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Opinión

  • | 2012/02/10 00:00

    Tiranos y Tecnología: Cómo el mercantilismo occidental conduce hacia la censura y a las desapariciones

    En las últimas dos décadas, muchas compañías líderes en la tecnología de la información y de la comunicación han prestado sus servicios y vendido sus productos a gobiernos represivos, permitiendo que estos espíen a sus ciudadanos, censuren la información y anulen el disenso.

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En las últimas dos décadas, muchas compañías líderes en la tecnología de la información y de la comunicación (TIC) han prestado sus servicios y vendido sus productos a gobiernos represivos, permitiendo que estos espíen a sus ciudadanos, censuren la información y anulen el disenso. En muchos casos, esta situación ha contribuido para que los gobiernos despóticos identifiquen, capturen, encarcelen, torturen y, muchas veces, asesinen a sus opositores.

Antes de mencionar algunos casos específicos, es importante reconocer la labor de las compañías de TIC, las cuales nos han ayudado a construir un mundo más eficiente, interconectado y transparente. Las compañías de telecomunicaciones e informática nos brindan servicios y productos que han cambiado nuestras vidas: la banda ancha, el WiFi, el GPS, Skype, YouTube, Spotify, Amazon, los BlackBerries, la banca en línea, el streaming en vivo, los libros electrónicos, Facebook, Twitter y el iPhone. Estas empresas han acelerado el progreso en campos tan diversos como la agricultura, el periodismo ciudadano, la salud y el transporte público. Al mismo tiempo, procuran exponer otra faceta a través de programas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE).

La RSE es un lenguaje corporativo que utilizan las compañías para expresar lo que hacen por la comunidad. De manera frecuente, involucra hacer frente a problemas relacionados con daños al medio ambiente o la explotación laboral y, generalmente, implica donaciones en dinero o especie a organizaciones de caridad. Un elemento ignorado a menudo por la RSE son los derechos individuales, específicamente, la responsabilidad de proteger la libertad de expresión, la libertad de asociación y la libertad contra las detenciones arbitrarias.

En Estados Unidos (EE.UU.), luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, las compañías de telecomunicaciones AT&T, Bell South y Versión cooperaron con la Agencia de Seguridad Nacional para que, secretamente y sin previa autorización judicial, se vigilaran y archivaran comunicaciones telefónicas y por Internet de ciudadanos estadounidenses. Esto fue expuesto por los medios de comunicación y como consecuencia, actualmente se han presentado demandas contra estas empresas y contra el gobierno de EE.UU. por violar derechos individuales.

En las democracias liberales, cuando los derechos individuales son violados, existe por lo general un proceso de investigación pública y de reparación por los agravios. Este no es el caso en las sociedades cerradas.

Como ejemplo, la empresa estadounidense Ciscovendió al gobierno chino la tecnología para desarrollar lo que se conoce como el “Great Firewall”, un sistema gigante de filtros que impide a los ciudadanos chinos acceder a sitios de Internet que critican al régimen comunista. Hace unos años, Yahoo! le proveyó al gobierno de China las direcciones de correo electrónico de disidentes, que luego fueron utilizadas por el gobierno en su captura y condena, por difundir opiniones críticas del régimen a través de Internet. Esto generó para Yahoo! importantes consecuencias económicas fuera de China, por procesos abiertos en cortes extranjeras. De igual manera, se espera un caso internacional contra Cisco, que permita sentar un precedente de como los tiranos y la tecnología son una combinación tóxica.

La empresa sueca de telecomunicaciones Ericsson, proporcionó al dictador bielorruso Alexander Lukashenko, un sistema de telecomunicaciones con “capacidad estándar y lícita para interceptar” comunicaciones, que fue utilizado para crear un circuito de espionaje interno en el país. La empresa Blue Coat Systems, con sede en California, creó la infraestructura que la junta militar de Birmania utiliza para censurar información y monitorear a los civiles.

Equipos de la empresa Blue Coat Systems también son utilizados por el gobierno en Siria, para controlar la información y localizar disidentes. El régimen de Assad ha ejecutado a miles de manifestantes pro-democracia con la ayuda de la tecnología de vigilancia. NetApp, una gran empresa estadounidense que cuenta con más de 10,000 empleados y con un valor en el mercado de casi $15 billones de dólares, también produce sistemas de monitoreo los cuales están siendo utilizados por el gobierno sirio. La Comisión del Mercado de Valores de EE.UU. (U.S. Securities and Exchange Commission) ha investigado a la compañía en el pasado, debido a que según se informa, sus distribuidores habrían vendido dispositivos a las dictaduras en Cuba, Irán y Sudán.

La compañía canadiense RIM cedió a las presiones de los gobernantes de Arabia Saudita, y ahora permite a estos leer los mensajes encriptados de los teléfonos BlackBerry de sus ciudadanos. En Venezuela, Hugo Chávez ordenó a Intercable y DirecTV, dos compañías operadoras de cable de EE.UU., que dejaran de transmitir la señal de RCTV Internacional -canal de televisión crítico de su gestión- o que de lo contrario perderían todos sus negocios en el país. De este modo, RCTV pasó de ser el canal más visto de la televisión venezolana, colmado de noticias e información de importancia, a reubicarse y cumplir con las nuevas normas, sólo para una vez más ser eliminado de manera arbitraria como una opción para los consumidores hambrientos de información independiente del gobierno.

Resulta escalofriante que Nokia-Siemens vendió al gobierno iraní tecnología de telecomunicaciones que permite localizar y neutralizar activistas con mayor facilidad. Por neutralizar, quiero decir, identificar, capturar y ejecutar (por lo general en la horca). El gigante germano-finés también proporcionó equipos al gobierno de Bahréin, permitiendo al régimen de ese país revisar los mensajes de texto de disidentes.

Recientemente, The Wall Street Journal exploró la sede de los servicios de inteligencia de Muammar Gaddafi en Trípoli. Se descubrieron los restos de un complejo sistema de vigilancia construido con la ayuda de la firma francesa Bull SA. El régimen libio utilizaba el software de Bull para espiar y controlar a sus ciudadanos, grabando sus conversaciones telefónicas y registrando sus mensajes de texto. The Wall Street Journal también ha hecho públicos más de 200 documentos de 36 compañías, en los cuales se expone claramente el gran esfuerzo de las mismas por vender estos sistemas de vigilancia a gobiernos represivos.

En Egipto, Vodafone interrumpió sus servicios en Egipto por orden de Hosni Mubarak, quien estaba tratando de evitar una revolución democrática. En octubre de 2011, en el encuentro de Blogueros Árabes de 2011, el presidente de la Agencia Tunecina de Internet, Moez Chakchouk, reveló que compañías de informática occidentales ofrecieron a partidarios de Ben Ali importantes descuentos en software de censura si lo “probaban” primero.

Muchas veces, cuando los ejecutivos de grandes compañías se enfrentan con dilemas morales para tomar decisiones, suelen acudir a sus directores jurídicos o al departamento de evaluación de riesgos, quienes por lo general encuentran la manera de justificar legalmente una decisión, sin importar que esta pueda ser altamente inmoral o simplemente deshonrosa. El objetivo es, por supuesto, obtener ganancias sin importar las consecuencias. Ante los medios de comunicación, se limitarán a decir que estaban cumpliendo con las leyes del país, sin importar si las leyes de ese país violan convenios internacionales sobre derechos civiles y políticos.

El difunto Tom Lantos, Presidente del Comité de la Cámara de la Comisión de Relaciones Exteriores (y el único congresista estadounidense que, en su adolescencia, experimentó el horror de los campos de concentración de Hitler), sostuvo audiencias públicas por la conducta de una compañía de TIC. Lantos resumió perfectamente la situación que involucra a las empresas que colaboran con las tiranías: “Tecnológica y financieramente, ustedes son gigantes. Moralmente, son pigmeos”.

Algunas compañías como Google, Mozilla y Twitter han dado pasos importantes para garantizar el respeto de los derechos individuales, que sus políticas han merecido elogios de duros críticos como el Electronic Frontier Foundation (EFF). La experiencia de Yahoo! es parecida. Esta compañía pasó de cooperar con la dictadura china, a convertirse en líder con su participación en la Global Network Initiative. De forma similar, Nokia también ha revelado su compromiso para enmendar errores del pasado.

Las empresas mencionadas fueron creadas en sociedades abiertas, libres y democráticas, que protegen los derechos individuales y respetan el estado de derecho. Su propia creación demuestra por qué se deben defender y promover estos valores. Las empresas no tienen que estar del lado del mal para hacer dinero. Como un buen ejemplo, hace solo unos meses, el Banco Real de Escocia dejó de comercializar los bonos de la dictadura bielorrusa. En el mundo de las TIC, Google se enfrentó al gobierno chino en2010, rehusándose a continuar con sus operaciones en China si se les requería censurar información. A pesar de no tener servidores en Beijing, Google continúa siendo una de las compañías más exitosas del mundo.

Además de negarse a vender a las dictaduras tecnología que las ayuda a sobrevivir, la comunidad de compañías TIC debería considerar algunas políticas de autorregulación y cambios en su cultura de ventas. Algunas empresas, como Cisco, han comenzado a creerse su propia campaña de relaciones públicas. El programa de RSE de Cisco ha recibido una larga lista de premios, entre ellos: Premio 2011 “a la empresa más ética del mundo” del Instituto Ethisphere, el Premio “al Mejor Programa de Ética global” de la Revista Corporate Secretary, y el Premio a la Excelencia Empresarial, otorgado por el Gobierno de EE.UU. a las empresas que “tienen una buena ciudadanía corporativa, fomentan la innovación, y promueven los principios democráticos en todo el mundo”.

Estos premios -algunos de los cuales son elegidos por empresas del sector y basados en la percepción del público- contrastan con la información proveída por la Fundación Laogai para la Investigación, una organización que monitorea campos de trabajo en China: “China tiene actualmente el sistema de vigilancia y censura de Internet más sofisticado del mundo, empleando a más de 30.000 policías de Internet quienes inspeccionan todo el contenido en los sitios web. Millones de páginas web ‘disonantes’ son removidas anualmente. Cientos de escritores cibernéticos son intimidados o incluso detenidos por la policía, y docenas son arrestados o condenados por cargos como ‘incitar a la subversión contra el poder del Estado.” Este es un sistema que Cisco ayudó a construir “a sabiendas”. ¿Como a sabiendas? Cisco se jactaba de este logro en su sitio web en China. Además, según un documento interno de Cisco que se filtró en el año 2008, los ingenieros de la compañía vieron el plan de censura en Chinacomo una oportunidad para ganar más dinero. La respuesta corporativa de Cisco fue que los equipos vendidos al gobierno de China son los mismos equipos que se venden a las bibliotecas públicas. Sin embargo, una biblioteca pública en un gobierno democrático no tiene el poder de arrestar y ejecutar a sus usuarios (incluso cuando sus libros no son devueltos). Mas aún, la información de ventas de Cisco indica cómo los productos vendidos al gobierno chino fueron “hechos a medida”.

Cisco pretende lavarse las manos en relación a como un gobierno represivo utiliza sus productos, incluso cuando la venta se hizo apelando al interés de tal gobierno por la censura. Mientras tanto, recibe muy buena publicidad al patrocinar con millones de dólares el Concierto del Premio Nobel, invitando a grandes clientes y ejecutivos para que se codeen con la élite mundial durante la celebración. Responsabilidad Social Empresarial (RSE) en acción.

El 16 de noviembre, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Suecia fue anfitrión de una mesa redonda en Estocolmo que incluyó a las mayores empresas de telecomunicaciones y TIC del mundo. De manera acertada, dicha mesa redonda fue organizada por la Dra. Lisa Emelia Svensson, directora de la Asociación Sueca para la Responsabilidad Global, con rango de embajadora. La compañía Cisco estuvo representada en la reunión. Cuando fue confrontado por su colaboración con el gobierno de China, el representante de Cisco, Patrik Fältström, dijo a los presentes que la situación no era lo que parecía. Más tarde me twitteó la débil respuesta oficial de Cisco. Este caso se está ventilando en los tribunales de EE.UU., y se espera que genere la atención necesaria para exponer a Cisco como una empresa cuyo interés comercial esta por encima de cualquier consideración.

Durante la mesa redonda se llegó a una conclusión evidente: las empresas de TIC reconocen que existe un problema importante y quieren enfrentarlo. La solución, sin embargo, no es clara. Si estas empresas pueden diseñar los sistemas más sofisticados de software y hardware, pueden sin duda, enfrentar los desafíos de incluir la promoción del respeto a los derechos individuales en sus programas de RSE. Para lograrlo, será necesario hacer un esfuerzo conjunto en el cual deberán involucrarse personas fuera de las oficinas de la RSE y del departamento legal de las empresas.

Con la convención de las compañías de TIC y docenas de otras iniciativas similares, Suecia continúa demostrando que es el gobierno líder en Europa en la promoción de los derechos individuales y en garantizar la libertad de expresión en la era digital. Si más gobiernos libres exigieran responsabilidad a las gigantes compañías de TIC y les ofrecieran ayuda diplomática en los países con gobiernos opresivos, habría una cierta evolución hacia un estándar decisivo en la protección de los derechos humanos. Mientras tanto, la mala conducta de las compañías de TIC debe ser consistente y constantemente expuesta. Si sus ejecutivos hacen caso omiso a los llamados de atención, quizá sus accionistas hagan algo al respecto.

*Es presidente de Human Rights Foundation de Nueva York, fundador y director ejecutivo del Oslo Freedom Forum. Sígalo en Twitter y en Facebook.

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