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Opinión

  • | 2014/04/06 00:00

    Títere del terrorismo

    Diez hechos demuestran cómo las FARC han movido los hilos de la marioneta.

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Timochenko está sentado en la Mesa de Negociación con el gobierno colombiano desde el primer “proceso de paz”, hace más de 30 años, durante la administración de Belisario Betancur. Fue alumno de Jacobo Arenas y Manuel Marulanda. Con Iván Márquez conoce perfectamente cómo se maniobra con la bandera de la paz en la guerra irregular que adelantan contra el Estado y la sociedad. Son hábiles titiriteros. 

Entienden que la revolución es mucho más que tener unidades en el monte, minas antipersonal, cocaína y terrorismo. Saben que para lograr su objetivo también se necesita audacia, diplomacia, destreza política y engaño. Son diestros a la hora de jugar con las ambiciones y el ego de quienes los enfrentan, al igual que aprovechar y agudizar las contradicciones. Todo eso lo aplicaron y convirtieron en títere a Juan Manuel Santos.

Diez hechos demuestran cómo las FARC han movido los hilos de la marioneta:

Primero. El precio de sentarse a dialogar que le impuso en su momento el grupo terrorista a Santos fue el de legitimar su existencia y su discurso, al igual que el del repudiar las bases conceptuales de la Política de Seguridad Democrática, que las golpeó severamente. Esto implicaba romper con el uribismo, la fuerza política que llevó a Santos al poder. Ganaron las FARC: dividieron el establecimiento, debilitaron el títere y pusieron la reelección en sus manos.

Segundo. Consiguieron que el Gobierno defendiera el Marco Jurídico para la Paz ante la Corte Constitucional señalando que no existen restricciones a la participación política de “excombatientes”, sin importar “la gravedad de los delitos cometidos”; aun cuando Santos había afirmado antes, en un auditorio militar, que “ni alias ‘Timochenko’ ni ninguno de los cabecillas de la guerrilla van a llegar a cargos de elección popular por causa de este acto legislativo" (Ver discurso).

Tercero. Cada vez que a Timochenko y a Márquez se les antoja jalar los hilos de la marioneta consiguen blindar a uno de sus camaradas. Sacaron a los narcos Catatumbo y Fabián Ramírez cuando las Fuerzas Militares los iban a dar de baja. Hábilmente convirtieron La Habana y la Mesa de Negociación en un mecanismo con el que evaden las operaciones y dan inmunidad a sus camaradas. 

Cuarto. Santos valida que Venezuela siga siendo un santuario de las FARC. Ante la captura por la Guardia Nacional venezolana de alias Rafael Gutiérrez, responsable de la masacre de más de 40 soldados en Arauca, el año pasado, en vez de reclamarlo calló cuando ese gobierno lo liberó para que siguiera matando.

Quinto. Además, con la excusa de “la paz”, se convirtió en uno de los principales aliados del mantenimiento de la revolución bolivariana. El propio Maduro le agradeció públicamente: "Es uno de los presidentes que más nos defienden realmente” y “ha sido muy importante el apoyo del presidente Santos en la OEA y en Unasur” (Ver video). La conducta en la OEA de la delegación de Colombia es vergonzosa: valida que ese régimen viole la Carta Democrática Interamericana.

Sexto. Más se demoraron las FARC en exigir que sus integrantes no paguen cárcel por sus crímenes que el alto comisionado para la Paz correr a reclamar a la Corte Constitucional, en el Congreso organizado por ésta en Medellín en septiembre del 2013, por ordenar en una sentencia que no se puede suspender totalmente la ejecución de la pena. ¡Enemigos de la paz los honorables magistrados! 

Séptimo. Para Santos la cuestión no es que maten soldados y policías, sino que lo hagan las FARC y el ELN violando el derecho internacional humanitario. En su lógica, igualó a soldados y terroristas. Finalmente, para el señor se trata de muertes en “combates legítimos” que no merecen reproche porque estamos en guerra. ¡Más no puede pedir el Secretariado!

Octavo. El Gobierno adoptó la retórica fariana y hace coro con los asesinos en La Habana en una campaña dirigida a estigmatizar como partidarios de la guerra a las víctimas y a toda voz que exija justicia y no impunidad. Esfuerzo al que se sumó la otra marioneta, el fiscal Montealegre.

Noveno. Las FARC exigieron que no se legislara en materias relacionadas con la agenda de negociación y así lo aceptó, sumiso, Santos. Las pruebas son el frustrado proyecto de ley relacionado con tierras que tuvo que retirar el ministro de Agricultura, el desmonte de la Política de Consolidación y la actual pasividad ante la necesidad de fortalecer el fuero y las garantías judiciales a los militares, temas todos vetados por la cúpula terrorista.

Y décimo. Ahora Santos depende de un hecho extraordinario que se produzca en La Habana si quiere romper la caída en las encuestas y ganar la reelección. ¡El títere depende de su titiritero!

Los lectores con seguridad pueden ampliar esta lista y aquí hay más (Las FARC van ganando). Así que el problema no es que se diga que Santos se convirtió en títere del terrorismo, ¡el problema es que así es! Se me olvidaba que el presidente-candidato cree que las FARC ya no son terroristas sino altruistas luchadores políticos, equivocados, que ejercen la violencia.

Nota: "Acaba de finalizar (sábado 5 de abril) el conteo del Ministerio de Defensa. Originalmente indicaba que las FARC tienen 7.184 miembros, uno más que el conteo anterior. Por presión lo bajaron a 6.901 para que el Gobierno pueda decir que están por debajo de 7.000 integrantes".  

En twitter @RafaGuarin

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