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Opinión

  • | 2007/11/03 00:00

    Tres lecciones de las elecciones

    Las elecciones nos dejan varias lecciones que deben considerarse al debatir las propuestas de reforma electoral que se avecinan

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Las elecciones del domingo pasado dejan muchos temas para reflexionar. Entre ellos se encuentra el relacionado con las reformas institucionales necesarias para fortalecer la democracia y los partidos políticos, y para depurar los procesos electorales. A continuación quiero exponer las lecciones que nos dejan las elecciones sobre tres puntos institucionales clave:

1.- Democracia interna de los partidos: A través de la reforma política de 2003 se pretendió robustecer los partidos políticos. El fortalecimiento de los partidos tiene que ir de la mano con su democratización. Pero eso no fue lo que vimos en las elecciones. Tal como ocurría en el pasado, en casi todos los partidos la decisión acerca de quiénes serían los candidatos fue tomada por los líderes, sin contar con la opinión de sus militantes. Eso explica los movimientos de rebeldía que se presentaron en algunos partidos contra las decisiones de las directivas.

Por otra parte, en Colombia se ha entendido que las consultas populares abiertas para la selección de un candidato constituyen una forma de democratización de los partidos. Nada más equivocado. La democracia interna de los partidos supone que las decisiones se tomen dentro de la agrupación, con la participación de sus militantes. Esto significa que los programas y los candidatos surgen del debate interno y que la corriente que triunfe asume la responsabilidad por el resultado en las elecciones generales. Este procedimiento dinamiza la vida interna de los partidos y los fortalece. Pues bien, nada de esto sucede en las consultas populares abiertas. En ellas la decisión sobre quiénes deben ser los candidatos de un partido queda en manos de todos los colombianos. Esto le ahorra tensiones internas a los partidos, pero les arrebata la posibilidad de generar una identidad propia, de debatir internamente, y de llegar a consensos sobre programas y liderazgos.

Por todo lo anterior, es fundamental que se establezca que las decisiones de los partidos sobre sus candidatos y programas deben tomarse con base en mecanismos de democracia interna verdaderos.

2. - Voto preferente: A través del voto preferente se permite que el ciudadano modifique el orden de los candidatos en la lista al indicar cuál es el candidato de su predilección. A nivel internacional, el mecanismo del voto preferente es muy debatido en lo que tiene que ver con sus consecuencias sobre los partidos políticos. Algunos señalan que él los debilita, en la medida en que introduce la competencia intrapartidaria en las campañas electorales, de manera que el esfuerzo fundamental de los candidatos de un partido se dirige a triunfar sobre los demás candidatos de su misma agrupación política. Otros manifiestan, en cambio, que la existencia del voto preferente les permite a los ciudadanos impedir la partidocracia, es decir controlar las camarillas antidemocráticas que tienden a organizarse dentro de los partidos.

En el caso colombiano no tenemos que sumergirnos en grandes disquisiciones para rechazar el mecanismo de voto preferente que se acogió en la reforma política. De acuerdo con la fórmula adoptada, el orden que les dio el partido a los candidatos de su lista no tiene ninguna importancia. La lista se reorganiza siempre, con base en el número de votos preferentes que obtiene cada candidato. Los votos en los que se marcó solamente el partido, sin hacer uso del voto preferente, no cuentan para el orden de la lista. Esta decisión es absurda.

En primer lugar, porque en los múltiples casos en que los electores solamente votan por el partido, sin usar el voto preferente, lo lógico es que se entienda que el ciudadano acepta el orden de los candidatos propuestos por el partido. Y en segundo lugar, porque no le da ninguna importancia a la decisión del partido acerca de cuál debía ser el orden de los candidatos en la lista. Como consecuencia de ello ningún candidato tiene interés en defender el orden de la lista. También se debilitan los partidos y se continúa con la práctica de que las elecciones sean aventuras individuales. Por eso, se puede concluir que con el voto preferente adoptado los partidos se convirtieron en asociaciones de microempresas electorales. De allí que sea necesario reformar la manera en que se aplica el voto preferente en Colombia.

3.- Trasteo de votos. El traslado de ciudadanos con el fin de que inscriban su cédula y voten en un municipio distinto al de su residencia se ha convertido en un problema recurrente en las elecciones regionales y locales. Ya es costumbre que para cada elección el Consejo Nacional Electoral anule miles de inscripciones – o cientos de miles, como ocurrió en esta ocasión. Y claro, es que el propósito de esa movilización es tomarse los recursos de un municipio, lo cual constituye un gran negocio.

Lo cierto es que el trasteo de votos afecta gravemente los derechos e intereses de los habitantes de las poblaciones concernidas. Por eso es imprescindible tomar medidas para ponerle fin a esta práctica. Evidentemente, la solución no puede ser, como se propuso hace algunos días, que se permita que cada quien se inscriba donde desee para votar.

Quizá la mejor fórmula para controlar este fenómeno sea que cada municipio tenga un registro propio, obligatorio y permanente de sus residentes, tal como ocurre en muchos países europeos. Ese registro de residentes constituiría la base para la formación del censo electoral de cada población, pues sólo las personas que estén incorporadas en aquél podrían ser incluidas en el padrón electoral. No sobra anotar que el registro de residentes también sería de gran utilidad para establecer cuáles son las necesidades de cada municipio y para controlar la prestación de servicios como la salud y la educación.

Quedan muchos temas por tratar. A manera de ejemplo, el exceso de dinero en las campañas y el papel desempeñado por los medios en las mismas imponen reflexionar si tenemos la organización y la justicia electorales que requerimos para tratar en forma adecuada y oportuna con esos problemas. También es preciso debatir acerca de las sanciones para los partidos cuyos candidatos tengan relaciones con grupos ilegales, sobre el voto obligatorio, la participación de los funcionarios públicos en las campañas electorales, etc.

Lo cierto es que estas elecciones nos dejan muchas enseñanzas claves para el debate nacional que se avecina acerca de cuál es la reforma política que necesitamos. Lo importante es que sepamos interpretarlas.
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