Lunes, 23 de enero de 2017

| 2009/02/25 00:00

TLC y sindicatos, más allá de la cifras

Mientras se aclaran las contradictorias versiones sobre la magnitud de los ataques contra los sindicalistas, el TLC puede ser la oportunidad para que empresarios y sindicalistas construyan una propuesta conjunta en la que ambos aporten y ganen.

Ángela Rivas Gamboa

Quienes se oponen al TLC subrayan que Colombia es el país del mundo más peligroso para ser sindicalista. En esta línea, por ejemplo, en días recientes Claudia López (en El Tiempo, febrero 9 de 2009) anotó que para el 2008 la tasa de homicidio de un sindicalista promedio fue de 6 y de un dirigente sindical de 48. En la misma línea, la autora señala que en los últimos 23 años se han registrado 2.694 asesinatos de sindicalistas y 9.977 violaciones a su vida, libertad e integridad. A esto, de acuerdo con la misma autora, se suma que la tercera parte de tales violaciones, incluyendo 482 homicidios, han ocurrido en los seis años de gobierno del presidente Uribe.

Entre tanto, quienes se muestran a favor de la aprobación del TLC, señalan que no se pueden desconocer las mejoras que ha habido en los últimos años en materia de violencia contra los sindicalistas. En esta línea, la respuesta de Libardo Botero (en El Tiempo, febrero 18 de 2009) a la columna de López es diciente.
 
Según Botero, no es cierto que la tercera parte de las violaciones contra la vida, libertad e integridad de los trabajadores sindicalizados y dirigentes sindicales haya ocurrido durante los dos gobiernos de Uribe y que tampoco es verdad que la tasa de homicidio de dirigentes sindicales sea más alta que la del promedio nacional. En consonancia, el mismo autor subraya cómo los líderes sindicales son el sector más protegido por el Estado. Según él, de unas 10.000 personas que gozan de esquemas de seguridad, casi 2.000 son sindicalistas.

Así, mientras unos y otros argumentan, a favor o en contra, el debate sobre la aprobación o no del TLC parece desdibujarse en una discusión numérica en la que las cifras han pasado a ser las protagonistas. Aunque las cifras sobre violencia contra trabajadores sindicalizados y líderes sindicales son un aspecto que no puede desconocerse, éstas no agotan los temas de fondo que encierra la aprobación o no del TLC entre Colombia y Estados Unidos.
 
La aclaración de las cifras que han estado en el centro de un debate tan polarizado no es sencilla, pero si urgente. Tal aclaración amerita estudios rigurosos, pero sobre todo, que en lo posible estén alejados del calor del debate actual. Es decir, estudios que en efecto permitan entender las dimensiones de un fenómeno que el país debe abordar y frente al cual es necesario encontrar soluciones. Esto independientemente de la aprobación o no del TLC.

Mientras las cifras se aclaran, el país no puede perder de vista otras dimensiones del TLC. En este sentido, la propuesta hecha por León Valencia en su “Carta a los presidentes de las centrales obreras” (en El Tiempo, noviembre 14 de 2008) da algunas luces. En efecto, y de acuerdo con Valencia, es posible -y quizás más constructivo e incluso realista- ver en el TLC no una catástrofe, sino más bien una oportunidad.

Hoy la propuesta de Valencia parece cobrar vigencia. El TLC podría ser la oportunidad para que líderes empresariales y líderes sindicales se sienten a la misma mesa y así, de manera conjunta, construyan una propuesta en la que ambos aporten y por ende, ambos ganen.
 
No es una tarea fácil, pero existen experiencias nacionales e internacionales que demuestran que las relaciones entre empresarios y trabajadores sindicalizados no siempre son antagónicas, y por el contrario, pueden y deben ser cada vez más constructivas (ver por ejemplo: “Soplan vientos de renovación” en Dinero, febrero 6 de 2009).
 
Estas experiencias muestran cómo una relación menos polarizada no sólo es más constructiva, sino también más beneficiosa para ambas partes, máxime cuando en términos económicos el mundo se enfrenta a una situación tan poco favorable e incierta como la que predicen los expertos en el tema.



*Ángela Rivas Gamboa es coordinadora Área de Sector Empresarial y Conflicto de la
Fundación Ideas para la Paz.



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