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Opinión

  • | 2017/05/23 08:27

    El efecto Dumoulin

    La diferencia que ya marcó el holandés no está en los dos minutos largos de ventaja con que arrancó esta última semana del Giro de Italia, sino en qué entiende por competir y la forma como estableció otro nivel.

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Hay gestos que enseñan más que mil palabras. Por eso, el de Tom Dumoulin con Nairo Quintana debería ser expuesto en todos los colegios del país.

Sería un ejercicio-evidencia de qué es eso del juego limpio, perfecto para la clase de deporte. Sencillo y sin tener que mover ni un dedo ni sudar: los sientan y les ponen el video de Dumoulin, líder del Giro de Italia y gran contendor de Quintana, para que lo vean moviendo la mano derecha pidiendo al lote bajar la velocidad, una vez enterado de la caída de Nairo y faltando solo 37 kilómetros para llegar a la meta, justo en la parte más exigente de los 199 kilómetros de la accidentada etapa 15 del Giro. Que vean eso y los maestros les expliquen a los niños, a los muchachos dispersos y a las adolescentes concentradas en mirarse la punta del pelo, cuál es la gracia de esos ciclistas, del trabajo en equipo, lo aprecien y valoren el gesto.
Si no para la hora de deportes, sacaría a Dumoulin como tema en clase de filosofía (porque, insisto señor Alcalde-suspendido de Cartagena, la filosofía sí es útil) para discutir qué cabe pensar y qué lógica tiene que un ciclista que va de rosado campeón y con una ventaja de dos minutos y medio sobre su más temido competidor, baje el ritmo en plena subida para no tomar ventaja de la desgracia ajena.

Pedirles a los muchachos un texto corto sobre cómo es posible competir en franca lid y a la vez ser empático con el rival, a cambio de atravesarle el palo en la rueda o rezar por un pinchazo. ¿Cómo reescribirían el principio nacional de “al caído, caerle”, que es el mismo “a papaya puesta, papaya partida”? Cursillo práctico de ética.

Si los maestros prefieren que la clase tenga énfasis en liderazgo, la discusión la podrían encausar hacia qué dice de un líder eso de correr todos los días, sin ahorrar esfuerzo ni el pedalazo del sprint final –como lo ha hace Fernando Gaviria, el de la camiseta morada en los videos-; sin patear al de al lado, sin cantar falsa falta ni armar show para quemar minutos. En ciclismo hay que pedalear todo el tiempo, que son horas; no hay banca ni descanso, nadie entra en los últimos 15 del partido a cobrar; siempre que físicamente se pueda, se rueda tiempo completo. Todos hacen el mismo recorrido y cada cual, su máximo esfuerzo.

Creo que para clase de matemáticas, física y afines también sería más divertido pasar el video de la etapa para aprender sobre la eternidad de las fracciones del tiempo, sacar cálculos de distancias, aceleración en pendientes e impacto de la fuerza centrífuga en las curvas en bajada y con peralte, que es donde Nairo suele perder el control. A lo largo del año escolar sirve por igual el recorrido del Giro, el del Tour de Francia o el de la Vuelta a España. La Vuelta a Colombia a estas alturas no porque como aún no se sabe por dónde va a pasar, imposible algo de geografía deportiva y divertida para nuestros estudiantes.

Pero regreso a Dumuolin antes de que arranque y nos deje botados de nuevo. El gesto que tuvo lo hace campeón así pierda muchos minutos subiendo el Stelvio, el Pordoi o el mítico Pincavallo. La diferencia que ya marcó el holandés no está en los dos minutos largos de ventaja con que arrancó esta última semana del Giro, sino en qué entiende por competir, sabiendo que está rodeado por los mejores, que tiene al capo de la montaña respirándole en la nuca y, sin embargo, prefiere “no (…) ganar tiempo con los rivales cuando se caen o tienen un neumático desinflado, o lo que sea”, como comentó en la famosa rueda de prensa, donde también cuestionó el error de Nairo al tomar la curva y levantó ampolla.

Ahí, otra lección para compartir con los alumnos: se vale cuestionar las decisiones del líder; no todo es alabanza, sin dejar de reconocer logros y aptitudes. Pero a los colombianos nos cuesta, ¡cómo nos cuesta! A veces muchísimo más que una carrera.

El valor de un gesto, de una decisión y acción positiva en el momento justo sí hace la diferencia. Toda la diferencia. Por eso importa mucho el reconocimiento a Dumoulin hecho por Nairo a nombre de su equipo, e importa aún más que toda Colombia lo sepa. Es que eso de ser ventajoso se ve tan mal y se ve tanto en este país que cuando aparece una persona que no lo es, en esta oportunidad un ciclista profesional con la opción de afectarnos directamente, resulta imposible no celebrarlo.

Si Tom Dumoulin gana el Giro 2017 quedo contenta. Mientras eso se resuelve, en las cuestas pujaré todo lo que pueda a favor de Nairo y de todos nuestros escarabajos; acompañaré cada premio de montaña con el estómago apretado y ansiosa, como millones de colombianos más, por el regreso de la Maglia Rosa a Colombia. Y si ha de volver que así sea cuantas veces quiera, pero siempre en manos de un caballero.

@Polymarti

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