Sábado, 25 de octubre de 2014

| 2013/05/27 00:00

Titulares y realidades

Pareciera que para el presidente Santos lo importante son los titulares de prensa que suscitan sus anuncios y no el contenido y alcance real de ellos.

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Entender al presidente Santos es francamente difícil. Hace anuncios en público y los desconoce en privado; derrocha esfuerzos y recursos en su agenda externa pero se los niega a su agenda interna. El presidente olvida que cuando las palabras son contrarias a las acciones se pierde la fe y la confianza.

Estando cercano de cumplir tres años su gobierno, no ha logrado sacar adelante una sola de las reformas que con urgencia requiere la nación. Así lo demuestran las fallidas reformas a la Educación y Justicia, y la anárquica Tributaria, la que en esencia premio el capital, castigó el trabajo, profundizó las exenciones y dejó en el limbo financiero a algunas agencias del estado.

No siendo poco tamaños fracasos, el presidente Santos insiste en promover de manera atropellada una reforma a la Salud, otra al régimen pensional, otra al Carcelario y una más por vía administrativa al Aduanero. Pareciera que más le seduce legislar mal que gobernar bien.
 
Lo racional hubiera sido, que antes de promover reformas sectoriales, hubiera ajustado el modelo económico, y con fundamento en un plan de desarrollo integral proponer reformas armonizadas para articularlo, empezando por una financiera para devolverle la equidad al mercado, detener la concentración de la riqueza y generar expansión económica y progreso social.

Pero la realidad es bien distinta y Santos insiste en más reformas. Ahora está empeñado en imponer una Aduanera, la que anuncia como estructural y vanguardista, y que de aprobarse, haría que Colombia antes que avanzar retrocediera en materia de comercio exterior y la DIAN se convierta en una policía aduanera propia de las épocas más oscuras del proteccionismo. Preocupa, que esta reforma sirva para mimetizar una nueva reforma tributaria, que sería la tercera en menos de tres años de gobierno.

Es incomprensible, que mientras el Gobierno se precipita negociando tratados y promoviendo alianzas, simultáneamente intenta arrasar con los mecanismos de fomento al comercio exterior, que son precisamente los que permiten el mejor aprovechamiento de esos tratados y alianzas.

Pareciera que para el presidente lo importante son los titulares de prensa que suscitan sus anuncios y no el contenido y alcance real de ellos. Cada día se hace más evidente que Santos gobierna para las encuestas y que muchos no perciben que su popularidad responde a las gentiles deferencias que prodiga o recibe de algunos medios.

Pero este hechizo mediático se está rompiendo. Así lo demuestra la reacción de los habitantes de San Andrés, que ante la postura volátil y ambivalente del Gobierno frente al fallo de la Haya, decidieron que las visitas del presidente ya no sean de buen recibo y que sus anuncios no merezcan crédito.

La conducta ondulante del presidente, propia de un diplomático necesitado de quedar bien con todos y contraria a la un estadista asistido de firmes principios, valores y convicciones, sigue diluyendo la confianza en su palabra.

Su obsesión por decretar la paz, y más que ello, por los réditos internacionales que obtendría, lo empiezan a mostrar intolerante, al punto, que quizás contagiado del estilo de su mejor amigo difunto, pretende hacer obligatoria la ideología de “Paz con Impunidad”, descalificando y maltratando a todo aquel que se atreva a defender la legalidad.

Qué desengaño, voté por Santos, pero no votaré su reelección.

* Socio y director de Rodríguez-Jaraba & Asociados. Consultor en Derecho Comercial, Financiero, Empresarial y Contratación Internacional. Profesor universitario.

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