campeón mundial, los guaraníes completan su serie ante los poco prometedores equipos de Nueva Zelanda y Eslovaquia.
 
Y en honor a la verdad, ni los pastores de ovejas, ni los antiguos checoslovacos (no checueslovacos, señor narrador y comentarista) tienen sobre el papel equipo suficiente para igualar siquiera a los del “Tata” Martino.

Chile, por su parte cayó en el grupo F, más complicado pero no imposible, ante los españoles, que a 7 meses del comienzo del mundial ya se sienten campeones, y las selecciones de Suiza y Honduras. Grupo parejo en el que a nadie sorprendería si los australes -que un día le ganan a Italia, y al siguiente pierden con Nicaragua- clasifican o quedan por fuera. Mucho menos aterraría que fiel a su historia, y bajo el azote de su lengua, como en el 98, España hiciera el ridículo, mientras la celebración es de “sudacas” y “negros”.

Finalmente, quien sin dudas la tiene más complicada: Uruguay. Si todos sus partidos los fuera a pitar el árbitro de su encuentro eliminatorio en Quito, serían firmes candidatos al título. Al no ser así, es prácticamente seguro que estén de vuelta en Carrasco apenas termine la primera ronda.

Sudáfrica, que como local que se respete será llevado a segunda ronda cueste lo que cueste, Francia, con su versión postmoderna de la “mano de dios”, y el siempre complicado México, se la pondrán casi que imposible a la celeste que, pese a no estar futbolísticamente muy lejos de sus rivales, deberá apelar esta vez mas que a su garra charrúa a un verdadero milagro.

Así las cosas, la mayoría de equipos suramericanos tiene un camino despejado, al menos de entrada, para hacer un buen papel en el mundial, y por qué no, dar pie para soñar con que uno de ellos traiga a este continente su décima copa del mundo.

Colombia, bien gracias. Con su afición viendo el mundial por TV, y sus directivos tomando whisky frente al mar de Cartagena, mientras deciden si es mejor desempolvar del museo a Maturana o le dan una nueva oportunidad a Lara ¿Por qué no?.


 
 
*Andrés Garavito es coautor del libro El Bestiario del Balón





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