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Opinión

  • | 2006/05/13 00:00

    Tiene razón Uribe

    El Presidente tuvo razón cuando -tal vez sin proponérselo- señaló la diferencia con otros casos: fue el propio general Naranjo quien le contó al país lo que pasaba

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Aunque casi nunca he estado de acuerdo con el señor Presidente, esta semana debo hacerle un reconocimiento. Respeto y comparto su actitud frente a la detención del hermano del director de la Dijin en Alemania.

El presidente Uribe, al manifestar su respaldo al general Óscar Naranjo, dijo: "El gobierno aplaude que una dificultad familiar se sepa por el propio general Naranjo, en un gesto patriótico que lo enaltece".

Óscar Naranjo es uno de los policías más brillantes en la historia de Colombia. Su trayectoria está llena de logros en la lucha contra los delincuentes. Gracias a su trabajo, han caído varios capos y están en jaque otras organizaciones de narcotraficantes.

Ha entregado 30 años al servicio policial, arriesgando su vida y la tranquilidad de su familia.

Por años ha vivido bajo el acecho del hampa. Varias veces han intentado matarlo. Además, hace un tiempo trataron de aniquilarlo moralmente.

Ha sido costumbre de la mafia -desde el caso Lara Bonilla hasta nuestros días- emprender campañas de desprestigio contra quien los descubre y los denuncia.

Óscar Naranjo también fue víctima de una de esas operaciones infames. Torcieron circunstancias, manipularon evidencias y armaron un montaje que por unos días puso a dudar a algunos, de aquí y de allá.

Naranjo respondió todos los interrogantes que le formularon y terminó descubriendo quiénes estaban detrás de la trama para acabar con su honra. Contra el pronóstico de muchos, salió bien librado del complot para enlodarlo.

En diciembre del año pasado alcanzó su primera estrella como general. Ese fue un día feliz para él y los suyos. Recuerdo la foto de su padre sonriendo a su lado.

El general retirado Francisco José Naranjo tenía puesto su mejor vestido para la ceremonia.

Meses antes tuve el privilegio de conocer al general Naranjo padre. Lo recuerdo al volante de un modesto y añejo carro familiar, dirigiéndose a una compañía de televisión por suscripción, para hacer un reclamo.

Me impresionó que ese jubilado de aspecto discreto, con un fólder debajo del brazo, fuera el mismo Director de la Policía Nacional que contrató la construcción de la sede de la institución en el CAN y del hospital de la Policía.

Recordé las lujosas propiedades de otros generales y valoré el contraste.

Esta semana la familia Naranjo vive la peor experiencia de sus vidas. El menor de los hijos del general retirado, el hermano del general activo, fue capturado con drogas en Alemania.

El director de la Dijin, la policía técnica y judicial de Colombia, habría podido optar por el camino fácil del silencio. Incluso las autoridades alemanas así se lo habían recomendado.

Sin embargo, Óscar Naranjo procedió con la entereza de una persona íntegra al revelar el episodio que lo llena de tristeza y de vergüenza.

Me duele que esto le haya pasado y que pueda perjudicar su carrera. Y me duele también que haya gente que quiera meterlo en el mismo saco con otros personajes que buscaron ocultar sus vínculos familiares y las andanzas de sus hermanos.

El Presidente tuvo razón cuando -tal vez sin proponérselo- señaló la diferencia con otros casos: fue el propio Naranjo quien le contó al país lo que pasaba.

No es el mismo caso de José Obdulio Gaviria, por ejemplo. Él decidió no mencionar los antecedentes de sus hermanos hasta cuando la prensa los descubrió.

"Ellos hubieran preferido mantener esto en el olvido o en el silencio", explicó. Por lo demás, uno de esos hermanos ha recibido contratos de la Presidencia y fue nombrado en una dependencia de la Casa de Nariño, donde José Obdulio es asesor del jefe de Estado.

Algo va de una actitud a otra.
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