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Opinión

  • | 2010/06/24 00:00

    ¡Tecnócratas al poder!

    El programa económico de Juan Manuel Santos deja más preguntas que respuestas. ¿Podrá Juan Carlos Echeverry, con su formación técnica, lograr lo que el gobierno Uribe sólo alcanzó a imaginar?

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Juan Carlos Echeverry, Ministro de Hacienda y Crédito Público del presidente electo, Juan Manuel Santos, no es un político avezado ni una cuota burocrática del gobierno Uribe. Es un técnico de corte similar al de Rudolf Hommes, apegado a modelos académicos y a la teoría económica. Su gran reto: adelantar programas y políticas para cumplir con lo que parecen promesas de campaña imposibles de realizar.

El Presidente electo ha comenzado a alejarse de su predecesor en la elección de sus colaboradores. A diferencia de Óscar Iván Zuluaga, quien tiene más peso político que académico, con una maestría en economía y finanzas de hace más de dos décadas, Juan Carlos Echeverry es doctor en Economía, antiguo decano de Economía de la Universidad de los Andes y tiene una amplia trayectoria en el sector público, donde ha trabajado en entidades tan relevantes como el Banco de la República y el Departamento Nacional de Planeación. Con un perfil absolutamente técnico asume una de las carteras críticas para el país en el próximo cuatrienio.

No son pocos los retos a los que se enfrenta el nuevo Ministro: desempleo, poco crecimiento económico y la amenaza de la enfermedad holandesa que tanto ha dado de qué hablar después de los debates televisados. Las propuestas del Presidente electo, por su optimismo, más parecen vacías promesas de campaña que un programa económico realista. Así, la titánica tarea del doctor Echeverry es convertirlas en realidad.

En el tema de desempleo, que alcanza el 12,2% de la población económicamente activa, la propuesta sobre el papel es crear 2.400.000 nuevos empleos y formalizar a medio millón de trabajadores informales. Recordemos que el gobierno Uribe logró crear poco menos de un millón de empleos en ocho años. Así, lograr esta meta equivaldría a reducir el desempleo al 9% en 2014. Esta estrategia se apoya en grandes supuestos, como duplicar las áreas sembradas y la exportación de productos agrícolas. Además, propone apoyarse en la formación de nuevas empresas, asumiendo que todas llegarán al tercer año de vida financiadas con subsidios del Gobierno y tarifas escalonadas de impuestos. Sólo esto requeriría una reforma tributaria, que además debería incluir la eliminación de subsidios al capital que también propone Santos.

En el tema de crecimiento económico se lanzó una cifra: 6,5% como meta de crecimiento promedio durante los próximos cuatro años. Esta cifra no tiene mucho sentido si se compara con el crecimiento económico de los últimos ocho años, que ha sido en promedio del 4,31%, y sobre todo si se tiene en cuenta que la crisis financiera internacional, que ha redundado en un retorno a una política proteccionista por parte de nuestros principales socios comerciales, ha hecho que en los últimos dos años el PIB haya crecido sólo el 1,4% en promedio. Recordemos que el crecimiento esperado de Europa es de sólo el 1% y que EE. UU., en el mejor escenario, podría crecer el 3%. Es bastante contraintuitivo que nuestro país pueda crecer 2 puntos porcentuales por encima del crecimiento esperado de América Latina, en una coyuntura en que la salida de la crisis financiera no es aún tan clara. La respuesta del nuevo ministro: petróleo, minería, agricultura y mayor competitividad.

Hablar de mayor competitividad nos lleva a pensar en grandes obras de infraestructura que toman tiempo y cuestan dinero. No sólo está presente el problema de la financiación de las mismas cuando hay una promesa de campaña de no aumentar impuestos. La pregunta más importante radica en cómo mejorar la competitividad en el corto plazo, con obras que tardan mucho más tiempo del programado y un peso que cada día se fortalece más frente al dólar y al euro. Este tema no se abordó durante la campaña y mucho menos en los programas de los candidatos.

Hablar de petróleo, minería y agricultura como “locomotoras de crecimiento” a través de un incremento sustancial en las exportaciones nos conduce al tema de la temida enfermedad holandesa. Esta se presenta cuando un flujo incrementado de divisas redunda en una apreciación de la moneda lo que deteriora la competitividad de los productos nacionales en los mercados extranjeros. Aquí se inicia un círculo vicioso en el que una mayor apreciación del peso frente al dólar o el euro se traduce en menor competitividad, en exceso de importaciones y por tanto atenta directamente contra el crecimiento. A menos que se instrumenten fondos de estabilización en los que se pueda depositar la mayor parte de las divisas para evitar que estas entren al país, el círculo no se rompe. Sin embargo, Santos el candidato le formuló la pregunta a Noemí Sanín, pero no ofreció a los votantes una respuesta.

El programa de gobierno del nuevo Presidente nos deja con más interrogantes que respuestas claras. Así, su realización deja de ser un tema de habilidades técnicas y modelos bien desarrollados y se convierte en una problemática de coyuntura internacional y de interacciones entre los distintos sectores económicos. Por ahora sólo tenemos un listado de buenos propósitos que se vuelven contradictorios y que, aparte de llevarnos a los lugares comunes, nos dejan preguntándonos: ¿Será posible lograrlo? 



* Profesional en Finanzas y Relaciones Internacionales. Master of Science en finanzas de la Universidad Pompeu Fabra. Profesor Investigador Cipe – Universidad Externado de Colombia. germanf.forero@uexternado.edu.co  

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