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Opinión

  • | 2012/09/26 00:00

    'Tacan burro' quienes promueven la revocatoria de Petro

    Si ciertos sectores en Estados Unidos no podían tolerar un presidente negro, en Bogotá algunos sectores no pueden transigir con un alcalde exguerrillero que encabeza la primera administración con una agenda de auténtica izquierda.

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Pueden tener razón quienes argumentan que a Gustavo Petro le ha faltado claridad en el modelo urbanístico, mas no en el de ciudad. También en que le ha faltado comunicar mejor sus logros, que ha tenido dificultades para perfilar su equipo o que tiene un estilo personal beligerante. Pero de ahí a promover su revocatoria como lo han manifestado algunos representantes a la Cámara no solo es ‘tacar burro’, sino al final generar un efecto bumerán en favor de su gestión. Desconocen esos representantes varios de los fundamentos del mandato que recibió el Alcalde, los tempranos logros de su administración, la consistencia de sus actuaciones y la legitimidad que revisten entre los jóvenes y los sectores populares.
 
La ráfaga de críticas de algunos medios de comunicación y el ahora temerario globo de revocarle el mandato están dejando al desnudo el inocultable deseo de algunos sectores de que le vaya mal y la radical oposición al burgomaestre. Parece una calcada analogía de lo que fuera la oposición del Tea Party y los Republicanos, ahora desdibujada, en los dos primeros años del gobierno de Obama.
 
Si ciertos sectores en Estados Unidos no podían tolerar un presidente negro, en Bogotá algunos sectores no pueden transigir con un alcalde exguerrillero que encabeza la primera administración con una agenda de autentica izquierda. Valga precisar que lo de Garzón fue un embeleco dicharachero con mensajes ambiguos a los sectores pudientes de la ciudad, en el que se retomó el clientelismo, y lo de Moreno ya sabemos en qué terminó.
 
Con alta probabilidad buena parte del 60 por ciento de los encuestados que dicen tener una imagen desfavorable del alcalde no tienen en esencia una negativa predisposición hacia el mandatario. Más bien han estado imbuidos por líderes de opinión que enarbolan prejuicios. Son entonces márgenes de oposición reversibles, que bien se pueden decantar por apoyar al mandatario en la medida en que avance su gestión.
 
Y aunque el alcalde no la tenga fácil, aunado al reto de acertar en el diseño de las grandes obras de infraestructura, una cosa son los reales desafíos y hechos de su administración y otras las aprensiones que inducen a error en las amorfas iniciativas de sus opositores.
 
En cuanto a hechos. El alcalde ha sido exitoso en reducir en muy breve tiempo la tasa de homicidios de la ciudad a una de las más bajas de la historia, impulsada además por un mensaje que cala a nivel nacional como es la política de desarme. La rebaja a las tarifas del agua de los estratos 1 y 2 no solo apuntó a aliviar la carga de gasto de los sectores más pobres, acorde con lo aprobado en el Plan de Desarrollo, sino que perfila la discusión sobre el alto costo de algunos servicios públicos y el empañamiento que eso tiene en la competitividad de la ciudad. Lo mismo sucedió con las tarifas de Transmilenio, una decisión que legitimó el sistema de transporte, y en el que aún está pendiente la renegociación de los contratos con los operadores privados para ahorrarle los subsidios a la ciudad. En materia de movilidad, y aunque falta mucho por hacer, sus primeras medidas le han dado resultado.
 
Llama la atención cómo el alcalde ha ganado rápido respaldo del Gobierno Nacional a controvertibles iniciativas de su administración como la creación de centros de consumo controlado de drogas o, a última hora, a la negativa a la venta de agua en bloque a los municipios de la sabana. Una posición polémica, pero de avanzada que apunta a planificar y hacer sostenible el uso del recurso hídrico para evitar lo peor de las sequías.
 
Así, el arraigo en la legitimidad del gobierno de la ciudad no se va a corroer porque unos cuantos representantes u opositores sin arrastre pretendan pescar en río revuelto. El Alcalde recibió el mandato claro de romper con las corruptelas y el clientelismo de su antecesor y, aunque ciertos favorecimientos a algunos camaradas podrá haber en su administración, en esencia no se ha movido un ápice de ese precepto. No solo continuó con las denuncias de corrupción en los hospitales de la ciudad, con el esfuerzo de poner en cintura su manejo, sino que es positivo para la ciudad que los órganos de control hayan quedado en manos poco amistosas. Eso sin contar que en la Veeduría haya escogido a una persona independiente.
 
A pesar de que el Alcalde ha tenido inconvenientes para pulimentar su equipo de trabajo y que incluso quienes están llamados a defenderlo desde el Concejo le lanzan dardos acerca de su supuesta falta de liderazgo, los tempranos logros de su administración tienen neutralizados a los más sensatos de sus críticos.
 
Varios de los cuestionamientos que se le hacen al Alcalde no son necesariamente una desventaja, como aquel de su estilo pendenciero, pues impulsar una genuina agenda de izquierda en la ciudad exige ciertas dosis de beligerancia, más cuando la oposición se torna en obstruccionismo. Los contradictores del Alcalde Petro no deben olvidar que tanto la sensatez y el bien de la ciudad son principios que deben regir el ejercicio de la oposición. De lo contrario y a la larga, iniciativas temerarias de revocatoria del mandato quedan en un mero pataleo que al final el elector castiga. Este entenderá que además de gobernar el Alcalde hubo de afrontar el ensañamiento de sus contradictores.
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