Martes, 23 de septiembre de 2014

| 2013/06/21 00:00

Traición a la privacidad

La libertad de expresión y la intimidad son dos de los máximos bienes a los que puede aspirar una persona, tras la vida y la integridad física.

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Ya no se sabe en quién confiar… todos, en algún momento, hemos tenido la pesadilla de que un día un sujeto inescrupuloso vulnera nuestras contraseñas, roba toda nuestra información y hace desastres con ella.

Luego uno piensa: esto no tendría porque pasar, todo está debidamente alojado y encriptado en plataformas que garantizan seguridad y privacidad, y que llevan el sello de respaldo de gigantes tecnológicas como Google, Apple, Facebook o Microsoft.

Y entonces salen a la luz casos como el del reciente escándalo del PRISM, un programa de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y el FBI que ha estado bajo secreto durante años, utilizado para interceptar comunicaciones e información a través de internet de todos los cibernautas del mundo: correos electrónicos, videos, conversaciones de voz, fotografías, y en general perfiles de usuarios extranjeros, con el objetivo de garantizar la seguridad nacional de Estados Unidos. Se trata del programa secreto de vigilancia virtual más grande de la historia.

Y para sorpresa nuestra, plataformas a las que hemos confiado toda nuestra información digital: Microsoft, Facebook, Google, Apple, Yahoo, Skype, YouTube, AOL y PalTalk, al parecer, se han prestado de manera voluntaria a proporcionar al gobierno estadounidense datos de internautas de todos los países. Esto lo revelaron el diario norteamericano Washington Post y el británico The Guardian, basados en un documento secreto que recientemente salió a la luz por un excolaborador de la CIA, Edward Snowden.

Y sí, espían sin autorización, y desde hace años, todo lo que hacemos, escribimos, decimos, compartimos o señalamos en la red es susceptible de ser permanentemente archivado en una carpeta con nuestro nombre en el Centro de Datos de Utah de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA). El mapa filtrado por Snowden al diario The Guardian muestra que sus redes llegan a recoger 3.000 millones de documentos en un mes en todo el mundo. 

¿Cómo es posible que PRISM sea legal? La libertad de expresión y la intimidad son dos de los máximos bienes a los que puede aspirar una persona, tras la vida y la integridad física. No cabe duda de que cuando nos sentimos observados, nuestro comportamiento cambia, actuamos de manera diferente y esto atenta contra la privacidad intelectual. Necesitamos ser capaces de pensar, leer y hablar libremente, sin temor a ser monitoreados.  

No veo justo que el gobierno norteamericano meta sus narices en las comunicaciones privadas de cibernautas de todo el planeta, ni con la excusa del terrorismo, ni con cualquier otra. 

¿Cómo va a llamar el presidente Obama “modesta invasión” al espionaje global más grande de la historia?

Yo le pregunto a usted, usuario de la red, ¿está dispuesto a que estén en manos de terceros los mensajes que escribe por correo electrónico, a que todas sus conversaciones por Skype sean grabadas sin su consentimiento, a que fisgoneen la información que registra en sus redes sociales, a que tengan poder sobre sus videos subidos en Youtube, a que manoseen los archivos confidenciales que guarda en la nube? ¿Estaría dispuesto?

Con el poder actual de las telecomunicaciones, basta esta información para determinar aspectos de la vida privada de cualquier ser humano, como su orientación sexual, sus aficiones, sus simpatías y conexiones políticas. Saber con quienes se relaciona un individuo telefónicamente o por correo electrónico, con qué frecuencia y en qué lugares. ¡Qué poder!  No sólo para evitar ataques terroristas, sino para los propios intereses económicos, políticos y el domino total de la población.

¿Está dispuesto a exponer el registro de su vida virtual, a que le sea despojada su privacidad, sus sueños, sus  pensamientos y su propio ser, en pro de que el presidente Obama se sienta “tranquilo” de garantizar la seguridad de Estados Unidos?

Hay una cita de Benjamin Franklin que dice: “Aquellos que sacrifiquen su libertad por un poco de seguridad no merecen ninguna de las dos y acabarán perdiendo ambas”. 

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