Lunes, 16 de enero de 2017

| 2010/06/01 00:00

Triunfó la sensatez

Qué abismal diferencia entre los discursos de Santos y Mockus al final de la jornada. Santos, generoso e incluyente en la victoria, aún cuando para ganar en la segunda vuelta realmente no necesite el apoyo de ningún otro partido. Mockus, sectario , excluyente y fundamentalista en la derrota.

Triunfó la sensatez

Por encima de toda predicción, en la primera vuelta se impuso la sensatez, el sentido común y la lógica política por una mayoría tan abrumadora, que si estuviéramos en Argentina o en Costa Rica la segunda vuelta sería innecesaria. En el país gaucho si un candidato saca más del 40 por ciento de los votos con una ventaja de más de 10 puntos sobre el segundo, no hay segunda vuelta. Pues Santos sacó el 46% de los votos con una ventaja de 25 puntos sobre Mockus, a quien duplicó en votos. Una limpia y contundente victoria que muestra a las claras y sin atenuantes qué quieren y qué no quieren los colombianos.

En su repunte final, Santos logró movilizar a las urnas a millones de uribistas que hasta entonces no estaban suficientemente motivados y que, muy posiblemente alarmados por el riesgo inminente del salto al vacío que representaba un triunfo de Mockus anticipado por algunas encuestas, decidieron apostar por lo sensato, lo seguro y lo confiable: las políticas de seguridad democrática, de confianza inversionista, de cohesión social, de empleo, de prosperidad democrática y de equidad social que ha desarrollado el gobierno de Alvaro Uribe y cuya continuidad potenciada garantiza Juan Manuel Santos.

Por su parte, Mockus, que como fenómeno principalmente mediático había crecido como espuma, se encargó , él mismo, de desinflar todas sus expectativas. Su desempeño errático en el debate electoral; sus reiteradas declaraciones ambiguas; sus abstracciones vacías de contenido ; sus interminables aclaraciones sobre lo que dijo, lo que quiso decir y lo que no dijo ;el salario de menos de un millón para los médicos; el aplazamiento de la modernización económica; el alza de tarifas del impuesto de renta, el predial y el IVA; su admiración por Chávez; la eliminación del Ejército, etc., colmaron la paciencia de sus seguidores. Su acumulación de dudas y de errores literalmente espantaron casi a la mitad de sus eventuales electores. Mockus fue así castigado por el voto rural que no entendió su mensaje y por el voto urbano que sí lo entendió y corrió espantado. Su división del mundo entre buenos y legales, él y su feligresía, malos e ilegales y el resto de la humanidad, no la aceptó y la repudió la mayoría de los colombianos.

De otra parte, en el futuro las encuestas electorales serán vistas con gran desconfianza. Injusto, pero así será. Ellas mostraron correctamente las tendencias prevalecientes dentro del electorado, pero no podían anticipar su radical profundización de los últimos días. El electorado había demostrado una gran volatilidad que las encuestas registraron en un vertiginoso ascenso y caída de candidatos de los primeros a los últimos puestos y viceversa. Pero el voluminoso realineamiento final era imprevisible. La postrera falta de acierto de las encuestas ha sido interpretada por algunos intransigentes con la fantasiosa tesis de que hubo una conspiración de absolutamente todas las empresas encuestadoras a favor de unos candidatos y en contra de otros. Como si algo así no significara un harakiri colectivo de empresas serias y de amplia tradición que tienen en su credibilidad su más importante capital. No. Lo que queda demostrado es que en ocasiones la compleja realidad social es imposible de anticipar en su integridad por ningún modelo estadístico.

Adicionalmente, la primera vuelta confirma una vez más la agonía del Partido Liberal, la profunda división conservadora y la caída en barrena del Polo. Además de la vigencia de Vargas Lleras , el único candidato perdedor que salió con vida. En efecto, en su centenaria tradición es difícil encontrar una derrota tan patética del liberalismo en elecciones presidenciales; en el último lugar y a pocas décimas de no alcanzar el umbral. Noemí fue el otro fiasco en la jornada al pasar del segundo lugar al penúltimo en cuestión de semanas; sus irresponsables e infamantes sindicaciones contra Andrés Felipe Arias impidieron la unidad conservadora y su tozudez malogró el triunfo uribista en primera vuelta. Petro sacó sólo la mitad de los votos que su antecesor, y la ciudadanía castigó en cuerpo ajeno la gestión de alcalde polista en Bogotá, relegando a su candidato a un humillante cuarto lugar en su principal bastión electoral.

Finalmente, qué abismal diferencia entre los discursos de Santos y Mockus al final de la jornada. Santos, generoso e incluyente en la victoria, aún cuando para ganar en la segunda vuelta realmente no necesite el apoyo de ningún otro partido. Mockus, sectario , excluyente y fundamentalista en la derrota, aún cuando ni siquiera con el imposible apoyo de todos los derrotados podría ganar en la segunda. Santos destacando el enorme triunfo de la democracia colombiana en las elecciones más libres, pluralistas, seguras y trasparentes en muchas décadas. Mockus, achacando su derrota a la corrupción, la mafia y la guerra sucia. Definitivamente triunfó la sensatez y perdió el impredecible sectarismo fundamentalista. Gracias a Dios. .

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