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Opinión

  • | 2001/07/30 00:00

    Suspicacias

    Montarles competencia a las compañías celulares en momentos en que dan pérdidas es políticamente incomprensible

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¿Es usted un celuadicto?

Para serlo se deben cumplir por lo menos los siguientes requisitos: saberse todas las funciones del aparato y tener mínimo una más que los demás. Tener un Celumóvil y un Comcel, porque la señal de uno entra mejor en unos sitios y viceversa. Ser una autoridad en lavarse las manos mientras aprieta el celular con el oído. No apagar el aparato ni siquiera en los entierros ni en los cines, y no darle pena que timbre. Bañarse corto porque es preciso que estando jabonado le va a entrar la llamada que espera. Hacer siempre la última llamada sentado en la silla del avión, y sólo apagar el teléfono a petición de la azafata. Saber ‘potiar’ mientras habla por celular. Tener servicio de vibrador. Tener ganchito para colgarse el aparato en el cinturón. Tener por lo menos tres pilas de repuesto. Tener estuche a la última moda. Tener tres o cuatro tapas de distintos colores. Tener o haber tenido el modelo de celular al que se le ven los intestinos. Y finalmente, importarle “un carajo” la cuenta mensual, que jamás debe ser de menos de medio paquete.

Si usted llena los anteriores requisitos es el clásico celuadicto que habrá aplaudido la propuesta del gobierno de abrir una subasta para adjudicar en Colombia una licencia de PCS (sistema de comunicación personal inalámbrica), que de entrada ofrece tarifas más baratas de las que actualmente los celuadictos de Colombia nos vemos obligados a pagarles a las multinacionales que explotan este negocio.

Pero a pesar de las ventajas que traería la competencia, me permito muy comedidamente —exponiéndome a que me linchen mis amigos celuadictos— pedirle al gobierno que no se abra esa subasta por las razones que expongo a continuación.

Yo no tengo duda alguna de que el procedimiento sería todo lo legal que debe ser, prioridad de la actual ministra de Comunicaciones, Angela Montoya. Y que está en su interés ofrecernos a los celuadictos opciones que nos permitan utilizar las nuevas tecnologías a mayor capacidad y a menor precio. Incluso existe la garantía de que el estudio del sistema PCS lo dejó hecho la anterior ministra María del Rosario Sintes, cuya probidad está a prueba de toda sospecha.

¿Entonces, por qué me atrevo a proponerle al gobierno que cancele los planes de abrir la subasta para una licencia de PCS en Colombia?

Por una sola razón: porque es totalmente inoportuna, y al ser inoportuna ha llenado la calle de suspicacias que flaco favor le hacen a un gobierno tan emproblemado.

Es inoportuna porque en la actualidad existen dos empresas con millonaria inversión extranjera que se están dando el lapo de prestar el servicio asumiendo las también millonarias pérdidas que por ahora arroja el negocio. Y aunque es indudable el éxito de la telefonía celular en Colombia, hasta ahora el mercado ha demostrado que ese éxito no ha alcanzado para convertir las inversiones en ganancias, algo bastante deseable en medio de un escenario de desempleados que claman a gritos para que no se cierren más empresas en Colombia.

Es cierto que las compañías celulares abusan con frecuencia de nosotros, los celuadictos, con truquitos tarifarios y contratos leoninos que en el pasado no permitían cancelar el servicio sino cuando a ellas se les daba la gana. Las regulaciones gubernamentales deben procurar día a día que el servicio sea lo mejor posible y los abusos vayan desapareciendo. Pero montarles la competencia del sistema PCS en momentos en que dichas empresas dan pérdida es políticamente incomprensible. Además, me dicen que dicha competencia ni siquiera se justifica porque el sistema PCS sea tecnológicamente lo más avanzado del planeta: en pocos años será desueto.

Si a eso se añade que faltando 10 meses para que se termine este gobierno una subasta de esta naturaleza quedaría echa a las carreras, la inoportunidad de hacerla es todavía más evidente.

El gobierno, ya bastante maltratado por la opinión por cuenta de las andanzas de ‘Tirofijo’, tiene un frente muy claro que cubrir: su fama moral. Hasta ahora, ninguno de los escándalos que han surgido han hecho carrera por falta de sustancia, a pesar de que no son pocos los que quisieran salpicar al presidente Pastrana de fallas morales que nadie le ha podido comprobar.

Pero es precisamente por eso que ese frente hay que cuidarlo. El anuncio de la subasta del sistema PCS, repito, ha llenado la calle de suspicacias. No importa el esmero, el cuidado, la legalidad con la que se maneje el proceso, que de entrada doy por descontados. Nada será suficiente para que una subasta tan inoportuna sea entendida bien por la opinión, que normalmente no necesita provocaciones de este estilo para imaginarse las peores cosas de sus gobernantes.

Suficiente tiene el Presidente con el manejo de estos últimos 10 meses de su gobierno para añadirle este frente de las suspicacias. Y lo único que tiene que hacer para controlarlo es no inventar cosas de última hora que enrarezcan las sensaciones de la opinión.

Aún está el gobierno a tiempo de evitar este escándalo cantado.
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