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Opinión

  • | 2011/06/07 00:00

    Tres retos en transporte para el futuro alcalde de Bogotá: Metro, TransMilenio y SITP

    Con el paso de los días se hará más intenso el tema de la movilidad en Bogotá que será, entre otros, el plato fuerte de la suculenta cena electoral.

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En la edición del 3 de junio de los corrientes, Semana.com propone el análisis de varios problemas que debe enfrentar el nuevo burgomaestre de Bogotá. Entre ellos se destacan los relacionados con la movilidad y las decisiones muy importantes que deberá encarar: la inserción del Metro, la extensión de Transmilenio y la implantación del sistema integrado de transporte público.

En este clima electoral que estamos viviendo y que con el paso de los días se hará más intenso el tema de la movilidad será, entre otros, el plato fuerte de la suculenta cena electoral y, en la medida que vayan apareciendo más y más candidatos, no faltarán los ingredientes, ideas y soluciones unas sensatas y otras risibles por descabelladas. Además el escenario electoral dará espacio para que los enemigos del transporte en Metro, saquen a orear sutilmente la misma malquerencia guardada hace más de tres décadas, sin siquiera actualizarla acorde con los últimos acontecimientos

En un reciente debate radial tuvimos la oportunidad de escuchar unas cuantas propuestas y reflexiones preelectorales casi técnicas unas, inaplicables varias, descabelladas otras e increíblemente politiqueras las más. Del ejercicio se colige que los ciudadanos, en su legítima aspiración a ocupar la segunda chanfa más importante del País, echan mano de ideas impensables para motivar a sus electores. Por ejemplo alguien ignaro en el tema e iluminado por el fuego del averno, sostuvo que el trazado de la primera línea del Metro era inspirado por el cartel de la contratación. Qué problema para el Banco Mundial y Metro de Milán que aprobaron ese trayecto desde la Calle 127 al Portal de Las Américas.

A otro distinguido participante se le ocurrió que se podían interconectar algunas avenidas en Bogotá, mediante la instalación de puentes Bailey, de paso homenajeando al ingeniero británico Donald Bailey, quien prestó sus servicios en el Ministerio de Guerra del ejército británico durante la segunda guerra mundial. Solo olvidó que son puentes militares y que su finalidad no es quedar de por vida anclados en el entorno urbanístico de una ciudad y que por sus condiciones propias sirven más en zonas rurales.

Hubo propuestas más serias como las de variar el trazado del Metro, entregado por los consultores Sener – Metro de Barcelona, y pasarlo de un totazo a la Av. Boyacá argumentando que no interesa tanto la demanda como el loable deseo de estructurar el occidente de Bogotá. Solo que no se analizaron problemas de fondo como las áreas de inundaciones de esa vía, de las mediciones de volumen de carga contra pasajeros y de las estructuras hidráulicas que están construidas hace varios años y otros más que la hacen más ventajosa para TransMilenio como consta en el documento Conpes de Planeación Nacional.

Otros, sin duda más estudiosos, reconocieron en el borde oriental de la ciudad el tramo de mayor demanda y digno de una atención especial que alivie la saturación y difícil operación de TransMilenio por la Avenida Caracas, mediante un Metro pesado; nos hablaron de la necesidad de llevar a la práctica el sistema integrado de transporte público y de la aplicación de un plan agresivo para rescatar la malla vial local tan deteriorada.

Con buena sindéresis miran al corredor de la Carrera 7ª para poner a funcionar un tranvía silencioso, moderno y muy cómodo parecido al que acaban de inaugurar en la ciudad Francesa de Reims, la tierra de las cavas de Mercier y cuna de las bebidas espirituosas.
Pero hay otras opiniones que lo dejan a uno francamente perplejo. No se sabe si por inocencia o por ignorancia o por mantener a rajatabla a Bogotá con un solo modo de transporte: los buses. Algunos analistas en temas de transporte urbano nos dicen que se debería decidir si se continúa o no con el proyecto del Metro, porque, a raíz de la decisión de la Procuraduría General de la Nación, de suspender unos estudios, que no se han contratado, llevan al proyecto a un “punto cero”. Como el apostol Tomás – el mellizo - dudan que si el actual trazado del Metro es el que necesita Bogotá.

Una buena ración de vita-cerebrina y Avejar G10 para la memoria deberían incluir en su dieta alimenticia para que no olviden su reciente participación, como eficientes validadores contratados por el gobierno nacional y participantes a todo lo largo de los diseños conceptuales. Ahora ¿el trazado no sirve? y ¿antes?
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