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Opinión

  • | 1986/06/16 00:00

    TICS DE LA DEMOCRACIA

    Desde entonces pocos ciudadanos han notado que vivimos sometidos a las excepciones del artículo 121 de la Constitución

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De tanto declararlo y declararlo, el estado de sitio se ha vuelto una medida "gastada" en Colombia.
Hace años que nuestros gobiernos se resignaron a que no se les ocurriera nada más ingenioso que dar rienda suelta al artículo 121 de la Constitución, para conjurar las turbaciones del orden público. Pero el estado de sitio ya no impresiona a ningún ciudadano. Y qué decir de que otorgue una sensación de seguridad. Por el contrario, el estado de sitio se ha convertido en una medida de impotencia del gobierno. Se decreta cuando se resuelve que ya no hay nada más que hacer, aunque haya.
El estado de sitio se ha convertido en Colombia en un tic de nuestra democracia.
Ahora se nos ha avisado que las elecciones del próximo domingo, se harán bajo los efectos del estado de sitio. ¿Escuchó alguien alguna queja, alguna protesta, alguna palabra de preocupación, alguna pregunta, alguna interjección, acaso alguna frase melancólica por parte de algún ciudadano? No.
Para los colombianos, la vida siguió siendo la misma después de la declaración del estado de sitio. Así que, si daba lo mismo que se impusiera o no la medida, pues ahora da lo mismo que la deroguen o no.
Pero eso es en el interior del país.
Porque en el exterior, siempre resulta un poco molesto. Celebrar elecciones en estado de sitio es un afiche que circula por el mundo como los de la Corporación Nacional de Turismo. Pero en lugar de invitar a los turistas al visitar el país, los invita más bien a que se abstengan de hacerlo en la medida de lo posible. Es un afiche que pinta a Colombia con atardeceres antidemocráticos playas totalitarias y paisajismo militar.
Quizás los ciudadanos, por razones entendibles, se hayan olvidado del origen de la declaratoria del estado de sitio de turno. La anécdota casi, casi que podría vendérsele, si no fuera por lo trágica, a los realizadores de los modernos musicales "Jesucristo superestrella" y "Evita Perón".
La historia se remonta al día en el que mataron al ministro Lara Bonilla. ¿Qué hace un gobierno cuando le asesinan a un ministro? Pues convocar un consejo de ministros.
Se reunieron, pues, los ministros y el Presidente. Y duraron reunidos toda la noche, hasta que se agotaron las noticias radiales sobre el vil asesinato.
Afuera aguardaban los periodistas y el resto del país.
Resolvieron hacer, pues, lo único que le queda por hacer a un consejo de ministros que se ha reunido toda la noche: declarar turbado el orden público y decretar el estado de sitio.
Desde entonces, aunque es probable que pocos ciudadanos lo hayan notado, vivimos sometidos al régimen de excepción del artículo 121 de la Constitución.
Y en virtud de ese tic de nuestra democracia el Presidente puede dictar actos legislativos, aunque entre eso y un rábano exista, para el colombiano promedio, la menos perceptible de las diferencias.
También se ha limitado la justicia ordinaria y ampliado la militar, que garantiza procesos rápidos para los delitos causantes de la alteración del orden público, en este caso el narcotráfico. Pero los asesinos intelectuales del ministro siguen en la impunidad, de manera que la "teoría del rábano" es igualmente aplicable a este caso.
Las demás autorizaciones que otorga la activación del artículo 121 de la Constitución tampoco han hecho mucha diferencia.
No se ha decretado el toque de queda, no se ha prohibido el expendio de licores, no se han prohibido las manifestaciones, los desfiles, las reuniones públicas. Tampoco se ha limitado el ejercicio de la libertad de prensa, aunque la declaratoria del estado de sitio otorga al Presidente la facultad de establecer controles para su ejercicio.
Entonces, ¿para qué ha servido el estado de sitio?
Parece que para nombrar dos investigadores que investigaran los hechos del Palacio de Justicia.
Del resto, lo que se puede hacer contra la guerrilla y contra la mafia es igual con o sin estado de sitio.
Ahora, cuando la situación de orden público permite pensar que podríamos evitarnos el bochorno de tener elecciones bajo estado de sitio, resulta que los dos investigadores se colgaron en la investigación. Debían haber entregado su informe la semana pasada, y ahora como que lo entregarán la semana que viene. Y esto ha sido suficiente, créanlo o no, para que el gobierno haya tomado la decisión de aplazar el levantamiento de la medida.
Celebraremos, pues, elecciones con este tic de nuestra democracia. Sólo nos queda esperar a que el 25 de mayo, que cae este domingo, el país escoja un Presidente sin tics. Ni en la visión, ni en el cerebro.--
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