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Opinión

  • | 2015/04/06 06:30

    ¡Todo está consumado!

    El hijo del hombre fue enviado a la Tierra por su padre, para construir la ciudad de Dios para la humanidad, en verdad que así lo hizo, con manifestaciones de vida milagrosa.

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Según los estudiosos de los santos Evangelios, de las Siete Palabras pronunciadas por Jesús desde el madero de la cruz, la sexta es la más corta, pero de un inmenso significado, en ella se refleja su labor cumplida y deja para la humanidad un inmenso mensaje de responsabilidad frente a sus propios actos.
Decimos que todo está consumado cuando hemos llegado a la meta final de nuestros propios objetivos y al final de nuestra existencia. Esta palabra puede ser catalogada también como la antesala de la muerte; cuando nos encontramos despidiéndonos de este mundo pasa por nuestra mente todo el historial de nuestra vida. 

Es una película que vemos en los últimos minutos, o cuando ya nuestra alma sale del cuerpo. Es cuando realmente decimos que todo está consumado, es decir, que hemos llegado al final para entrar a recorrer los senderos de la eternidad; si hemos sido personas útiles a la sociedad o si hemos tenido comportamientos delincuenciales, este capítulo se verá reflejado en la antesala de la muerte.

Lamentablemente, nosotros mismos nos hemos encargado de destruir la gran ciudad que el hijo de Dios construyó para el hombre, por eso, las sociedades de hoy se encuentran padeciendo la peor crisis de toda su historia. La ausencia de principios y valores en las comunidades y en nuestros hogares se ve reflejada en los niños y jóvenes con brotes de violencia en las escuelas, colegios y universidades.

El matoneo y la violencia contra las mujeres son producto de la descomposición social, ya el profundo respeto por la vida ha desaparecido de nuestro entorno, hoy en día la vida vale poco menos que en las épocas de antaño, cuando nuestros mayores nos enseñaron que es obra de Dios y un monumento a la grandeza.

Pero también la gran ciudad que Dios construyó para el hombre está siendo destruida por nuestro mismo Estado de derecho, por su tolerancia con los actos de corrupción de sus funcionarios y de los politiqueros de turno que se hacen elegir simplemente para saciar sus apetitos personalistas, sin importarles el desarrollo de sus regiones.

Los grupos guerrilleros, parapolíticos y demás organizaciones que operan al margen de la ley sin ninguna consideración por la vida de sus semejantes, y la destrucción de las infraestructuras viales, de electrificación, de puestos de salud y de escuelas y colegios, son los grandes destructores de la ciudad que el hijo de Dios construyó para el hombre.

Es doloroso ver cómo estás organizaciones criminales y narcoterroristas han sido las causantes de cientos de masacres, dejan miles de viudas y niños huérfanos que aún no alcanzan a entender el porqué de tanta desgracia;no podemos seguir viviendo y tolerando una ciudad en continua destrucción, tenemos que hacer algo para salvar el futuro de nuestro hijos y para salvarnos nosotros mismos.

La destrucción de la ciudad que el hijo de Dios construyó para el hombre es responsabilidad de nosotros mismos, puesto que muchas veces somos tolerantes con los delincuentes que continuamente nos asedian, miles de crímenes se están quedando en silencio gracias a que no son denunciados por quienes padecieron el flagelo de la delincuencia organizada, todos estos actos de tolerancia con los delincuentes nos está llevando a generar más hechos de violencia, puesto que muchas veces la justicia no llega a donde debe llegar y se ensaña con los inocentes.

Nos encontramos ad portas de firmar un acuerdo de paz, con los grupos guerrilleros de las FARC, Dios quiera que se dé, puesto que las exigencias del grupo subversivo desbordan los límites de nuestro Estado de Derecho, razón por la cual se oyen voces de mucha inconformidad en muchos sectores de la Sociedad Colombiana que si bien anhelamos la Paz para nuestro país, está no debe ser de entrega de nuestras Instituciones Democráticas, que tanto dolor y sangre nos ha costado a todos los colombianos.

En estos días santos debemos meditar profundamente sobre lo que todos como ciudadanos de bien debemos aportar para construir la paz para nuestro país, debemos saber que ella se empieza a construir en forma perdurable desde nuestros hogares, pero también desde nuestros sitios de trabajo, no es posible abrir caminos de paz en medio de tanta corrupción e injusticia social.

El escándalo que en los últimos días ha sacudido a las altas cortes por actos de corrupción en todas sus modalidades es un campanazo de alerta de lo mal que no encontramos respecto a la administración de justicia, no se concibe que jueces y magistrados corruptos se peleen entre ellos fructíferas causas no para hacer justicia, pero si para conseguir altos dividendos en el favorecimiento de los fallos al mejor postor.

Es lógico que si se logra firmar el acuerdo de paz, se viene una etapa bastante crucial para nuestro país y es la etapa del posconflicto. Lamentablemente ni el mismo Gobierno a logrado dimensionar la enorme responsabilidad de tan delicada etapa, puesto que es allí donde se alimentará una paz justa y verdadera para todos los que han sido víctimas del conflicto armado, que, según se calcula, son más de diez millones de colombianos.

Por eso, es el momento para que en estos días santos entremos en una etapa de profunda reflexión y en la misma forma proponer entre nuestros allegados: en barrios donde vivimos, las Juntas de Acción Comunal, verdaderos actos de paz y reconciliación.

urielos@telmex.net.com
urielos@hotamil.es
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