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Opinión

  • | 2008/06/21 00:00

    Todo sea por la meritocracia

    Lo sorprendente es que a los que se parapetan en la meritocracia para actuar contra el interés nacional les vaya bien, y a los que sí tienen méritos les vaya tan mal.

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Para un gobierno que se precia de haber introducido y practicado la meritocracia -así lo deja muy claro el estricto dogma uribista-, resulta por lo menos bochornoso ver a tantos héroes de esa revolución meritocrática tras las rejas, prófugos o en líos con la justicia.

El último en engrosar esa pecaminosa lista es el ex presidente de Finagro, Roger Taboada, acusado hace unas semanas por la Fiscalía de haber entregado créditos por mas de 25.000 millones de pesos, de manera irregular, al narcotraficante Micky Ramírez, a través del Fondo Ganadero del Caquetá. Y pensar que su nombramiento fue registrado por el propio Presidente como un ejemplo de su voluntad inquebrantable por practicar la meritocracia: "El Banco Agrario (cuyos dineros financian a Finagro) lo hemos manejado totalmente con 'meritocracia'", dijo el presidente Uribe ante una asamblea de Fenalco, muy orondo.

Taboada no es el único héroe de la meritocracia con pies de barro, que tiene este gobierno. Ahí está para la historia el caso de Luis Ortiz, el director del Incoder, quien tuvo que renunciar luego de que los medios destaparon un escándalo que lo vinculaba al otorgamiento de tierras a paramilitares. De Luis Ortiz no se sabe nada, sólo que desapareció como si lo hubiera hecho Copperfield. A Manuel Cuello Baute, aquel superintendente de Notariado y Registro que terminó condenado por cohecho luego de exigirles a los notarios cuotas de manejo en especie, no lo desapareció nadie: anda dando entrevistas desde la cárcel a los medios, defendiendo al Presidente, como si él fuera todavía el representante de la fe pública.

Por no hablar -claro- de los funcionarios que entraron a este gobierno como adalides de esa política meritocrática. Comenzando por el "buen muchacho" de Jorge Noguera, acusado por su subalterno Rafael García, de haber puesto el DAS al servicio de los paramilitares y quien hoy, por desdén de la Fiscalía, está de vacaciones fuera de la cárcel. Pues bien, ese "buen muchacho" nombró como su mano derecha a José Miguel Narváez, otro dechado de virtudes. Hace unos días, un paramilitar, el 'Iguano', acusó a Narváez de ser el instigador del asesinato del periodista Jaime Garzón y dejó entrever que se trataba de uno de los notables de la tenebrosa junta mencionada por Carlos Castaño en su libro.

Estoy segura de que si Jaime Garzón viviera, le habría sacado bastante punta al hecho de que una persona con semejante historial a cuestas como Narváez hubiera resultado siendo el primero en denunciar las relaciones de Jorge Noguera con los paras.

Tengo entendido que Narváez sigue siendo el mismo hombre misterioso de siempre, listo a enarbolar los valores de la meritocracia. En cualquier descuido nos lo nombran embajador en Sudáfrica en reemplazo de Moreno de Caro y se repetiría la historia del ex gobernador de Sucre Salvador Arana, prófugo hasta hace poco. Arana fue nombrado embajador en Chile, luego de que el alcalde de El Roble denunció ante el presidente Uribe, en un consejo comunal, amenazas contra su vida y señaló a Arana como el instigador principal de su tragedia anunciada.

Pero la meritocracia no llegó al DAS sólo con el nombramiento de Narváez. También con los de los controvertidos generales en retiro Iván Ramírez y Rito Alejo del Río, dos portentos meritocráticos. El primero está hoy preso por cuenta de los desaparecidos del Palacio de Justicia, y el general Rito Alejo salió al baile hace unas semanas en la versión libre de uno de los paramilitares más sanguinarios, el tal 'H. H.' Ese sujeto declaró que el general pertenecía a los paramilitares y que "no era el pacificador, sino el masacrador de Urabá".

Hasta ahora Rito Alejo del Río sigue siendo una demostración de que en este país hay intocables. A pesar de las declaraciones de 'H. H.', la Fiscalía no le ha abierto ninguna investigación y la única que se le abrió por paramilitarismo, la precluyó rápidamente la Fiscalía de Osorio. "El general Rito Alejo es una demostración de lo que pesa la Orden de Boyacá", me dijo una autorizada voz en referencia a la ceremonia en la que gran parte del notablato nacional, presidida por Álvaro Uribe, lo condecoró por sus servicios a la patria. Nada más meritocrático en este gobierno que el general Rito Alejo.

Lo que sí resulta sorprendente es que a los que se parapetan en la meritocracia para actuar en contra del interés nacional les haya ido tan bien, y a los que realmente tienen los méritos para ejercer los cargos les vaya tan mal. Inquietante que María Mulata, la alcaldesa de Cartagena, una mujer que ha tratado de hacer bien las cosas, hoy esté destituida y que, en cambio, Jairo Merlano, uno de los primeros capturados por la para-política, haya sido absuelto. Es el mundo al revés.
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