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Opinión

  • | 2011/11/29 00:00

    ¿Triunfalismo precipitado?

    Si se quiere protestar, hoy, entre menos ropa mucho mejor: los buenos argumentos también son para vestir, y protegen, incluso, contra las balas.

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Hoy habría que ser bastante imprudente para atreverse a subestimar la legitimidad y creciente injerencia de la protesta de los estudiantes, de los que defienden el derecho a la educación. Imprudente, dentro del marco de la racionalidad, pues no perdería la oportunidad de llamar la atención quien, de una manera ciertamente demencial, sugiriera propinarles descargas eléctricas. Igual, sería marchando, protestando de forma pacífica y argumentada –del modo en que se hacen valer los derechos–, como los estudiantes harían retirar una intransigente reforma educativa en carrera de ser aprobada. Un triunfo histórico.

Sin embargo, el jueves pasado volvieron a marchar, esta vez uniéndose a las demás protestas estudiantiles programadas en diferentes países. Una protesta, en general, pacífica, que aquí terminó con un emotivo concierto en el que los estudiantes celebraron, además del renovado espíritu de protesta social, la creciente consciencia (más que ‘conciencia’) del derecho a la educación. ‘En general’, digo, porque también aquí, como en diferentes ciudades del mundo, se presentaron actos vandálicos y los subsiguientes enfrentamientos con la policía; cosa que nuestra prensa, siempre preocupada por la imagen, reseñó de manera tímida. Eso habla muy bien (por estos días) de la popularidad de los estudiantes; eso puede ser, para ellos, un arma de doble filo.

Porque son muchos los estudiantes que hoy marchan con orgullo. Con la cara al viento y a la lente fotográfica. Pero si bien son menos, no son pocos quienes aún se niegan a dar la cara. Estudiantes expertos en atacar tanquetas y antimotines de policía, en incendiar cajeros y locales comerciales. Estudiantes que no marchan, porque siguen en la lucha: estudiantes encapuchados.

Nadie niega que hubiera un tiempo en que la capucha se justificara. Nadie niega a los estudiantes desaparecidos en las universidades públicas. Nadie niega que, ante los oídos sordos y la negligencia de los gobiernos, la frustración de los movimientos estudiantiles no pudiera más que desahogarse tirando piedra. Pero los tiempos cambian, y si quien protesta no es consciente de esos cambios, es mejor que no haga nada, antes que incurrir en una protesta neoliberal; en esa que (definida ya en una entrega anterior) todo gobierno utiliza a su favor.

Si se quiere protestar, hoy, entre menos ropa mucho mejor: los buenos argumentos también son para vestir, y protegen, incluso, contra las balas.

Yo creo que, por suerte, todo ha salido bien para el nuevo movimiento estudiantil. Pero no seamos triunfalistas. El mensaje va, en primera instancia, al estudiante encapuchado: lo único que logra es la satanización de la protesta, nunca será escuchado. Pero también se dirige a los integrantes del nuevo movimiento estudiantil: del mismo modo en que abrazan policías, de ese mismo modo queremos verlos rodeando a los estudiantes encapuchados. Porque es su deber. La misma prensa amarillista que hoy los tiene en un pedestal, más temprano que tarde, y por mucho menos que el lunar del pasado jueves, los condenará sin ningún tipo de piedad.

Ojalá que esto sea una señal de alerta. Ojalá que para los estudiantes, si bien injusto, resulte sano creer que aún no se ha logrado nada. La comunidad académica y el país, en general, estamos a la espera de cómo van a responder frente a la construcción de una reforma educativa realmente justa. Lo que ya se resuelve con sensatez, no con marchas.
Tal vez echar atrás una reforma educativa, contar con un exguerrillero como Alcalde Mayor, escuchar a Santos hablando de legalización o anunciando el fin del fin… tal vez, digo, sean producto de la buena voluntad, de una que para llegar a buen término requiera de sensatez y, por qué no, de un cambio de estrategia.

No estamos condenados a padecer de triunfalismo precipitado, que (como en aquel 5-0) de la frustración deviene en nostalgia.

*Twitter: @Julian_Cubillos

 
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