Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 1996/06/03 00:00

TODOS LOCOS

TODOS LOCOS

En su espléndido y feroz libro sobre José Asunción Silva, Chapolas negras, sostiene Fernando Vallejo que el poeta estaba loco de remate. Y lo demuestra: quería ser presidente de la República. ¿También Silva? Sabíamos ya que la verdadera vocación de la inmensa mayoría de los colombianos es la de ser presidentes de la República, y en esa mayoría se incluyenlos poetas: Caro o Núñez, que lo fueron, Arboleda, a quien mataron para que no llegara a serlo. Cobo Borda. En fin, todos. En Colombia quieren ser presidentes los médicos y los músicos, los ganaderos y los ajedrecistas, los guerrilleros, los periodistas, los curas, los magos de salón, los generales, los rectores de universidad: hace poco señalaba en esta misma columna que esa es la ambición de Antanas Mockus. O la de Rudolf Hommes: porque no es sólo cosa de colombianos raizales, sino que hasta los extranjeros quieren ser presidentes de Colombia. Muchos lo han sido, desde el español Venero de Leyva hasta el libanés Julio César Turbay, pasando por el venezolano Simón Bolívar. Todo el mundo quiere serlo: los hijos de ex presidentes, el sobrino de Pablo Escobar, el cura Pérez. ¿Pero también José Asunción Silva? ¿El dandy afrancesado que despreciaba la tonta y pacata sociedad colombiana de su tiempo y sólo soñaba con hacerse rico para volver a París? Bueno: primero, no hay contradicción en eso. Nuestros presidentes han sido siempre extranjerizantes: hispanófilos, germanófilos, francófilos, anglófilos, americanófilos; y han solido despreciar la sociedad colombiana de su tiempo, haya sido su tiempo el que haya sido. Pero, segundo, Vallejo prueba que el sueño de Silva consistía en ser presidente citando las propias palabras del poeta en su novela De sobremesa, donde su alter ego José Fernández no piensa en otra cosa. O sí, claro, piensa en otra, como todos los presidentes de Colombia: piensa en ser ex presidente."Entonces, desprendido del poder que quedará en manos seguras, retirado en una casa de campo rodeada de jardines y de bosques de palmas, donde se divise en lontananza el azul del mar y no lejos la cúpula de alguna capilla sombreada por oscuros follajes, saciado ya de lo humano y contemplando desde lejos mi obra, releeré a los filósofos y a los poetas favoritos, escribiré singulares estrofas envueltas en brumas de misticismo y pobladas de visiones apocalípticas que (...)", etcétera, etcétera.Loco de atar, sin duda. "De sobremesa es la novela de un loco escrita por otro", concluye Vallejo. Y es que así parecen estar, en efecto, todos los que han llegado a satisfacer la colombianísima ambición de ser presidentes de la República. Basta con echarle una mirada al actual. Medio país está incendiado por la acción de las guerrillas, el otro medio está paralizado por la desobediencia civil de los gremios, Estados Unidos declara todos los días que quiere derrocarlo, los militares aclaran que no lo apoyan a él, sino a la Nación, su ministro más amado y más traidor está preso y lanzando a diario andanadas contra él, otros tres, los más leales, están a las puertas de la cárcel, y el único que más o menos había tenido éxito en su tarea ministerial acaba de abandonarlo diciendo que es más fácil defenderlo desde afuera. Y en medio de todo eso, el presidente Samper sigue hablando y riéndose solo, como si fuera un orate. Y afirma por la televisión que es el momento de empezar a pensar seriamente en un plan quinquenal.Sólo le falta ponerse a escribir singulares estrofas envueltas en brumas de misticismo y pobladas de visiones apocalípticas.

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