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Opinión

  • | 2017/06/21 09:26

    Codicia, ilegalidad y lujuria en Uber

    Pasión por el dinero, arrogancia, desenfreno y falta de escrúpulos detrás de la caída de Travis Kalanick, presidente de una de las empresas de tecnología más exitosas de todos los tiempos

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La renuncia en las últimas horas de Travis Kalanick, presidente y creador de Uber, y los hechos que la motivaron, parecerían extraídos de “Silicon Valley” la exitosa serie de HBO que muestra la codicia, la arrogancia, el desenfreno y la falta de escrúpulos que caracterizan a los protagonistas del original y opulento mundo de la tecnología.

No lo tumbaron las batallas jurídicas ni los enfrentamientos con taxistas y autoridades que enfrenta en varios países, sino una tormenta de escándalos al interior de la propia compañía.

Kalanick, que se hizo millonario en 2007, a los 31 años de edad, cuando vendió por 23 millones de dólares su primer emprendimiento, la empresa de intercambio de archivos Red Swoosh, fundó Uber dos años después. Hoy es la compañía de tecnología de propiedad privada más valiosa del mundo, funciona en 80 países y está valorada en 70 mil millones de dólares.

Es asombroso el ascenso vertiginoso de esa empresa, que sin tener un solo vehículo propio es un gigante del transporte en el mundo y un paradigma de la “economía compartida”, pero también lo es el cúmulo de malas historias que han acompañado su crecimiento.

En agosto de 2014 Uber cayó en titulares acusado de reservar miles de falsas carreras para desestabilizar a su competidor Lyft y de enviar correos a conductores de esa compañía para motivarlos a pasarse a Uber. Dos meses más tarde se puso al descubierto un plan de Emil Michael, alto ejecutivo de Uber, para desprestigiar a periodistas que escribieran artículos u opiniones en contra la compañía con base en revelar y exponer su información personal y confidencial. El hecho puso al descubierto que Uber tiene un software llamado “Good view” que le permite acceder abusivamente a información privada de sus usuarios. Y que algunos de sus empleados espían regularmente a políticos y celebridades.

Estos y otros casos revelaron que el éxito de Uber obedece en gran parte a una agresiva cultura de trabajo en la cual es implacable la competencia entre ejecutivos y trabajadores y todo vale a la hora de lograr ventas e ingresos para crecer tan rápido como sea posible, incluido desacatar leyes locales, atacar a los competidores o manipular a sus propios conductores.

Lo confirmó sin lugar a dudas el pasado febrero Susan Fowler, una ingeniera que había trabajado en Uber hasta diciembre anterior y quien publicó en un blog el testimonio de su vida en la empresa, un historial de malos tratos, discriminación y acoso sexual que desató un enorme escándalo y que, bajo presión de un grupo de accionistas, obligó a adelantar una investigación interna que encomendaron a Eric Holder, ex fiscal general de Estados Unidos y a Arianna Huffington, fundadora y líder del Huffington Post e integrante del consejo directivo de Uber.

2017 ha sido un “annus horribilis” para Uber y para Kalanick. Comenzó con una condena de la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos en enero, por 20 millones de dólares, por haber alentado el ingreso masivo de conductores entre 2013 y 2015, con base en falsas promesas de cuáles serían sus ingresos. Ese mismo mes los taxistas de Nueva York hicieron un paro en protesta por la decisión de Donald Trump de prohibir el ingreso a Estados Unidos de ciudadanos de varios países. Uber asumió el servicio y levantó la herramienta que aumenta los precios cuando sube la demanda, lo cual se interpretó como apoyo a Trump y desató una campaña en redes #borraUber que produjo el retiro de más de 200 mil usuarios. El hecho sacó a la luz los nexos de Kalanick con Trump y lo obligó a renunciar a su consejo asesor en economía, del cual hacía parte.

En marzo el New York Times denuncio que Uber usa sistemáticamente Greyball una herramienta para evadir la presencia y acción de las autoridades en ciudades donde trabajan en contra de las leyes locales. En abril aparecieron denuncias de “Hell” un programa secreto para espiar a su rival Lyft y en mayo se vieron obligados a realizar multimillonarios pagos a conductores en Nueva York a quienes liquidaron sus ganancias en forma incorrecta y abusiva durante más de dos años.

La investigación interna, que incluyó la revisión de correos electrónicos, chats y audios de reuniones grabadas, se divulgó este mes de junio y confirmó las acusaciones de prácticas ilegales y abusos de poder. Además de la salida de Kalanick ocasionó el despido de 20 de sus ejecutivos. En un documento de 13 páginas recomienda transformar la cultura de trabajo, crear comités de supervisión, limitar al consumo de alcohol y drogas en las oficinas y prohibir relaciones sentimentales entre jefes y empleados.

El panorama es complejo porque además de los escándalos persiste un gran reto económico pues aunque los ingresos se triplicaron el año pasado, Uber no produce ganancias. Lo enfrentará un equipo nuevo porque antes de la renuncia de su jefe se produjo una estampida de los principales directivos. Kalanick seguirá siendo uno de los socios mayoritarios y conservará su posición en el consejo directivo de la empresa. En lo económico no tiene ninguna preocupación. Forbes estima su fortuna personal en 6.000 millones de dólares.


@german.manga

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