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Opinión

  • | 1997/01/13 00:00

    THE MAN OF THE YEAR

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El hombre se llama Myles Frechette, y es a mi juicio el personaje del año en Colombia. Es posible que a la gente le esté dando vueltas en la cabeza el nombre de Horacio Serpa o el del propio presidente Samper, o incluso el de Alvaro Uribe Vélez, gobernador de Antioquia.Los debates internos en los medios de comunicación son más apasionantes y apasionados de lo que el lector-oyente-televidente registra al enterarse de la decisión editorial final. La discusión en SEMANA para escoger a Ernesto Samper como personaje del año fue bastante fuerte. Para algunos el verdadero personaje constituido como tal durante el año fue el ministro Horacio Serpa. Su lealtad a toda prueba, el tono frentero y a la vez operático de sus discursos, su innegable importancia en el sostenimiento en la silla del presidente Samper, la agresividad de sus palabras contra Estados Unidos, su capacidad para estar en medio de todos los debates y acusaciones que se registraron durante el año y, por supuesto, su carácter de candidato del samperismo, invitaban a mostrar su mostacho santandereano en la portada.La tesis en favor de Samper no era menos interesante. A pesar de que el mandatario suele estar fuera de concurso por la importancia de su cargo, la batalla por mantenerse en el poder y luchar contra viento y marea en lo que parecía una renuncia inminente hace seis meses, hizo que la figura de Samper no fuera vista con los ojos con que se juzga a un presidente en términos corrientes.El nombre de Shakira también se menciona mucho, y nadie puede negar que la cantante barranquillera tiene méritos más que sobrados para ser escogida como la figura del agonizante 1996. La brisa refrescante que significa la figura de esta mujer, en medio de la jartera, tensión y división en que se encuentra la política doméstica, es una delicia.Pero me sostengo. El tipo es Frechette. El embajador de Estados Unidos hizo recordar con sus actitudes los momentos más duros de las relaciones de Colombia con Estados Unidos, aun durante aquellos en que los gringos le echaron mano a Panamá. Hay aún quienes sostienen que en esas épocas la cosa era menos dura que ahora.Las características personales de Frechette, además, ayudaron a que la figura del representante del Tío Sam en esta tierra fuera mucho más notoria. Pero está claro que en su calidad de embajador, Frechette no es otra cosa que el ejecutor de una política trazada en Washington, y resultaría una ingenuidad pretender que el tono de nuestras relaciones dependa de los gestos improvisados por el representante gringo en Colombia. Lo que ocurre es que a Frechette le tocó en suerte ser el embajador de turno en el peor momento de las relaciones entre los dos países. Lo cual lo hace el foco natural del debate y, a mi juicio, el personaje del año por ese mismo motivo.No me parece cierto que Frechette sea anticolombiano, como a veces se dice por ahí. Al contrario. Por los comentarios de personas que lo frecuentan, se diría que el hombre la pasa muy bien en el país y que tiene buenas relaciones con la gente. Lo que ocurre es que la política de Estados Unidos es antisamperista en lo que tiene que ver con Colombia, y salida de madre en términos generales en relaciones internacionales. Algo mejorará ahora con la aprobación de la ley de extinción de dominio, pero el odio hacia Samper es de tan hondo calado en Washington, que yo diría que casi nada va a cambiar de aquí a que el Presidente abandone su cargo, en una fecha incierta entre hoy y el 7 de agosto de 1998.Quién sabe cuánto tiempo durará el embajador Myles Frechette en Colombia. He oído que puede regresar a su país antes de que termine el primer semestre del año entrante. Lo que sí es seguro, es que no importa quién sea su reemplazo, el discurso y la actitud del nuevo representante estadounidense tendrán las mismas características que tiene hoy la presencia diplomática de Frechette.Pero con este o con el próximo embajador, solo un cambio sustancial en la lucha contra el narcotráfico en Colombia variará su actitud frente a nosotros. Ese cambio se podría presentar si, además de la ley de extinción de dominio, el gobierno logra comprometer al Congreso en la aprobación de un régimen severo de penas para narcos y lavadores. De lo contrario, la postura de los gringos será tan fuerte el año entrante, que habrá que elegir a Frechette, o a quien lo suceda, como el personaje del año 1997. nn No me parece que Frechette sea anticolombiano. Se diría que el hombre la pasa muy bien en el país y tiene buenas relaciones con la gente
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