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Opinión

  • | 2014/09/10 00:00

    Terquedad de Petro y malla vial

    Con la máquina ‘tapahuecos’ se esperaba que, en cuestión de días, hiciera lo que la terquedad de Petro no dejó hacer en meses y hoy la ciudad paga los platos rotos.

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Puede ser cierto que la máquina ‘tapahuecos’ haya podido servir para tapar los 220.000 huecos que tenía Bogotá censados por la Unidad de Mantenimiento Vial en el momento en que fue traída. El problema no es la efectividad de este artefacto, sino la manera como se adquirió, hecho que ha sido motivo de denuncias y señalamientos a funcionarios de la administración distrital, y el burgomaestre parece no entenderlo. Quien paga los platos rotos son las calles en los más de 5.000 barrios que tiene la ciudad.

En la forma en cómo se actúa y se trabaja están los inicios a los problemas que hoy padece la capital, hecho que ha terminado por complicar los procesos, por ejemplo el que tiene que ver con la recuperación de la malla vial, al punto en que hoy día la ciudad luce como en los años 80.

De nada sirvió el esfuerzo para convocar a los Cabildos Distritales y darle prioridad a las quejas de la ciudadanía, una de ellas el atraso en la recuperación de la malla vial, si hoy por hoy los huecos en los barrios aumentan día a día. 

Podría concluir diciendo que el esfuerzo descomunal que se hizo para dialogar con los habitantes en las localidades, y la posterior promesa de que se estudiarían un total de 5.115 segmentos de malla vial local y la posterior orden a las localidades a través de la directiva 005 de 2012, de destinar el 40 % de sus recursos para tales fines, no sirvieron de nada a juzgar por los resultados que al día de hoy se pueden palpar.

Debo ser justo y aclarar que la mayor responsabilidad de tan mala gestión no es de los funcionarios de la administración distrital que tienen que ver con este tema, sino de la cabeza de la Alcaldía Mayor de Bogotá, a quien se le ocurre la brillante idea de centralizar en la Secretaría de Gobierno. Esta entidad cumple funciones políticas en el distrito capital, y tiene la facultad para decidir a qué calle o carrera se le debía hacer el respectivo mantenimiento de la malla vial en los barrios, creando además una planta de personal administrada por esta entidad, pero que trabajaría en las alcaldías locales, dedicándose a la ejecución de las obras. De semejante esperpento nos vino a salvar un concepto del servicio civil que le recordó al burgomaestre cuales son las funciones de la Secretaría de Gobierno.

Sin embargo, Petro insistió en su idea y se ingenió el Convenio Interadministrativo 1292 de 2012 del que hicieron parte la Secretaría Distrital de Gobierno, la Secretaría Distrital de Movilidad, el IDU, la Unidad Administrativa de Rehabilitación y Mantenimiento Vial, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, el Jardín Botánico José Celestino Mutis y el  Idiprón, quienes debían decidir a qué calles se les daba prioridad. 

Los pésimos resultados de semejante idea fueron denunciados en distintos medios de comunicación, incluso la misma Veeduría Distrital advirtió su inconveniencia, porque es claro que pasarían mucho tiempo en discusiones y reuniones para ponerse de acuerdo en cómo dar inicio al tema. Esto evidentemente sucedió porque la primera obra, entre un total de 2006 aprobadas, comenzó en el segundo semestre de 2013. La administración discutió durante año y medio si reconstruía una calle u otra.

El experimento no dio resultado y se devolvió la facultad a las localidades para contratar y ejecutar la recuperación de la malla vial en los barrios de la ciudad, con el tiempo en contra como era de suponer, y como dice el viejo y conocido refrán “del afán, no queda sino el cansancio”.

Aparece entonces la idea de la máquina ‘tapahuecos’ para que en cuestión de días hiciera lo que la terquedad de Petro no dejó hacer en meses, con tan mala suerte que nuevamente hoy la ciudad paga los platos rotos. No solo por la manera tan particular como se contrató este artefacto, sino además porque hoy se escuchan denuncias desde el Concejo de Bogotá por supuesta violación del principio de selección objetiva al entregar a dedo el contrato 543 por 16.500 millones de pesos, para alquilar con la firma Renting de Antioquia S. A. S. – Rentan S. A. S., maquinaria, operarios y combustible para mantenimiento de la malla vial en las 20 localidades de la ciudad en las localidades.

El alcalde insiste en su argumento de que todo lo que se dice en los medios de comunicación “es una persecución política en su contra”, pero qué hacemos ante tanta improvisación. ¿Nos quedamos callados doctor Petro? ¿Nos volvemos cómplices de su terquedad y dejamos que Bogotá se atrase más y más?

Una cosa sí queda claro y es que para administrar bien la capital, no basta con ser honesto. Es necesario tener claro un modelo de ciudad al que se le pueda apostar, sin tener que atropellar lo que hasta el momento se ha logrado, pero sobre todo, atender las recomendaciones y gobernar con humildad, palabra que parece no conocer Gustavo Petro.

Cambiando de tema: Es hora de que la Defensoría del Pueblo deje de ser una voz que nadie escucha, ni atiende, entre otras porque no tiene facultades sancionatorias. Ha llegado el momento de dárselas.

En Twitter: @sevillanojarami
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