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Opinión

  • | 2014/03/23 00:00

    ¿Traidor de su clase?

    Ahora que Santos aspira a la reelección, tal vez sus asesores le estén recomendando bajarle a la ‘traición’ si quiere quedarse cuatro años más en la Casa de Nariño.

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Comenzando el año 2011, en una entrevista concedida a Patricia Lara, Juan Manuel Santos confesó que esperaba con ilusión que lo llamaran al final de su gobierno “traidor de su clase”, refiriéndose a la biografía de Roosevelt que por aquella época lo fascinaba.

Ahora, cuando Santos aspira a la reelección, tal vez sus asesores le estén recomendando bajarle a la ‘traición’ si quiere quedarse cuatro años más en la Casa de Nariño.

Las cifras lo dicen: según la última encuesta de Ipsos Napoleón Franco, en donde peor le va al presidente-candidato es en los estratos 5 y 6. Mientras Óscar Iván Zuluaga, y Enrique Peñalosa sostienen su intención de voto con el respaldo de los más acaudalados, Santos tiene su mayor fuerza electoral en los estratos 1 y 2.

Curioso. Al presidente que llaman ‘elitista’, ‘antipático’ y ‘frívolo’, le va mejor entre los pobres que entre sus compañeros de clase social.

Pero no sólo la desagregación por estratos llama la atención. Aunque en la encuesta Santos tiene una intención de voto en Bogotá similar a la del promedio nacional, existe la sensación de que una buena parte de los votantes en la capital se está inclinando más por la derecha que por la izquierda.

No de otra forma se puede interpretar el tremendo éxito electoral del uribismo que le significó al Centro Democrático 5 curules para la Cámara de Representantes por Bogotá.

En ese orden de ideas, al presidente le conviene acercarse más a la élite que lo vio nacer y tratar de echarse al bolsillo a los bogotanos de clase media y alta para volver a ganar.

Quizás fue eso en lo que pensó cuando tomó la decisión de finiquitar la salida de Gustavo Petro.

No es del todo claro que ese cálculo ‘pecueco’, como lo denominó el destituido alcalde Petro, vaya a salirle mal al presidente. Aunque entre los juristas la jugada haya parecido poco ortodoxa, la gente en general estaba aburrida de un novelón sin fin y puede que valore, al final de la jornada, la determinación de Santos.

Además, si Rafael Pardo logra dar las señales correctas en el poco tiempo que tendrá, es posible que los bogotanos crean que otra Bogotá es viable y comiencen a entusiasmarse con gobiernos de centro-derecha. Así las cosas, no es una buena idea que Santos se quede por fuera de ese boom.

Si aquella necesidad de otros modelos de gobierno para la ciudad hace carrera, el intrépido Germán Vargas Lleras puede tener igualmente un papel central en la recomposición del gobierno capitalino y recoger algunos votos en la ciudad en la que ha tenido su mejor desempeño electoral.

Mientras tanto, los candidatos de oposición que hoy se muestran rezagados deben mejorar su mensaje, salirse de la trampa de la ‘paz o la guerra’ y empezar a cabalgar en otros temas como la salud y la educación, que según la misma encuesta de Ipsos, hacen parte de las prioridades de los colombianos hoy en día.

Como hemos dicho otras veces, en política, una semana es una eternidad. Faltan dos meses para las elecciones presidenciales y todo puede pasar, incluyendo que Santos logre volver a seducir a sus colegas del club del Country y sume para ganar. ¡Quién lo creyera!...


Twitter: @JoseMAcevedo
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