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Opinión

  • | 2015/05/12 15:32

    Trabajando con el “enemigo”

    Ha de ser motivo de honor para oficiales y soldados del Ejército, para los guerrilleros y jefes de las FARC trabajar juntos allí en los sitios escogidos en Antioquia y Meta, con sus “enemigos” para salvar las vidas de los campesinos.

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Quince años contando muertos y heridos por las minas, 13 persistiendo en la construcción de un acuerdo especial entre Gobierno y guerrillas sobre este tema  hasta que el viernes anterior, Humberto de La Calle anunció que el inicio de las operaciones entre el Batallón de Desminado y las FARC con el acompañamiento técnico de Ayuda Popular Noruega se dará en los próximos días.

El anuncio se hizo en medio de una semana marcada por la sucesión de accidentes con saldo de siete víctimas y la indignación desatada por la exposición de la pierna destrozada del cabo Ávila puesta por alguien en la malla del centro educativo de Convención en Norte de Santander.

Esta tragedia causada por las minas y otros explosivos ha sido la vivida por miles de familias de nuestro país entre las más pobres, que adicionalmente deben enfrentar un sistema de salud eficiente en el papel y en la mente de quienes lo dirigen pero que maltrata y quita dignidad a las familias y a los sobrevivientes civiles de las minas. No así para fortuna de los militares lacerados o muertos por esta arma. El drama para los sobrevivientes solo inicia con la explosión de la mina.

De allí que en los 15 años de conocer del tema podemos decir que ha sido a fuerza de cooperación internacional como las víctimas civiles de las minas han podido manejar su situación y si bien se deben reconocer los avances surgidos con la Ley de víctimas y otros desarrollos recientes lo más transformador de esta historia es el acuerdo suscrito entre el Gobierno y las FARC y que esta listo para ser implementado, como dijo Humberto de la Calle. Y el anuncio no es de poca monta.

El presidente ha autorizado que dos jefes de las FARC ingresen al país para acompañar el proceso de desminado y coordinar con sus pares en Antioquia y Meta cada uno de los detalles y compromisos de variado tipo que deben garantizar un buen resultado, igual coordinación sucede en el Ministerio de la Defensa y las Fuerzas Militares.

Ha de ser motivo de honor para la vida de oficiales y soldados del ejército, para los guerrilleros y jefes de las FARC trabajar juntos allí en los sitios escogidos en Antioquia y Meta, con sus “enemigos” para salvar las vidas de los campesinos.
 
Honroso por ser los primeros en 50 años de guerra en trabajar JUNTOS sobre el terreno resolviendo un problema concreto.

A quienes buscan líderes y a quienes otorgan cada año el premio nacional de paz, deben estar atentos pues ya tienen los primeros hombres, con capacidad suficiente de poner por encima de ideologías, dolores y rabias, los intereses de colombianos humildes y construir una puerta cierta de reconciliación y paz.

Como observador externo al Batallón de desminado y a las FARC pero con conocimiento del drama de las minas y sus efectos en la población, veo que el país empieza a escribir  una página de construcción de valores diferentes a los que hemos vivido en relación con las FARC por décadas, y aunque sabemos que el camino esta plagado de riesgos y que este proceso debe hacerse con mucho cuidado en cada detalle,  estoy convencido que los mayores riesgos están en la actitud del Procurador General de la Nación, en la ferocidad divisionista de la oposición soterrada y abierta al proceso de paz, en la desinformación que se toma los medios de comunicación y en las acciones de guerra que siguen sucediendo a diario en las distintas regiones y que hacen que cunda la desesperanza.

Por ello, un llamado al optimismo y a observar cada detalle del proceso. Porque definitivamente este acuerdo sobre minas nos esta poniendo el reto a todos de entender las claves sobre cómo será vivir en nuevo escenario con las FARC. No en el histórico de deshumanizarlas, odiarlas y convertirlas en la fuente de todas las frustraciones nacionales sino, en uno en el que los veamos como compatriotas que pueden aportar a la construcción de un país mejor que el que hoy tenemos, y con ellos superar su pasado de violencia y confrontación con la mayoría de sectores de la sociedad.
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