Lunes, 23 de enero de 2017

| 2004/10/17 00:00

Tira y afloje

Cuando por fin tenemos un Presidente con fuerza para imponer el bien común, le da por usar esa fuerza en quedarse con el cargo

Tira y afloje

El que viene atrás, que arree. Este principio del saber antioqueño le sirvió a Gaviria para abrir el hueco, a Samper para hacerlo una tronera y a Pastrana para pedir prestado hasta dejarnos al borde de la ruina.

Así que al presidente Uribe ya no le sirve el diLo primero es un hecho conocido. En el presupuesto del próximo año faltan 1,5 billones declarados, sin contar otros ocho billones que dizque vendrían de bajar la evasión y de privatizar activos que no valen. Hace dos meses el fisco se hizo cargo de las pensiones del ISS para este año, y el entrante deberá girar 3,7 billones -sin añadir que en sus propios jubilados gasta el Estado más que en salud o en educar a los niños de Colombia-.

Lo segundo también es conocido. Como no puede dejar a medias su tarea, el Presidente decidió quedarse otro período. Sólo que para eso necesita permisos y los permisos se los cobran caro.

Aquí está su dilema: si pisa callos no lo reeligen, y si no pisa callos su próximo gobierno será un tormento chino. Por eso tantas marchas y tantas contramarchas en materia de impuestos y pensiones.

Primero, a decir verdad, el Presidente pensó en cobrarles a los ricos. Fue la adición al impuesto de renta, eso sí, de carácter temporal y con destino a las Fuerzas Armadas. Pensó, también es cierto, en los zánganos que secan el erario. Fue la poda de corbatas, entidades y pensiones que pedía el fallido referendo.

Pero entre tanto, a punta de tener sustos, este gobierno adoptó tres reformas tributarias en cosa de tres semestres. Las dos primeras veces nos dijeron que eso acabaría el hueco, pero en diciembre pasado el Presidente anunció que la cuarta reforma sería "estructural" y que estaba presentando ante el Congreso el famoso proyecto de pensiones.

Pero entonces se apareció Noemí, Fabio dijo lo que dijo y el Presidente se dedicó a lo suyo. No era prudente, con Yidis y Teodolindo, menear los impuestos ni la pensión de los señores congresistas. Nadie quiso tomar nota, pero este simple atraso en la reforma del seguro social nos costó por los menos dos billones de pesos, medio Plan Colombia u 800 millones de dólares. Una cuota inicial nada modesta por reelegir al presidente Uribe.

Por otro lado sin embargo, la reforma tributaria 'estructural' seguía en camino. Hace poco decía Minhacienda que su proyecto iba a desmontar la exención del 30 por ciento sobre utilidades, la de las cuentas AFC, la de los fondos de pensiones y el ajuste por inflación, sin excluir gravámenes al patrimonio y quizás a la tierra. Después de haber creado 12 exenciones nuevas en los cuatro últimos años, por fin había un ministro decidido a tapar esos huecos que nos cuestan tres billones de pesos cada año.

Pero detrás de cada hueco existe un rico y detrás de cada rico hay muchos votos. Así que los señores del Palacio dieron ahí mismo con razones técnicas para quedarse con el IVA a los pobres. Que las exenciones generan empleo, que gravar a los ricos ahuyenta la inversión, que ya en Colombia tributan demasiado.

Lo que no dicen es que cualquier impuesto eleva el precio y disminuye la cantidad producida, baja el ingreso y sacrifica consumo o ahorro.

Lo que no dicen es que el arte de pisar sin pisar callos se reduce a dos principios bien establecidos: repartir el peso en muchos montoncitos y no pisar al que pueda pegar duro. Así lo han demostrado grandes analistas, aunque lo dicen de modo más enredado.

O sea que la reforma tributaria de Uribe no responde a los criterios de eficiencia y equidad que uno encuentra en los manuales. Responde al cálculo de conseguir la plata justa para sobreaguar y conseguirla sin hacerse a enemigos que tengan cierta capacidad de veto.

Otro tanto sucede con la reforma pensional, donde ya en el primer debate de la Cámara, el gobierno aceptó correr fechas hasta que se jubilen los actuales congresistas, eximirlos del tope de 25 salarios y no anticipar el régimen de transición. Esperemos más mejoras en los siete debates que aún le faltan.

Y así, cuando por fin tenemos un Presidente con fuerza para imponer el bien común, al Presidente le da por usar esa fuerza en quedarse con el cargo. Quizás es nuestro karma.

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