Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1996/09/09 00:00

TIC, TAC... TIC, TAC...

TIC, TAC... TIC, TAC...

Al paso que van las cosas, los demas problemas del gobierno incluido el proceso 8.000 parecerán juegos de niños al lado de la crisis de los campesinos cultivadores de coca en el sur del país. A la hora de escribir esta columna no se han registrado enfrentamientos grandes entre los campesinos y la fuerza pública. Salvo los episodios, de por sí muy graves, en los que han muerto cerca de cuatro personas, la bomba de tiempo no ha estallado. Hago la salvedad de la hora en que escribo, pues en el estado en que están las cosas en Puerto Asís, en cualquier instante se arma una pelotera de consecuencias incalculables.Ya hay cerca de 30.000 campesinos instalados en las calles de la capital del Putumayo, sin reservas alimenticias, con los primeros brotes de epidemias por las pésimas condiciones sanitarias de un asentamiento improvisado de semejantes proporciones y, lo que es peor, en un grado de excitación e irascibilidad propicio Para el estallido de la violencia.Alrededor de los campesinos hay tres cordones militares, de Policía antimotines, Policía Militar y Ejército, sobre los cuales están concentrados los ojos de la opinión pública para ver en qué momento disparan sobre los manifestantes.El problema de esa región del país es de carácter social, pero su detonante no lo fue. La organización de las protestas coincidió con una operación militar muy grande, con el sugestivo nombre de 'Conquista', para impedir el uso del cemento y la gasolina en el Guaviare. La medida surgió de una orden del consejo de estupefacientes para disminuir la presencia de elementos utilizados para el procesamiento de la cocaína. "Es insólita _comentó una fuente_ la presencia de una gran cantidad de tractomulas con cemento en una región del país que casi no tiene casas de ladrillo".Ahora el problema parece no tener solución. Desde el punto de vista social, se le está pidiendo a un conglomerado humano que deje de ganar plata con los sembrados de coca a cambio de dedicarse a sembrar productos que no tiene cómo vender. Además, los campesinos piden el cumplimiento inmediato de promesas del pasado, sobre obras e infraestructura vial, de energía y hospitalarias, que se han quedado en el papel.Desde el punto de vista del gobierno, hay un bandazo frente al planteamiento original del problema, pues la diferenciación anterior entre cultivos de más y de menos de dos hectáreas, para efectos de fumigación, se enfrentó con el problema de que por ese camino se llegaba al absurdo de que la misma actividad era delito en unos casos pero en otros no. A eso se le suma que la fumigación de la coca es uno de los pocos hilos existentes en la debilitada relación entre Colombia y Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico.Desde el punto de vista militar la situación no es menos grave. Algunos de los altos mandos militares han comparado en privado este episodio con el del Palacio de Justicia. "Se trata de dos eventos en los que los políticos crean las situaciones y los militares cargamos con la culpa por las soluciones inevitables", dijo un general. "La diferencia agregó es que en el caso del Palacio de Justicia el gobierno puede alegar válidamente que los militares entraron al Palacio y el Presidente no los pudo sacar. En este caso, no".Los militares se sienten contra la pared porque el manejo del asunto está por encima de sus capacidades. No porque no tengan la fuerza física para enfrentarla, en caso de necesidad, sino porque ante la eventualidad de una multitud amotinada es poco lo que se puede hacer, si se tiene en cuenta que jurídicamente no están facultados siquiera para detener personas.La solución, en todo caso, está a largo plazo. Incluso si el gobierno decide pagar a los cultivadores los nuevos productos al mismo precio de la coca, el problema no se resuelve ya.En vista de que buena parte de esas tierras, en especial las del Caquetá, no son buenas para cultivar otros productos distintos a la coca, y en virtud del carácter desarraigado de muchos de los colonos, la solución a largo plazo podría ser la de reubicar la gente en tierras más fecundas, por ejemplo del Meta o del Arauca, a través de un plan a cinco o 10 años.Lo cierto es que para evitar un derramamiento de sangre de proporciones gigantescas, hay que salir con una solución que tenga también dimensiones descomunales.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.