Martes, 25 de noviembre de 2014

| 2012/11/17 00:00

Tiros y palabras

Mucho se ha hablado en los últimos días de una palabra soltada por las Farc a propósito de las víctimas del conflicto, suyas o ajenas, en un comunicado en que las califican de "intrascendentes" o de "intrascendentales".

Por cuenta de las Farc, que quieren enredar las cosas en nombre de la nebulosa sociedad civil, se retrasa unos días el comienzo de las conversaciones de La Habana. En nombre del Congreso protestan los presidentes de ambas cámaras; y el de la de Representantes dice que "hay que levantarse ya de la mesa".

En nombre del país, varios columnistas de prensa (los niños y las niñas) se indignan: las Farc están abusando. En nombre propio, el gobierno calla. Y llama la atención que últimamente nadie pretende hablar en nombre del pueblo: lo han manoseado demasiado.

No han empezado todavía los diálogos, y ya cada lado le exige al otro que cumpla más de lo pactado entre ambos para empezar a dialogar. El lado de las Farc pretende que se amplíe el temario, incluyendo entre otras cosas a la nebulosa sociedad civil y el reconocimiento de que las víctimas del conflicto han sido ellas mismas. El lado del establecimiento, además de la nebulosa sociedad civil y de las víctimas -otra sociedad, y otras víctimas- pretende incluir de entrada que las Farc depongan las armas y renuncien a su ideología, que se callen y no molesten más. No deben hablar de nada que esté por fuera de la agenda del diálogo, como hicieron en Oslo sus delegados, impertinentemente.

Pero es en la mesa en donde los representantes del gobierno y los de la guerrilla no deben discutir de nada distinto de lo que pactaron discutir. Para eso lo pactaron: para no irse por las ramas. Pero de las ramas, y de las raíces, y del árbol entero, habrá que discutir después -si viene ese después-, una vez que esté cerrada la discusión de la mesa sobre el conflicto armado. La mesa de La Habana es solo para eso: para parar los tiros.

El cual conflicto, y los cuales tiros (y las víctimas consiguientes, cualquiera que sea su identificación y su vara de medida), no cesan entre tanto, sino que siguen como si tal cosa. Y así debe ser, porque así se convinieron las premisas del diálogo: mientras se conversara se seguiría combatiendo, y solo cuando todo estuviera acordado estaría acordado algo. Las Farc, además de opinar públicamente como cualquier político o cualquier columnista o columnista (niño o niña), atacan pueblos, matan policías, boletean, ponen minas quiebrapatas, reclutan niños, impulsan paros armados. El Ejército y la Policía bombardean, ofrecen recompensas, hacen capturas y "dan de baja" guerrilleros. Cada cual sigue en lo suyo en esta guerra sucia y cada día más degradada que comenzó hace tantas décadas. Por ese lado no hay novedad.

Y al lado de los tiros, las palabras. Y la interpretación de las palabras, considerablemente dificultada por el ruido de los tiros, que ensordece. Así, mucho se ha hablado en los últimos días de una palabra soltada por las Farc a propósito de las víctimas del conflicto, suyas o ajenas, en un comunicado carta abierta en que las califican de "intrascendentes" o de "intrascendentales". Me parece que se trata de un caso típico de contrainformación y tergiversación deliberadas. Quienes citan la palabra han oído lo que quieren oír y que los demás oigan: que las Farc desprecian a las víctimas. Lo cual puede ser cierto; pero no es lo que se lee en el párrafo pertinenete del comunicado, que dice así:

"Está planteado en el acuerdo la posibilidad de que otros sectores de la confrontación política y social puedan confluir al proceso en un momento determinado, y claro es también que intrascendental asunto como es el de víctimas no puede dejar de lado la literalidad misma del compromiso suscrito..."

La redacción es descuidada y confusa. La carta parece dictada (tal vez a una amanuense holandesa). Pero la repetida cita de la palabra "intrascendental" fuera de su contexto me hace pensar que se quiere hacer creer que las Farc dicen lo que no están diciendo, que se quiere forzar el malentendido, cuando lo que están diciendo es exactamente lo contrario: que las víctimas son importantes (aunque, pero esa es otra discusión, pretendan que las únicas víctimas son las suyas propias). Lo que dice la frase mal copiada al dictado no es, o así me suena, "intrascendental asunto", sino "un trascendental asunto".

Tal vez también yo esté oyendo lo que quiero oír. Las Farc deberían aclarar este punto.

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